miércoles, 29 de mayo de 2013

Pastor con autoridad


Carlos Cuauhtécmoc Sánchez, escritor mexicano, cuenta en su libro Los ojos de mi princesa 2 un lamentable incidente con un motivador llamado Mariscal Adalid. El famoso gurú en liderazgo y motivación, tras ser descubierto por José Carlos (personaje principal de la novela) con la jefa de edecanes en una situación prohibida para un hombre casado, para justificar su falta le argumenta entre otras cosas lo siguiente: 

"Le doy a mis hijos afecto, atención y buen ejemplo. Sin embargo, no soy esclavo de ellos-, no daría la vida por ellos; no me permito sufrir a causa de ellos. Aunque mi ideología suene egoísta, es la forma de pensar más sana para todos, incluso para ellos... Ella (su esposa) y yo tenemos convenios de adultos. Nuestra sociedad conyugal ya no está lastrada de romanticismo inútil. Vivimos juntos porque a los dos nos conviene, pero cada uno tiene sus libertades. ¡Como debe ser en toda pareja!. Le doy dinero ara su manutención, Claro. Al principio de nuestro matrimonio pensábamos diferente. Creíamos que el amor resolvería todo. ¡Pero con el tiempo nos dimos cuenta que éramos muy distintos! Yo me hice famoso. Comencé franquiciando a Napoléón Hill, y muy pronto me independicé. Soy típico caso del alumno que supera al maestro (modestia aparte). Recibí contratos de compañías transnacionales para congresos...Un día llegué de viaje y hallé sobre la mesa dos maquetas que había armado para que nuestros hijos las presentaran como la de ellos. Le dije -Acabo de visitar siete ciudades. En todas las plazas me aplaudieron de pie. Soy un anunciador del poder humano. Así que no voy a permitir que nuestros hijos hagan trampa en la escuela... Mi esposa comenzó a gritar obscenidades. Comenzó a destruir las maquetas... y me preguntó - ¿satisfecho?- No respondí. Entonces fue al mueble donde tenía arreglado mis libros y comenzó a tirarlo todo al suelo y me dijo - ¿satisfecho? - Estás mal de la cabeza dije. Sí. Ve y dile a todo el mundo que eres perfecto, pero te tocó cargar con una esposa llena de defectos... -me dijo- Tomé mi maleta y le advertí que me iba a ir de nuevo y ella me dijo - Pues lárgate, en esta familia no te necesitamos. Si alguien me pregunta, le diré al mundo que el gran motivador es un hipócrita. Observé la puerta entreabierta de las recámaras. Mis hijos estaban escuchando. Entonces decidí quedarme. No le daría el gusto de desacreditarme... Desde entonces, mi esposa y yo no tenemos relaciones de intimidad. Ella es una mujer práctica. Buen madre y ama de casa... yo decidí seguir ascendiendo por la escalera del éxito. Soy un triunfador. Le pese a quien le pese; siempre lo he sido y siempre lo seré".

La sociedad actual está llena de personas como el Mariscal Adalid (en realidad un personaje ficticio) que gozan de buena reputación y les sonríe el éxito en cada paso que dan, en cada plan que emprenden. Y es que ser exitoso en este mundo con frecuencia no es sinónimo de estar haciendo las cosas como Dios quiere. Muchos enseñan sobre la educación de los hijos cuando no tienen ninguno, y otros gozan de hijos mal educados. Y ¿qué decir de los terapeutas familiares y especialistas en familias de éxito que apenas y se hablan en casa o como Mariscal Adalid solo viven porque "les conviene a ambos?"

Hace algunos meses leí que el famoso tele-evangelista Benny Hinn pregonero de la teología de la prosperidad hace años admitiera que está endeudado y estaba pidiendo a sus fieles a que le ayuden a pagar dichas deudas millonarias. También es conocido que Robert Schuller ícono de la teología de la prosperidad terminó vendiendo su iglesia a una archidiócesis católica el año pasado. Y quién no recuerda a Jimmy Swaggart, famoso predicador pentecostal, pionero del televangelismo que confesara públicamente su inmoralidad sexual. Todos los casos anteriores y otros más que probablemente no conozcamos y conozcamos pero que son reales muestran que somos humanos. Somos de carne y hueso. ¿Simple?

Pero ¿qué es lo que motiva a escribir esta reflexión? En muchas ocasiones he recomendado el sabor de un alimento que jamás he saboreado. Algunas veces he dado consejos de asuntos que no he vivido. Cada día lucho y oro al único que nos enseñó que se puede enseñar con autoridad. Que es posible decir este fruto es delicioso porque lo probé y sé a qué sabe. Y esto jamás será posible si no hacemos lo que Cristo hizo y no dijo que hagamos: "Separados de mi, nada podéis hacer" (Jn.15:5). El ser humano no puede ser bueno por naturaleza, por naturales estamos inclinados a vivir una vida de apariencias, de mentiras... pero en Cristo, con Cristo y por Cristo las caretas se caen, y actuamos como Pablo nos dice: "sed imitadores de mi, así como yo soy de Cristo" (1 Cor.11:1).

