viernes, 26 de agosto de 2011

Crespín, el burro gris

Una parte de mi niñez la pasé en la selva central del Perú, Chanchamayo. Es una selva singular por su clima y su gente. Allí aprendí muchas lecciones que con frecuencia las recuerdo y reflexiono,  una de las tantas lecciones, las aprendí de Crespín, un burro gris.


En sus aventuras laborales, Crespín, era acompañado por Estéfany, una burra blanca. Ambos burricus (del latino tardío "caballo pequeño") se encargaban de llevar los sacos de frutas en sus lomos. 


En una de esas labores cotidianas, Esténany encabezaba la comitiva por una delgada trocha (camino pequeño rural) que finalizaba en una carretera principal; detrás de la burra, le seguía Crespín con más carga (por ser macho) por supuesto. Fue así que de repente, Estéfany cayó en medio de un lodazal provocando todo un espectáculo no grato, no obstante después de mucho esfuerzo logró salir del problema y finalmente reinició su viaje. Sin embargo el mismo camino debía ser transitado por Crespín, "debía", pero no fue así. El burro no era tan burro como parecía (burros se les dice en Perú, en forma de burla, a los tontos, a los no inteligentes), pues a un metro antes de llegar al lodazal se paró bien fuerte y no avanzó más. Mis padres y los obreros de la chacra (finca o hacienda pequeña) tiraban de la soga, lo empujaban, lo golpeaban con dureza y el burro no se movía, no le importaba el dolor... el burro la tenía bien clara: No puedo pasar lo mismo que pasó Estéfany, la burra Blanca...


Hoy, alguien habló acerca del aprendizaje por contraste. Este tipo de aprendizaje es virtuoso, más que inteligente, sabio. Y es que aprender de los errores propios es de inteligentes, pero aprender de los errores ajenos es de sabios. Es por ello que a este tipo de aprendizaje se les llama: aprendizaje por contraste.


Con frecuencia llamamos "burros" , sino pensamos, tontamente a quiénes no toman decisiones acertadas, sin embargo, son los animales los que no estilan ni acostumbran cometer los mismos errores de los demás. Hace un par de meses fuimos con mi esposa e hija al Velo de la Novia, un lugar turístico de Aguaytía, en Perú, y disfrutamos de la naturaleza sin par, allí vi, en un estanque natural  que los peces abundaban con si fuera un hervidero. Intenté pescarlas y fue inútil, la razón: Los peces estaban acostumbrados a las trampas que generalmente la gente llevaba para pescarlos por lo que ellos ya habían superado esas pruebas.


Pablo le dijo a los corintios en su primera carta que, "estas cosas se escribieron como ejemplo..." (1 Cor. 10:7) La Biblia nos es un libro de códigos (no harás, no, no, sí, sí, sí, así, asá...), la Biblia es un libro de principios, algunos lo han llamado inclusive un libro de casos con lecciones para la vida. Creo firmemente en la última idea, en que es un libro de principios... Hay historias que jamás deben repetirse, otras que valen la pena seguirlas como ejemplos.

Finalizó el día y no hay duda de que las lecciones han pululado en abundancia, nos toca tomarlas y hacerlas parte de nosotros. Quisiera la ayuda de Dios para aprender por contraste, de los errores de los demás... Pido a Dios que sea el motor de mis decisiones...


Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

viernes, 19 de agosto de 2011

Mi DNI tiene la culpa...


Hace exactamente una semana  perdí un vuelo a Iquitos, Perú. Después de una semana, creo haberlo asimilado, al menos eso creo. Había hecho planes magníficos, tenía planeado actividades que sin duda alguna eran sumamente importantes, pero no pude llevarlos a cabo. Fue un duro golpe a mi novel ministerio pastoral.

