martes, 29 de junio de 2010

A mi hijo...


Hijo mío, hace poco abriendo el libro de mis recuerdos, encontré una carta que para ti escribí, antes de conocerte, antes de hacer realidad mi sueño de adolescente.

En aquel entonces te materialicé para escribirte estos deseos, y hoy que estás conmigo, no he dudado en volver a escribirte.


Cuando pensé en ti, sembré un árbol con la intención de que juntos nos cobijáramos bajo su sombra refrescante y platicáramos sobre tus triunfos y derrotas.


Cuídate del mañana, está lleno de promesas.


Aún cuando se afirme que el mañana no existe y que solo es fantasía, a pesar de todo, siempre habrá un mañana en tu vida y probablemente esté lleno de engaños, de mentiras, falsedades, intrigas, maldades, desengaños y traiciones.


Mientras tanto, disfruta de tu presente, de tu mundo de inocencia y candor.


Si el creador te permite crecer, entenderás la diferencia entre lo bueno y lo malo, entonces comprenderás los errores de mi vida.


Da gracias a Dios, porque cada día te permite arrancar una hoja al calendario de tu vida, esto fortalecerá tu espíritu y estarás en comunión con EL. Nunca acuses, ni señales al azar.


Practica exámenes de conciencia, así, tendrás menos posibilidades de castigar a inocentes o de liberar a los culpables.


Cuando alguien deposité en ti una semilla, abrígala, aliméntala, dale calor.


De esa forma, quien en tu ser la haya depositado, estará seguro de cosechar lo que sembró.


Además pequeño mío, no defraudes a los tuyos para que no te sientas defraudado.


Recuerda que la gratitud, el respeto, el cariño, la nobleza, la sencillez y la humildad, son los valores más sagrados que todo hombre debe conservar.


Escucha la voz de la experiencia, muchos tendrán algo que contarte, esto te permitirá analizar los errores y tendrás más posibilidades de triunfar.


Hoy no eres más que un débil pajarillo. Cuidaremos de tus alas, para que cuando surques el horizonte de la vida, ninguna tempestad borracha de aire juegue contigo.


Algún día recorrerás el mundo y estarás preparado para enfrentarlo, con valentía y decisión.


Así pequeño mío, cuando contemples en el cielo a los pajarillos, cuando siempre los veas volar, recuerda que cuando eran unos indefensos polluelitos, sus padres los enseñaron a volar…


Cariñosamente, tu padre, tu amigo, tu... todo.


Autor desconocido

lunes, 21 de junio de 2010

LA VACA


Cuenta una leyenda hindú que el maestro y su discípulo recorriendo los campos llegaron a una pequeña comunidad en la que se respiraba el olor más insoportable, el hambre, casuchas miserables, sus habitantes sumergidos en una profunda apatía y desesperanza.

El maestro interrogo a uno de sus habitantes:

¿De que viven? ¿Cómo se mantienen vivos?-

De una vaca, de su leche nos alimentamos, elaboramos un poco de crema y mantequilla con lo que adquirimos lo indispensable.

El maestro continuó su camino y ordeno a su discípulo:

En la noche toma la vaca y lánzala al precipicio.- Maestro, es una gran injusticia lo que me ordena, estos pobres viven solamente de ella, seguramente morirán de hambre.

Haz lo que te ordeno.

Obediente cumplió al pie de la letra las instrucciones, pasaron los años y ahora el discípulo ya convertido en Maestro fue a visitar nuevamente a esa comunidad pues no lograba comprender tan extraña e injusta decisión de su Maestro en aquel entonces.

Cuál fue su sorpresa al encontrarse con un pueblo renovado, se respiraba prosperidad, la mirada y actitud de sus habitantes eran totalmente diferentes, los niños transmitían optimismo y buena salud.

Pregunto: ¿qué había sucedido?, ¿a qué se debía ese cambio?:

Hace años vivíamos todos solamente de una vaca, una mañana amaneció muerta en el fondo del precipicio, desesperados empezamos a imaginar que hacer para sobrevivir, vendimos la carne y con ese dinero compramos semillas y sembramos hortalizas, con esos productos adquirimos gallinas, con la venta de los huevos adquirimos un cerdo.

Así continuó narrando la cadena de valor que habían creado, con lo cual el maestro reflexionó:

- Entiendo ahora al maestro, a esta gente la adversidad los hizo despertar de un aletargado sueño que se llama resignación y que se convierte en el alimento de la mediocridad.

