lunes, 30 de abril de 2012

Hoy recordé que soy pastor...

Hoy recordé que soy pastor. Confieso que su respuesta no me agradaba en un inicio, para nada. No me parece justo- me decía una y otra vez a gritos en silencio  mientras el pastor me aconsejaba- creo que debería ser tratado de otra manera. Estaba convencido de que mi reclamo era bien fundamentado... no estaba pidiendo nada fuera de lo normal. Simplemente estaba pidiendo un mejor trato. No era posible de que a estas alturas en la "obra" yo reciba un trato semejante. Sentado con brazos cruzados y cuerpo hacia atrás, cabeza medio inclinada y mirada fija a los ojos de un pastor que lo único que pretendía era decirme en resumen: "no puedo creer que tú estés reclamando derechos...". Quizás no pensaba eso, pero al menos eso es lo que inferí mientras él me aconsejaba.

jueves, 19 de abril de 2012

¿Un pastor al agrado de los hombres?


¿Qué pastor no desea tener éxito en el ministerio? Es natural querer ser exitoso en lo que se emprenda. No obstante, ¿en qué consiste el éxito pastoral?

Había terminado una ceremonia de investidura del Club de Conquistadores en mi iglesia de prácticas cuando era estudiante en la facultad de teología, y después de despedir el sábado, el pastor distrital me pidió hablar a solas. Se le notaba muy preocupado, entre otras cosas me dijo: “hijo, todo lo que haces por el Ministerio Joven está bien. Pero la experiencia me ha enseñado dos cosas que te las diré y jamás las olvides pues serán las que determinará el éxito de tu ministerio: (1) bautismos (2) y diezmos”.  Sus palabras fueron muy duras para mí. Admito que sentí que me lo dijo con mucho cariño y amor. Pero sí que impactaron por un buen tiempo mi percepción del ministerio pastoral.

Pero, ¿qué es lo que hace que no pocos ministros piensen así? ¿Es incorrecto pensar que el éxito pastoral depende de los bautismos y el crecimiento de diezmos? Vivimos en un mundo globalizado y prometedor por la ciencia y tecnología por doquier, y es innegable que el ministerio pastoral se vea  influenciado por distintas corrientes filosóficas que son sensación en la mayoría de profesiones y empresas. No es desconocido que los predicadores más famosos en el mundo cristiano son los que enfatizan en sus sermones la prosperidad y superación personal, y en sus cultos una adoración secularista.

El ministerio pastoral en las distintas denominaciones cristianas se ve infestado por corrientes de mercadeo y marketing olvidándose que el éxito de la iglesia “no se mide con parámetros mundanos sino celestiales” tal como lo diría Rubén Pereyra, un viejo pastor jubilado.

Aunque la iglesia que pastoreamos tenga como única regla de autoridad y fe la Biblia, y el Espíritu de Profecía, es conocido que con tanta facilidad el pastor se ve tentado a agradar a los hombres antes que a Dios. Una vez más convertimos a Dios en el “segundo plato” o en el “suplente” de nuestro trabajo, nuestro afán. Un actuar así es sin lugar a dudas una “adoración” antropocétrica  y no teocéntrica. Es decir, una adoración motivada para agradar a simples y mortales hombres en vez de centrarlos a Dios.

Jamás olvidé su consejo. Hoy sirvo al Señor como pastor, sé que los bautismos y el crecimiento en diezmos son importantísimos, y que indican el “éxito” de un ministro en menor o mayor grado, no obstante, aunque no olvido las palabras de aquél pastor, debo confesar que el ministerio me ha mostrado que no es así. El ministerio pastoral es la más grande bendición que un converso puede tener, es un privilegio santo.

Termina el día, y tú te preguntarás como todas las veces que lees los “enredos literarios” de este aficionado escritor, ¿qué es lo que motiva a este “pipiolo” escritor aprendiz a plasmar entre líneas esta reflexión del alma? Simple, siento muchas veces que sin darme cuenta (es serio, sin darme cuenta) voy inclinándome a querer agradar a las criaturas en vez de agradar al creador. Esto es indudablemente un problema muy serio, muy grave que determinará al fin y al cabo mi salvación.

No quiero éxito maquiavélico, quiero el éxito que Dios le da a sus hijos fieles, pero no para envanecer mi insignificante nombre sino para glorificar el Nombre de Dios, el Único que se merece toda la honra y gloria… por los siglos de los siglos…  Quiero hacer la voluntad de Dios, pues sé que haciendo aquella santa y perfecta voluntad el éxito vendrá como producto natural. Ese éxito será duradero y no pasajero.

Amén.

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

martes, 17 de abril de 2012

Un pastor insensible...