Todo empezó el viernes por la mañana. Salía del Banco de la Nación de la Av. 28 de julio en el centro de Lima en búsqueda de una fotocopiadora. El agente bancario me dijo que era necesaria la copia de mi DNI (Documento Nacional de Identidad) para realizar un trámite. Según el anciano bancario de cabellos blancos y gruesos anteojos el lugar indicado estaba -según él-  "saliendo, media cuadra doblando a la derecha". Saqué mi billetera marrón (regalo de la hna. Elena León del Agustino por mi cumpleaños 23) del bolsillo trasero de mi pantalón con mi mano izquierda y salí en dirección hacia el lugar recomendado. Estaba llegando a la meta, cuando vi a un muchacho corriendo hacia mí a unos 6 metros. No le di importancia, cuando de pronto sentí un puñetazo en mi muñeca izquierda más un empujón hacia la pared. Mi mano soltó la billetera marrón como efecto natural del golpe y otro individuo con prontitud recogió la billetera para luego correr y escabullirse entre la multitud de carros y personas.

Debo confesar que no dije, ni hice absolutamente nada. Me levanté con una mezcla de sentimientos, miedo, vergüenza y una sonrisa obligatoria (por no llorar) por las miradas de varias personas sobre mí, eso me hacía sentir peor. Un policía se acercó y me preguntó si estaba bien, le dije que sí y que me robaron únicamente mi billetera con algunos soles y mi documento más importante: mi DNI.

De pronto, recordé que tenía que viajar a Iquitos dentro de algunas horas. Y necesitaba sí o sí mi DNI. ¡Noooo....! ¡Mi DNI...! El oficial de la comisaría de la Victoria, me dijo que con una denuncia podía solucionar (debía pagar 12 soles para "agilizar" el trámite ). Me dio la denuncia certificada con una copia de datos provistos por la RENIEC. Según el policía era suficiente para solucionar el problema.

Tomé un taxi y por veinte nuevos soles me llevó de inmediato al aeropuerto internacional Jorge Chávez. Ingresé al moderno aeropuerto y con prontitud me acerqué al counter. Una señorita de ojos negros y cejas bien pobladas me dijo que sin DNI no podría abordar el avión. Le pedí por favor, le dije que era misionero adventista y me urgía viajar y no podía perder el vuelo. La señorita de LAN me dijo que era imposible y que si gustaba intentara por otra ventanilla. Así lo hice, una, dos y hasta tres veces. No pude. Solicité conversar con la administración y nada de nada. Como mis pasajes eran de promoción no podía ser postergado ni a meritaba devolución. Simplemente no podía viajar y perdería el vuelo. Así de sencillo.

Me sentí desesperado. No sabía qué hacer ni a dónde ir. Por culpa de un DNI. Fue por mi DNI que salí del Banco de la Nación y me robaron, y ahora, era un DNI, mi DNI la responsable de que yo no pueda abordar el viaje a Iquitos. Caminé con la cabeza agacha y con un dolor en el corazón me sentí el ser humano más desgraciado del mundo, pensando en el poder que tiene un DNI. Me pregunto qué valor tiene el DNI.  ¿Por qué es tan importante? Simple. Dice quién eres. 

Tomé un taxi en dirección hacia la casa de uno de mis mejores amigos: Eduardo Esteban. Ya en el taxi, gruesas lágrimas resbalaban presurosas por mis resecas mejillas. Sentía como si había perdido el viaje de mi vida. De pronto, hice un viaje mental hacia el futuro. Pensé cómo será aquél día en el que Jesús regrese por segunda vez a llevar a los suyos. Para hacer ese viaje soñado al cielo también necesitaré un DNI con la marca de Cristo. Un DNI que indique quién soy, y si soy o no un hijo de Dios.

Perdí el vuelo hacia Iquitos, sí, pero no deseo perder el vuelo hacia el cielo, ese vuelo en los brazos de Jesús, mi salvador y redentor. Es por ello que hoy, decidí no perder mi DNI, mi identidad, mi marca (no marca Perú...), sino mi marca de hijo de Dios.