Bendita adversidad que nos lanza a triunfar.

viernes, 18 de junio de 2010

¿QUÉ LECCIÓN HE APRENDIDO HOY?


¿Qué lección he aprendido hoy? Varias, no hay duda de ello. Sin embargo pareciera que me cuesta identificarlas. Voy a empezar a escribir y tratar de anotar todo lo que el día a día de la vida me enseña, y sin duda alguna, esas cosas me ayudarán a vivir un día a la vez, o mejor dicho vivir como si fuera el último día de mi vida.
Hoy tuve tantas ganas de abrazar a un amigo que hace tiempo no abrazaba. Quise pedirle perdón porque lo he ofendido hace algunos días. ¿Porqué me cuesta pedir perdón? Me pregunto si eso es normal y le pasa a todos. No lo sé. Lo que sí sé es que me cuesta dar el primer paso.
A mi mente viene un texto bíblico “… mi pueblo no tiene conocimiento” (Is 1:3). El pueblo de Judá estaba pasando por momentos cruciales ante los ojos de Dios. Por un lado vivían una vida religiosa formal y de apariencias y por otro lado se habían vuelto contra Dios, porque su condición pecaminosa.
Isaías con vehemencia y fuerte voz, exclama las palabras de Jehová diciendo entre otras cosas “… mi pueblo no tiene entendimiento”. La palabra entendimiento viene de una palabra hebrea
[1] hitebbonan que significa “discernimiento”. Y generalmente se usa con una preposición bayin “entre”, en el contexto sería “no sabe discernir entre el bien y el mal”, como el árbol prohibido del Edén.
Esto se entiende porque el pueblo de Judá no demostraba ignorancia de las sagradas Escrituras, ya que el verso 11 muestra que ellos cumplían con lo que la Escritura les decía que hagan con respecto a ritos y leyes.
En otras palabras, el pueblo sabía en teoría, sí tenía conocimiento, pero no tenía discernimiento para distinguir lo bueno de lo malo. Y es que hay tanta gente que sabe lo que tiene que hacer pero no puede discernir lo bueno de lo malo, porque sus ojos están enceguecidos, su vida está con “herida, hinchazón y podrida llaga…” (Is 1:6).
“…Oh Padre, sé quien soy, sé que no soy un hombre como para hablar de “discernimiento”, soy el menos indicado, pero no he hablado yo, ha hablado tu palabra a mi vida. Me falta aprender a discriminar lo bueno de lo malo, lo profano de lo santo. No deseo ser más un profano, un pecador a voluntad propia, un hombre insensible al Espíritu Santo. Deseo ser el hombre que Tú quieres que sea. Yo quiero ser tu hijo fiel. Quiero vivir como si fuera este el último día de mi vida, y lo deseo hacer a tu lado.
Gracias porque me das el privilegio de hablarte, porque eres lo que mi vida necesita para ser feliz. Te agradezco y espero en el nombre de Jesús.
Amén.”


[1]Louis Goldberg, “!yb”Dicionario Internacional de teologia do Antiguo Testamento, eds. R. Laird, Gleason Archer y Bruce K. Waltke (San Pablo: Vida Nova, 1998),173

