domingo, 20 de marzo de 2011

La letra mata...!

Ayer y hoy vi muchos libros que me han llamado la atención (me gusta leer). ¡Hay tanto para leer! recorrí la biblioteca y hay libros que me gustaría leer, que sin embargo, creo talvez, jamás podré ni siquiera leer sus introducciones.
Cada vez que veo libros que hablan de ti, me viene una gran sed de ti Oh Dios. Una sed que quisiera apagar al instante, pero me doy cuanta que esa sed es imposible de apagar con leer esos libros (por buenos que sean).
Un día, cuando Jesús, tu Hijo, estuvo en esta tierra nos dijo que son “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia…” (Mt. 5:6).  Lo que aprendí hoy es que esa justicia no es otra cosa que el anhelo humano de la justicia que es Cristo, es decir, sed de conocerlo, de tenerlo.
Cristo hoy se revela a través de su Palabra, esa espada de dos filos (Heb. 4:12), aquella Palabra que testifica y da testimonio de Cristo (Jn. 5:39).
Hay tanto por leer y aprender de tu Santa Palabra  oh  Dios.
Pablo escribió alguna vez: “Él nos capacitó para ser ministros de un nuevo pacto, no de la letra, sino del Espíritu. Porque la letra mata, pero el Espíritu da vida.” (2Cor. 3:6).
Oh Dios, he leído varios libros. No pretendo darme de un prolífico lector, o que leo centenares de libros. Sin embargo, he leído y no siento haber cambiado en mi carácter, mi vida.
He leído libros de oración, y no oro como debería orar, he leído libros de amor al prójimo y no amo como me enseñó aquél autor a amar a los demás, he leído sobre la Segunda venida de Cristo y no espero con la preparación debida Cristo, he leído…etc.
A veces me siento a punto de decir como el joven rico: “¿…qué me falta para heredar la vida eterna?” Al pensar en ello Oh Padre, sólo puedo recordar en lo mismo que  Cristo les dijo a los escribas y fariseos: “Ustedes leen la Biblia porque creen que leyendo tienen la vida eterna, sin embargo, son ellas las que dan testimonio de Mi…” En otras palabras, creo que hasta hoy he estado yendo por el camino correcto, pero por la vereda, y no por el camino en sí. Quisiera hoy Señor, buscarte a ti, no buscar preguntas y respuestas, problemas teológicos y asuntos de hermenéutica, quiero buscarte a Ti Cristo, pues ellas dan testimonio de Ti.
Quisiera orar por aquellos estudiosos y teólogos, que cuanto más saben más y más crece su orgullo y se vuelven casi igual que los hombres sabios con sabiduría humana o satánica. Al pensar en eso, y analizar mi condición, me siento mal.
Finalmente, Cristo en una parábola explicó diciendo a manera de conclusión lo siguiente: “… A quien se le dio mucho, mucho se le reclamará; y al que mucho se le confió, más se le pedirá.” 
Dame fuerzas Señor, en el nombre de Cristo tu amado Hijo, amén.

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

domingo, 13 de marzo de 2011

Estoy arrepentido...

Hoy me molesté mucho. No sabía qué hacer ni cómo reaccionar ante eso. Me sentí impotente por un momento porque no pude decirle lo que pensaba de él. De pronto, en lo más candente de la situación, una mirada me dijo todo lo que yo sabía, pero olvidé por completo.
El día ha terminado, y estoy a punto de acostarme y la verdad, siento tanta pena por lo ocurrido esta mañana. Me siento peor aún porque no arreglé el problema con la persona que herí y me hirió. Me pregunto si pensará igual que yo. Quiera decirle: “lo siento, en realidad tuve la culpa, perdóname”.
En la Biblia encuentro la historia de alguien que había lastimado a su mejor amigo. Pedro. El típico cristiano de hoy, autosuficiente, impulsivo y orgulloso. Había tenido una amistad muy estrecha con Jesús, justo antes de ser entregado Jesús le pidió orar por él (Mr 14:34,38), no obstante, en el momento más difícil Pedro lo negó tres veces de la manera más cruda y cobarde. Cuando el gallo cantó (Mr 14:72), Pedro se acordó de lo que el mismo Jesús le había profetizado “me negarás tres veces…” (Mr 14:30) y lloró amargamente (v. 72).
Me puedo imaginar la carga de conciencia que Pedro tenía durante los tres días en que Jesús estuvo en la tumba. Haber negado a mi mejor amigo. No era cuestión fácil. Esto es entendible si notamos lo que sucedió con Judas, quien entregó a Jesús por treinta piezas de plata. Cuando vio a Jesús preso y siendo ultrajado, él no soportó más y se ahorcó (Mt 27:5). Pedro, al contrario se arrepintió (que no es lo mismo que remordimiento) y alcanzó perdón de Dios.
Una mirada, es lo único que basta para que pueda darme cuenta de mi realidad. La mirada de amor de Cristo que no condenó a Pedro jamás. Jesús no le dijo: “yo te dije que me ibas a negar y lo hiciste, ahora sufre”, no. Cada vez que traiciono a un amigo tengo la oportunidad de pedirle perdón, decirle no lo hice porque fue mi intensión sino que fue el momento.
“Oh Padre, gracias porque me escuchas, porque no tengo dudas de ello. Hoy me molesté con un amigo al que aprecio a pesar de todo. Sin embargo no pude pedirle perdón. Concédeme la vida para que al amanecer le pueda decir que lo siento y que deseo que las cosas mejoren y orar con él. Dame fuerzas porque soy orgulloso, porque soy como Pedro, tosco, orgulloso, arrogante y más. Pero no deseo vivir así, te necesito para que le des sentido cristiano a mi vida. Gracias porque sé que me escuchas y me respondes porque haces tu voluntad. En el nombre de Jesús. Amén”.

 Pr. Heyssen J. Cordero Maraví
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