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

martes, 16 de agosto de 2011

El "cibermalandro..."


Hace algunos  hackearon mi correo electrónico. En verdad siento hasta hoy como si me hubiesen arrebatado una parte de mi. En mi afán de recuperar mi correo preciado por largas horas intenté buscar solución a través de páginas de internet que me brindasen alguna ayuda. Mi búsqueda fue inútil. En medio de mi lamento recordé que estaba en Lima, la tierra de los peruanos más ""vivos", más astutos. Así que decidí encontrar la solución en la Av. Wilsson de Lima, el emporio más grande de "piratas" cibernéticos, famosos por piratear programas, violar leyes de seguridad de software supuestamente inviolables. 

Al llegar a la meca de la piratería (a parte del Centro Comercial El Hueco), pregunté sobre alguien que podía dar solución a mi "dramática" situación. Me dijeron que no en varios intentos. Así, finalmente llegué  un supuesto capo cibernauta, "el césar". Al verlo sinceramente no me dio garantías de ser un mounstro de IDAT (famosos en Perú por sus comerciales televisivos). Un tipo de lenguaje un tanto malandro combinado con  palabras técnicas de las que usan generalmente los ingenieros de sistemas o "duchos" en la materia. Al saber de mi problema atinó a decir: "causa (amigo), esa nota es simple. Te hago la chamba (el trabajo) en un dos por tres. Te va a costar 40 ferros (soles, equivalentes a 16 dólares americanos)". Emocionado por que al fin alguien me daba esperanzas de recuperar mi correo electrónico no podía creerlo. Me dijo que demoraba dos horas. Me dijo entre varias cosas que todos los correos electrónicos se podían bloquear (hackear) y que inclusive había hecho trabajos para congresistas y algunos políticos... Me dijo que si no deseaba esperar me podía vender el programa (software) y que yo mismo lo podía hacer.  Entonces acepté e hice el pago acordado. Me dio el CD y me dijo que si no funcionaba podía regresar para que él mismo me lo haga. "Normal tío, sino lo puedes hacer tú, me traes el disco y yo mismo soy. Garantizado man, con garantía..."- me dijo el "cibermalandro" mientras me decía su nombre (al menos por ese día se habrá llamado así): César.

Al llegar a casa, seguí las instrucciones y para sorpresa mía, nada de nada. Busqué en internet sobre el programa que "el césar" me dio y encontré que eso era gratis en la web y que era para jugar una broma a tus amigos. La  broma consiste en hacer creer a las personas que pueden hackear el correo o recuperar tu correo hackeado. Al enterarme de la estafa que había sufrido decidí ir en busca del "cibermalandro" y nadie, nadie lo conocía, ni sabían quién era. Nadie me dio parte de ese "vivo", ese "vivaso". Eso pasa solo en Perú me dijo un amigo. Fui engañado tontamente por un correo hackeado y perdí mis 40 soles y mi correo sigue bloqueado. No sé si lo recuperaré, lo único que sé es que "el césar" me vio con la cara de "opa" (tonto) y me jugó una "broma" (por no decir que me estafó...).

Hoy, mientras escribo estas líneas pienso en la frustración del hombre en su búsqueda de solución a sus problemas en lugares y personas, en hombres, en humanos. Cuánta gente como yo (tristemente yo) al verse acorralado por las tormentas mundanales piensan encontrar solución en personas, en cuentos falaces, en cosas nada serias y simplemente fracasan.
Yo busqué la solución de mi "problema" en un pirata, en un programa pirata. Y fui pirateado "robado, engañado..."

lunes, 15 de agosto de 2011

Un gran amigo


Cuando conocí la Iglesia Adventista del Séptimo Día, esporádicamente comencé a asistir a la iglesia central de Pucallpa, pero como era muy distante de mi "dulce hogar" decidí asistir al humilde y rústico templo cerca (en realidad eran cinco largas cuadras) a mi casa (mejor dicho, a la casa de mis padres cuando aún no la vendían). 


