martes, 11 de enero de 2011

A mi niña bonita...!!!

Sabía en el fondo de mí, que en algún momento esto iba a suceder desde que supimos de tu llegada. Ser padre de una niña. El ginecólogo no quería decirme que seré padre de una niña simplemente porque, creo, que a todos los hombres les gustaría tener un niño como primer hijo. El doctor, daba vueltas y vueltas, y hasta sudaba intentando decirme que no era seguro, que puede haber errores en definir el sexo a este quinto mes. Pero no contaba que yo estaba de vuelta.

Si repreguntas ahora, ¿Me afectó la noticia? Sinceramente diría que sí. Pero no fue tan difícil como pensé algún día sería. Mientras miraba por la pantalla tu cuerpo minúsculo, y cómo estabas formándote, sentí en mi corazón mucha ternura. Debo confesar que no soy tierno con los niños. Es más, soy tosco y aburrido. Pero cuando te vi, moviéndote en la pantalla en el vientre de tu mamita, como si estuvieras en una piscina, entendí mejor el amor de padre, me sentí muy feliz.

Hija mía, quiero ser el padre que Dios quiere para ti. Es cierto jamás imaginé ser padre de una niña. En mis más remotos sueños e imaginaciones jamás estuvo una niña. Al contrario, siempre quise ser padre de un niño. Pero la pregunta más certera a estas alturas tal vez sea: ¿Por qué? Y la respuesta es sencilla, por mi carácter. No soy cariñoso, soy tosco, soy impaciente, y muy estricto en lo que hago y pido. Además, no sabría cómo disciplinar a una niña. Las niñas necesitan mucho afecto. Tengo mi hermana, ella es Leslie, tu tía, he aprendido con los años a entender sus cambios bruscos en su personalidad en sus diversas etapas. Creo que a Nilver, tu tío, lo entiendo mejor. Igual, yo he ayudado a tus abuelitos a educarlos, a los dos. Los he cuidado, cocinado, curado, y hasta disciplinado de mala manera probablemente.

Ahora, sé que seré padre de una niña. ¿Qué haré? No los sé. Creo que Dios tiene un plan maravilloso para mi vida. Ayer me acosté y mientras conciliaba el sueño, llegué a una conclusión. Dios que me ama tanto, desea cumplir un propósito extraordinario conmigo, es por ello que tú hija linda has llegado a nuestras vidas. Estoy seguro de ello. Contigo hijita, entenderé el amor en su dimensión más extrema. Dios quiere que yo entienda algo más que si duda aún no he aprendido.

Sabes hija, quiero que sepas ante todo que yo te amo. Y te amo mucho, mucho, mucho. Hoy llegó una linda cama para que durmamos los tres. Yo y mis dos reinitas.  Quiero que sepas que tú eres la respuesta de Dios a mis oraciones. No oraciones machistas, sino oraciones de cambios totales en mi vida. Te espero con añoro hija mía. Te espero más de lo que me imaginé lo haría.

Cuando nazcas, algunos se reirán de mi diciendo que: “tú querías varón y Dios te dio una hija”, yo les diré: “Dios tiene planes más hermosos para mi vida”. No es una salida o mecanismo de defensa a estas palabras, sino es la verdad. Dios siempre nos da más de lo le pedimos, yo quería un varón y Dios me dio una mujer. Tú hija mía. Te amo.

Tu papá.

jueves, 6 de enero de 2011

Orar...!

En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. Lucas 6:12.
Si tuviese que escribir una biografía de la vida terrenal de Cristo, le pondría por título El Hombre del monte. No solo porque murió en un monte, sino también porque vivió en el monte; solo, buscando a su Padre en oración: ahí estaba el secreto de su vida victoriosa. Después de pasar horas en comunión con la Fuente de su poder, descendía al valle, encontraba a los hombres destruidos por el pecado, y los restauraba; les devolvía la dignidad y las ganas de continuar viviendo.
Los seres humanos corremos el peligro de tomar la vida de Jesús solo como un ejemplo de obediencia; y es verdad que nadie obedeció como él. Pero, antes que ser nuestro ejemplo de obediencia, Jesús es nuestro ejemplo de oración y de comunión con el Padre. El Maestro vino a enseñarnos, entre otras cosas, que solo es posible vivir una vida de obediencia en la medida en que vivamos una vida de oración.
Un joven me preguntó, cierto día: “¿Qué se puede decir en una hora de oración? Cuando yo oro, acabo todo lo que tengo que decir en cinco minutos”. La razón porque la oración de este joven no duraba mucho era que solo oraba con el objeto de pedir, siendo que lo que debía motivarlo no era solo eso; Dios conoce todo antes de que le pidamos: el propósito de la oración es cultivar el compañerismo y la comunión con Jesús. A fin de cuentas, la vida cristiana consiste en vivir una experiencia diaria de comunión y de compañerismo con él.
La vida de Jesús fue una vida de constante oración. A veces, cansado, después de un día extenuante de trabajo arduo, el cuerpo le pedía dormir. Pero, él buscaba tiempo para conversar con su Padre porque sabía que, al día siguiente, lo esperaba otra jornada terrible de tentaciones y de dificultades, y solo sería posible salir victorioso en la medida en que buscase el poder de parte de su Padre, por medio de la oración.
Haz de tu vida una vida de oración. Ora no solo de mañana y por la noche; ora constantemente, cada minuto de tu vida. Relaciona con Jesús todo lo que haces. En vez de concentrarte solo en las dificultades que enfrentas, direcciona esos pensamientos hacia Dios, y ya estarás en una actitud de oración.
Que Dios te conceda muchas victorias. ¡Ah!, y no te olvides de que “en aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios”.

Que Dios te bendiga,
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