Estaba terminando de almorzar después de una mañana ajetreada cuando  sonó el celular que permanecía "alerta" en el bolsillo derecho de mi pantalón. Vi quién llamaba. Era un colega del ministerio. Contesté la llamada y después de saludos tipo "rezo" me dijo: "Heyssen, necesito que me hagas un favor muy grande... mira yo estoy muy atareado con algunas actividades y hay una feligrés que ha perdido a su hijo y necesita que un pastor le acompañe al funeral  con un mensaje de esperanza...". Le dije: "¿Usted no puede ir tratándose de un caso como este?", me dijo que lo haría con gusto pero no podía debido a las circunstancias. No obstante, viéndome acorralado por no encontrar una salida (no me gusta mentir, no soy bueno en eso además) acepté de muy mala gana (aunque por supuesto le dije que encantado lo haría).

Me levanté de la mesa y me cambié de ropa para salir al funeral. Camino al cementerio iba pensando en qué incómodo es ir a un funeral donde el invitado no fuiste tú y en que además no sepas quién es el difunto. Lo peor de todo es que al llegar al cementerio no encontré a nadie que me diera razón del la familia del fallecido y no vi a ningún grupo de personas dolientes. Minutos después llegaron dos mujeres que eran familiares y adventistas y al mirarme me reconocieron y me preguntaron por el pastor (para variar). Les dije que yo lo reemplazaría y que estaba muuuuuy "feliz" de servirles. Estábamos conversando cuando de pronto llegó el difunto dentro de un ataúd cargado por seis varones con rostros muy desencajados (como todo rito funeral).

No me impactó. Les confieso que en mi ministerio joven he oficiado cerca de 50 funerales, y la verdad, las primeras veces me impactaban, después, por las rutinas quizás fui volviéndome más "duro" y casi insensible (no me siento feliz por supuesto). No obstante, el cuadro que vi minutos después desgarrarían mi casi duro corazón... Una mujer que vestía de ropas de color negro, lloraba de manera desesperaba, sus gritos eran "escandalosos", se arrastraba literalmente por los suelos y parecía que jamás dejaría de llorar por el cuadro histérico a más... Sinceramente esa escena (mucho más dramática que las películas hindúes) me descuadró en un "santiamén". Mi crudo e insensible corazón se desmoronó como un castillo de naipes por el cuadro lamentable. La pobre mujer lograba ponerse en pie de vez en cuando para después desplomarse gritando vez tras vez: "yo tengo la culpa...", "No me dejes...", "No te vayas...", "Perdóname...". 

Me quedé atónito. No podía asimilar el cuadro triste. Uno de los parientes me dijo que era hora de empezar con el mensaje. Pregunté por su nombre. Inicié con voz fuerte el mensaje basado en 1 Tes. 4:13-18. El mensaje no podía ser sencillo simplemente porque no es fácil predicar en el funeral de alguien que un día aceptó a Jesús, fue un gran hombre al servicio de Dios finaliza sus días perdido en el mundo de las drogas, en la desgracia del pecado. Y producto de una sobre dosis acabó sus últimos segundos de vida... No es sencillo. No podía hilar fino, solo dije entre varias cosas: (1) "Dios es el único que tiene la última palabra",  (2) "Él no sabe nada, nosotros somos los que debemos hacer mucho aún" y (3) "Amemos a los nuestros mientras lo tenemos con vida". No sabía qué más decir. Estoy seguro de que en otra situación hubiera podido "hilar" mejor, pero esta vez no. Esta vez estaba destrozado al ver a una "adventista" llorar como un "no adventista".

Escribo éstas líneas muy triste. Triste por que tuve que ver la manifestación atroz de la muerte en una madre para sentirme movido y saber que hay dolor en gente que debería tener esperanza y no la tiene. Triste porque con el paso de los años mi corazón se ha vuelto duro, cada vez más duro e insensible... 

No sé si entienden mi sentir. No sé si aún en esta reflexión he "hilado" bien. No es mi afán  todo eso a decir verdad. Solo quiero que sepan lo que sentí. Nada más. Estoy confundido, desencajado... descuadrado... no sé.

Hay tanto dolor... y yo me siento cada vez más ajeno a esa realidad. Hay tanta necesidad y parece que poco me importa. Es que hay tanto dolor que ya no siento impacto al saber esas tristes y lamentables desgracias?  Será que mi colega también vive la misma situación? Por qué no asistió a la familia? Le parece poco la muerte de una de sus ovejas? Es también él un insensible más? No....! Soy un pastor y me estoy endureciendo con tanto dolor? Hay tanta desgracia que las heridas de han convertido en "callos"? 


Gracias Dios, gracias por hacer que mis pies pisen suelo, que me recuerde que: "Yuju... estás en la tierra..." Hay mucho por hacer...!


Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

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