El tercer sábado del mes de mayo del año 2001 es para recordar. Un día especial sin duda. El sol era inclemente y el polvo insoportable. No veía la hora de llegar al rústico templo adventista  a unas cinco laaaaargas cuadras de mi casa (jamás fui simpatizante de las caminatas...). 

Cansado del camino polvoriento al fin llegué a la meta. Con un Jean, polo negro estampado con la imagen de los Guns N' Roses en la espalda, y zapatos deslustrados llegué al fin. Cabello un tanto crecido al estilo de Servando y Florentino de aquellos tiempos, cargaba mi mochila azúl y dentro de ella, una Biblia que por años vi guardada entre algunos libros sin uso de la casa. Al hacer mi ingreso al patio de la iglesia, un jovencito de piel morena, peinado a la goma, con dientes blancos y enormes al verme sonrió y me dio la bienvenida. Un tipo muy distinto a mi (no lo digo por el color), sino más bien por su vestimenta pulcra y bien alineada. Al saludarme pensé que sin duda se encontraban: el bien y el mal, y por supuesto yo era el mal.

Fue así como conocí a mi gran amigo Gilbert. Él fue el primer adventista de darme un saludo verdaderamente adventista. Una bienvenida sincera, sin pre-conceptos ni discriminaciones. Pienso en qué hubiera ocurrido si aquél jovencito de piel morena no me hubiera dado una bienvenida así. Dios tiene sus planes y no hay duda de ello, esos planes son sin embargo, más grande y preciosos de los que la mente finita puede imaginar. Hoy me reencontré con ese gran amigo: Gilbert. Después de 10 años de amistad sincera, recordé una vez más la importancia de la amistad.

Le solíamos bromear por su color de piel. Él jamás respondía con espíritu de rencor sino que con voz simpática decía: "seré negrito, pero tengo mi cerebrito", como en la TV decía el "negro mama". Con él aprendí a valorar la amistad, a ser amigo y buscar a Dios en primer lugar. Por su forma de actuar parecía que iba a ser pastor. Su conocimiento sobre la Biblia y el trabajo en la iglesia era admirable. Era un ejemplo de joven cristiano.

Hoy mi gran amigo Gilbert cursa el 5to año de Ingeniería Electrónica en una prestigiosa universidad del Perú y sigue siendo el buen amigo de antes. Las cosas parecen no haber cambiado. Dios lo ha bendecido sin duda, a pesar de dificultades miles que le ha toca vivir en su corta vida, ha logrado salir adelante con el poder de Dios. Hoy yo soy pastor, y si me preguntan cómo me hice adventista debo empezar contando lo que hoy conté. Con una bienvenida morena.

Ahora entiendo más nítidamente a lo que Dios dice en el Salmo 138:8, que Dios cumplirá su propósito en mi. Era sin duda el plan de Dios que el jovencito de piel morena esté en la puerta para que con amabilidad y simpatía me de la bienvenida, no importándole mi indumentaria, mi apariencia malandrín, nada de nada. Gracias Dios por tu amor, por los medios que usas para llamarnos y por el maravilloso don de la amistad.

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví



domingo, 14 de agosto de 2011

"El paisano Jacinto"


Soy natural de la sierra central del Perú. Nací en Jauja. Allí, en tierras andinas pasé mis 11 primeros años de vida. No obstante, por razones de trabajo mis padres emigraron a la selva oriental del Perú: Pucallpa. Un cambio drástico sin duda, de la sierra a la selva, del frío al calor. Pero no solo eso, sino que al margen de las condiciones climatológicas y geográficas que desde ya son bien marcadas, se debe destacar las diferencias abismales de costumbres y cultura. Esto implica por supuesto los rasgos físicos y el modo de hablar.