CUANDO EL AMOR NO ES EL MOTOR DE LA VIDA


Hoy como todos los días tengo que escribir. Pero, no sé si para bien o para mal, el deseo por escribir se me ha esfumado. Sé que tengo que escribir algo, pero no sé qué.
No es la primera vez, hay mañanas que mi rutina me dice: “tienes que escribir, no lo olvides”, pero mi estado emocional, no desea saber nada. Me siento en mi escritorio, y lo único que consigo es un dolor de cabeza por querer escribir algo y no saber qué ni cómo empezar.
Hoy es uno de estos días. No es que no quiera escribir, mi razón me dice: “escribe”, pero no sé de qué. A mi mente vienen unas palabras diciendo: “y si tuviere… y no tengo amor, de nada sirve” (1Cor. 13:1).
Los teólogos y eruditos se pueden reír de esto probablemente, pues estoy usando un texto fuera de contexto. No obstante, quisiera usar esas palabras pues me ayudan en lo que me pasa.
En la actualidad hay muchas personas que se levantan y tiene que hacer algo y lo hacen, pero lo hacen mal, porque lo hacen por hacer o cumplir. Algo que no se hace por amor, porque realmente lo deseas, lo quieres y lo amas, no sirve de nada.
Nada en este mundo hecho sin amor puede terminar en algo bueno.
El joven que está con una joven sólo por un gusto, no puede esperar prosperidad para su relación. Una pareja que se casa por el qué dirán o el compromiso terminarán mal. El profesor que es profesor porque no había otra opción jamás será un buen maestro. Un pastor que no ama a su iglesia o a la obra y labora como pastor, jamás será un pastor feliz ni tendrá una iglesia feliz, etc.
Hay mucha gente que se ha acostumbrado a vivir así, varios hombres de Dios, incluso. Es tiempo de pensar y repensar en esa situación. La iglesia de Dios no es ajena a ese mal, casi la gran mayoría de personas vive esa enfermedad, el hacer las cosas por “X” razones, pero menos por amor. Y es de esa manera que la obra de Dios está como hoy lo vemos.
Si hay algo que debemos aprender en esta vida es a hacer las cosas por amor. Eso es lo que aprendí hoy Oh Dios. Debo aprender a hacer las cosas por amor, no por una nota, por un sueldo, por un premio. Sino por amor, en donde laboremos.
Oh Señor, soy conciente que en varias oportunidades he sido presa de este mal, esta enfermedad, “el hacer las cosas por cumplir”, perdóname. Ayúdame a cambiar de visión, ayúdame a hacer las cosas por amor; y con tu amor y tu poder guíame para hacer todo lo que haga por amor.

Amén.

CASI TODOS LOS DÍAS DE MI VIDA SON ASÍ...!


Casi todos los momentos de mi vida son así. Casi siempre quiero volver a empezar. Alguien me dijo alguna vez que era lindo que pensare eso. No lo creo.
En el Messenger, mi nikname marca así: “Me gustaría empezar de nuevo”, de manera extraordinaria, casi todos los que la leen me dicen que ellos también quisieran empezar de nuevo. Este asunto es real en mi vida.
Me duele el hecho de actuar y sentirme así, casi siempre, y es que, la vida me parece un juego sin fin de este tipo de bebida amarga y triste. Sin embargo, sé y entiendo que todo lo que bebo es simplemente la bebida venenosa que mis frutos producen. No sé si me entiendas, pero es lo que siento.
Oh Padre, es imposible poder mirarte desde acá, no porque no se pueda sino porque mi condición actual me pesa como una gran roca. Me gustaría despertar en un lugar donde “mi todo” te pertenezca a ti, y sólo a ti.
Casi siempre quiero volver a empezar, ese es el sentir de casi toda mi vida. Me gustaría haber hecho eso que no pude concluir.
Me gustaría haber hablado en el momento que debí haber hablado. Me gustaría volver a ese lugar y hacer lo que no hice. Me gustaría no haber hecho eso ni dicho tal palabra. Me gustaría volver a mirar y fijarme en aquello que no vi. Me gustaría volver a empezar y no mirar como vi aquella vez. Me gustaría no haber dicho eso. Me gustaría no haber actuado así. Me gustaría volver a empezar…
Cuando veo mi pasado, la mayoría de días están teñidos de fracasos, de derrotas, de engaños y maldades. Esas cosas me lastiman Señor. No hay nada más triste ni más doloroso que estar fuera de sintonía contigo.
Cada vez que me equivoco y miro al cielo, a donde generalmente imagino que estás Tú, me digo: “¿cómo pudiste?”, es triste realmente.
El que mira de lejos y no sabe lo que hay en mi corazón, el que ve desde la ventana y no siente lo que yo siento, puede decir que soy un vil pecador, y con razón, yo mismo lo ratifico. Podrá decir que no merezco tu perdón, y lo acepto, sin embargo, me imagino que tú tienes pena de mi Oh Dios. Pena, porque aunque detestas el pecado, me amas. Y sabes que sufro después de equivocarme.
Soy un joven de 23 años, a ojos ajenos, un joven… no lo sé. Para algunos, ejemplo, para otros el peor, para un grupo, atorrante, en fin, de todos los gustos. Pero un joven tan débil y tan normal que se equivoca y sufre por ello.
Te necesito oh Señor, te necesito Padre, contigo me gustaría empezar de nuevo. Me gustaría empezar otra vez. Me acuesto en un momento, y quisiera despertar tomado de tu mano y sentirme perdonado y con la seguridad de que me das una nueva oportunidad.
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