Pues bien, en mi terruño serrano yo era alguien normal. Nadie me miraba como un bicho raro o como si estuviesen viendo al mismo "paisano jacinto". En la escuela primaria que mis padres me matricularon todos se reían cuando alguna palabra emitían mis labios. Confieso que por algunas semanas me propuse a no hablar ni una sola palabra. Mientras escribo estas líneas no puedo dejar de reír, es que sin duda mi forma de hablar sería extraño y divertido para los niños pucallpinos.

Recuerdo claramente el día en que todo esto cambió. Había decidido no volver a la escuela. No quería ser más presa de burla. No deseaba ser más el punto mofas y de risas sarcásticas. Mis padres me abrazaron y con dulce voz protectora únicamente: "tranquilo hijito, tú eres Heyssen J. Cordero Maraví, el hijo de Dios". Mis padres no eran cristianos, pero creían en que Dios era su creador, y que para Dios no había razas. Ellos me dijeron que para Dios no hay diferencias culturales, sociales y económicas. Me contaron que todos veníamos de los mismos padres, de Adán y Eva. Yo sabía todo eso, me lo habían dicho otras veces. Pero esta vez fue diferente, yo sentía que esas palabras eran exactas para ese día, para mi drama infantil.

Hoy recordé eso. Recordé que soy creación de Dios, recordé que soy hijo de Dios. Y soy feliz por ello. Atrás quedaron los complejos y temores. Desde aquél día en que mis padres me dijeron que yo era alguien especial y que era la voluntad de Dios que sus hijos sean diferentes porque en eso consiste la belleza de la creación llegué a ser feliz y amarme como soy.

No sé si hablo como el "pisano jacinto" hasta ahora. No lo sé y me importa poco. Lo que sí sé es que Dios me ama, me ama tanto que lo mínimo que yo puedo hacer es amarme y amar a mi prójimo. Gracias Dios por ser bueno. Gracias por que me enseñaste y me enseñas cada día a ser feliz, muy feliz en ti.

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

  

sábado, 13 de agosto de 2011

Por culpa de él...!

Yo no quería bautizarme. Cada vez que un pastor hacía en llamado a seguir a Jesús yo me resistía de variadas formas. No obstante, cuando pensé rechazar el llamado una vez más, el poder de Dios fue más. No sé en qué momento ni cómo, lo único que sé es que estaba entre los que el sábado siguiente aceptarían públicamente a Jesús a través del bautismo.
Era un día miércoles sin embargo, y para el sábado habían tres largos días. Durante esa noche la pasé pensando toda la noche de lo implicaba aceptar a Jesús. No quería hacerlo sencillamente porque no quería ser un "cristiano más", no quería ser un seudo cristiano más. No quería vivir una vida doble. En mi participación esporádica a los cultos y programas de la iglesia fui viendo que todo era maravilloso, excepto algo: el testimonio de los cristianos fuera de la iglesia especialmente.
Conocía a varios cristianos que actuaban muy distinto a lo que predicaban. Uno de ellos era uno de los más sobresalientes laicos de la iglesia humilde de mi barrio. Cuando llegué por primera vez al templo pensé que era el pastor, porque tenía un verso florido. Palabras muy elocuentes y dotes de oratoria extraordinarios. Su personalidad inspiraba aires celestiales. Sin duda un ángel humano por así decirlo.
Uno de esos días me invitaron a jugar fútbol con el grupo de hermanos simpatizantes del deporte rey: el fútbol  Todo hubiera sido lindo a no ser por que un joven intrépido se atrevió a gambetear al sobresaliente laico de la iglesia humilde de mi barrio, sí, sí, el que parecía el pastor y predicaba inclusive mejor que muchos pastores. Cuando se vio burlado jugando fútbol se ofuscó y de impotencia propició una falta en contra del intrépido joven que casi casi jugaba como el argentino Messi.
El joven intrépido no se aguantó y en una nueva jugada le devolvió la falta anterior con una más fuerte. El sobresaliente laico de la iglesia de mi barrio, lo miró con amargura después de caer como un tronco al césped y en una combinación de palabras soeces irrepetibles amenazó al intrépido joven casi casi como Messi (por su jugada).
Me decepcioné de aquél sobresaliente laico de la iglesia de mi barrio. Fue por culpa de él que me resistía a bautizarme. Pero llegué a entender que la iglesia está plagada de hermanos así y mucho peores. Hoy, tengo casi nueves años de bautizado y entiendo claramente que en la viña del Señor hay de todo. Jesús mismo lo dijo: Cizaña y Trigo. 
No obstante, hoy me doy cuenta de que muchas veces y con gran facilidad he sido piedra de tropiezo para muchos. Con mi mal testimonio con gran probabilidad he causado que muchos no acepten a Jesús. Y la verdad me da vergüenza y ruego a Dios para que así como yo, entregué mi vida  a Jesús a pesar del mal testimonio de otros. Entregué mi vida a Jesús simplemente porque llegué a entender que la vida cristiana consiste en mirar a Jesús y no a hombres. Entendí que los hombres yerran, pero Dios no.
Mientras escribo estas líneas pido perdón por que con seguridad he causado que muchos no acepten a Jesús, y  mi mente viene  el texto de Filipenses 1:6 "estoy convencido de esto: el que empezó en mi la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo". 

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

viernes, 12 de agosto de 2011

Acuérdate...

Hoy es sábado. Es viernes por la noche pero es sábado. Aquél que no entiende las Sagradas Escrituras simplemente podrá pensar que soy un loco de atar. No obstante eso no es importante, me limito a tomar la Biblia, la Palabra de Dios como mi mayor y único argumento.
Sé que el día sábado es un día especial. Es un día santo y bendecido por Dios. El cuarto mandamiento de la Ley de Dios dice que debo recordar, me dice acuérdate... No sé si me pasa solo a mí, pero cada vez que leo este texto en Éxodo 20:8 siento una daga certera que se clava en mi novel corazón.
De los 10 mandamientos, 8 de ellos empiezan con la negación NO, pero los 2 restantes (el cuarto y el quinto) no tienen negativas sino que son recordatorios o mandatos (Acuérdate... y Honra...) La pregunta es simple: Porqué?
Es probable que alguno difiera conmigo, es natural, estoy acostumbrado a eso, no obstante, lo que he llegado a concluir es que 8 mandamientos empiezan con negativas porque el pueblo de Dios practicaba esas acciones pecaminosas, es decir, tenían otros dioses, se hacían imágenes... etc. Es por ello que Dios les dice: NO.
Por otro lado, el cuarto mandamiento inicia con un mandato "acuérdate..." simple y llanamente porque el pueblo sabía, lo había hecho... pero ahora no lo estaban haciendo, es decir, no guardaban.
En la actualidad existen dos tipos de lectores de la Biblia. Algunos leen la Biblia y creen que la Biblia habla solo para el pueblo de Dios en aquellos tiempos. Otros, sin embargo leen la Biblia y creen que Dios habla para el pueblo de Dios de aquellos tiempos, pero también habla para nosotros, para mi y para ti.
Cada vez que leo este pasaje de la Biblia en cuanto al sábado siento como una daga en mi corazón por la sencilla razón de que siento que Dios me dice, Heyssen J. tú eres mi hijo, sabes que tienes guardar el sábado, lo guardas, pero te digo a ti: "acuérdate..." Yo puedo decir: "Señor, yo guardo el sábado..." Pero Dios dice: "Está bien, pero no lo olvides, ACUÉRDATE...".
Cada sábado Dios nos dice, acuérdate... y guárdalo como debe ser.
Un feliz sábado...!!!

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

martes, 9 de agosto de 2011

Hollywood en la iglesia

En los tiempos de Jesús un hipócrita era alguien importante. Cuando a un niño le preguntaban qué le gustaría ser cuando sea grande, él respondía con una desbordante sonrisa: "Quiero ser un hipócrita...". Cuando un hipócrita pasaba por las calles de la ciudad muchos lo saludaban, le pedían recuerdos... En definitiva, un hipócrita era alguien admirado. Cuando niño era, yo también quería ser hipócrita.
Un día Jesús llamó hipócritas a los escribas y fariseos. El evangelista Mateo lo registra en el capítulo 23 de su libro. Pero por el contexto del mensaje podemos ver claramente que Jesús no está haciéndoles ningún halago al llamarles: hipócritas. Muy por el contrario es una reprensión sino un llamado de atención por su desagradable vida.
La palabra hipócrita viene del griego hipócrates que significa "actor". Cuando Jesús les llama hipócritas les está diciendo simplemente actores. Actores porque tienen caretas, máscaras. Una careta cuando estaban en las sinagogas, una cuando estaban en casa, una cuando estaban entre amigos, una para el trabajo, otra para el momento de jugar al futbol...
Hoy amaneció un nuevo día. Leí mi Biblia como todos los días. Estoy en la oficina y mientras escribo estas líneas reconozco con mucha pena que soy un actor más del hollywood  cristiano. Estoy seguro de que ganaría el Oscar a mejor actor sin mucho esfuerzo.
Qué fácil resulta actuar. Un actor que hoy puede ser el mejor esposo del mundo. Mañana el peor. Hoy puedo ser el mejor amigo y mañana simplemente el más desagradable enemigo. Un buen padre, un mal padre, un esposo amoroso y noble, un esposo déspota y tosco. Es más fácil hablar que hacer.
La teoría dista en forma abismal de la praxis. Sin embargo, lo peor de todo es que el mundo está cansado de meros actores hollywoodenses, la gente anhela conocer a cristianos a carta cabal.
Pero, así como  me siento un actor dolido por ganar el premio de la academia al mejor actor, veo muy cerca a mi a un Jesús que me abraza y me dice: "anímate. Estás vivo. Tengo planes para ti. Hay camino por recorrer y cada latido en tu corazón es sinónimo de que te doy una nueva oportunidad. Una nueva oportunidad para hacer mejor las cosas. Para dejar de ser actor y ser sincero. Una carta abierta al mundo, una carta de amor a los tuyos, al mundo...".
Gracias Señor por tenerme aún en tus planes. Gracias por amarme...!!!


Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

lunes, 1 de agosto de 2011

El poder de una palabra

Las palabras son como cápsulas. Algunas son medicina y otras simplemente son veneno. No hay duda que cada palabra carga un significado trascendental. Con una palabra puedo levantar al caído y con otra simplemente enterrarlo.
El poder que tienen las palabras es asombroso.
Hoy fue un día terrible. Experimenté en carne propia el triste efecto de una palabra venenosa. Me han ofendido. No fue nada- me dijeron algunos amigos queriendo animar a mi caído ego. Aunque debo confesar que lo mismo que me dijeron, yo mismo lo había dicho a otras personas. Hoy, como una película, las imágenes y recuerdos desfilaban nítidos mostrando que varias veces probablemente o con gran seguridad ofendí a otros.
Cuando mis delicados oídos escucharon las palabras cargadas de veneno de aquél individuo de mirada larga y burlona, mi corazón sintió desfallecer. Mi respiración se aceleró. Una gruesa saliva sufría en abrirse paso a través de mi dura garganta. Mis manos trabajadoras sudaban sin cesar, y como cereza de torta: mi rostro andino y trigueño cambió de color expresando a leguas una vergüenza terrible.
Después de todo, hoy entendí que Jesús nos se equivocó cuando dijo que no hagamos a otros lo que no queremos que nos hagan. Yo ofendí a muchos. Hoy me ofendieron y entiendo con dolor lo que debí aprender antes. Así somos sin embargo, bien dicen es de sabios aprender de los errores de otros...


Pr. Heyssen J. Cordero Maraví


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