Quiero estar atado a ti buen Maestro. Quiero ser un buen pastor, en mi casa y para mi iglesia.

Heyssen J. Cordero Maraví

viernes, 24 de mayo de 2013

Pastor preparado


Harry Sinclair Lewis, escritor estadounidense (Premio Novel de Literatura en 1930) y conocido también como el autor del discurso más corto del mundo (aunque para no pocos el discurso corto más famoso sea el de Bryan Dyson, ex presidente de la Coca-Cola de quien hablaremos en otro momento) expresó alguna vez frente a estudiantes universitarios que deseaban ser escritores: 
"¿Quién de ustedes desea de verdad ser escritor?. Entonces están perdiendo el tiempo aquí. Si desean de verdad ser escritores, vayan a su casa y pónganse a escribir, escribir y escribir".
Sinclair Lewis no estaba equivocado, pero le faltó un consejo más. Jaime Bayly (alguno se puede rasgarse las vestiduras por mencionarlo, perdón...perdón, perdón) escribió alguna vez en una columna de Peru21: "jamás fui un buen escritor porque jamás fui un buen lector" .
Creo que Sinclair Lewis y Jaime Bayly presentan dos consejos extraordinarios para todo escritor principiante (ya no diré aficionado, pues no hay escritores aficionados, ya que desde el momento que escribes y lo publicas has ingresado al terrenos de las piedras, palos y peluches  "críticas", "y algunas que otras felicitaciones"... para consuelo al menos): ESCRIBIR y LEER. Y es que el buen escritor no ESCRIBE COMO HABLA sino como LEE. Así de sencillo y simple. Es por ello que con frecuencia los buenos escritores no son tan buenos oradores, y algunos, claro, algunos sí.

Leer y Escribir es igual a la TEORÍA y la PRÁCTICA. En toda área de la vida, necesitamos esos dos elementos. El mecánico que desea ser mejor cada día debe no solo pasársela arreglando motores, armando y desarmado sino que debe separar tiempo para estudiar y enterarse de los avances de los motores... lo que pretendo decir es que no debemos trabajar con la cabeza agachada, como si lo que conocemos es lo único y eterno y que no hay nada nuevo en adelante.

Pues bien, en el ministerio pastoral la TEORÍA y la PRÁCTICA es más que necesaria. Para ser un buen pastor, al agrado de Dios (Jer. 3:15) es necesario visitar, predicar, planificar, etc, pero no solo eso sino que es imprescindible que vayamos cada día "afilemos el hacha", que cada día leamos buenos libros, nos capacitemos... hay tantas formas. Es interesante notar que somos pastores de gente que piensa, lee y conoce temas diversos, pero ¿qué sucede cuando yo como pastor solo me dedico a trabajar cual "torito en yunta" sin mirar a los lados ni arriba? La iglesia necesita líderes preparados, que trabajen mucho sí, pero que se preparen cada día, en primer lugar a los pies del PASTOR de PASTORES, y después en diversos temas y aspectos que harán un ministerio más fructífero que pueda atender a las necesidades de las ovejas.

El buen escritor no escribe como habla sino como lee. Dime, ¿qué tipo de pastor quieres ser? Yo quiero ser un buen pastor, que pastorea no como habla, sino como lee, y lee la PALABRA DE DIOS en primer lugar.

Que Dios te bendiga!

miércoles, 1 de mayo de 2013

El pastor y el taxista


Subí al taxi y con amabilidad saludé al conductor. Después de decirle que me dirigía a la Universidad Adventista de mi país el taxista me dijo: "Me invitaron hace algunos meses a la universidad para escuchar predicar a un pastor, gordito, peladito... no sé su nombre...". Imaginé que se trababa de uno de los pastores más famosos y conocidos de la iglesia adventista, el peruano Alejandro Bullón Paucar, así que sin que me de más características le dije: "Tal vez se refiere al Pr. Bullón". El taxista dijo que sí, que le había parecido interesante su predicación sobre "algún Salmo en la Biblia". Nos  comentó que es un predicador muy diferente a los que él había escuchado como por ejemplo a Cash Luna, Dante Gebel, entre otros.

Como todo buen adventista le felicité por haber visitado la "meca" de la educación adventista, sino la fábrica de "Productos Unión" en sentido literal y figurado. En fin, después de mi cumplido, el taxista de nombre Renán arremetió contra los adventistas y el cristianismo en general. Para ello, empezó diciendo: "Yo respeto a los creyentes, pero sabe algo apreciado amigo, yo creo que todas las religiones son iguales, son una "tira" de vividores, sin vergüenzas, ladrones, usureros y mafiosos. Estoy seguro de que hasta el famoso pastor Bullón es el de la misma calaña, y que no le encuentro diferencias al papa católico a cualquier dirigente de la iglesia adventista o de cualquier denominación cristiana". Su palabras me dejaron en anonadado, lo confieso.

- "Dígame si es falso lo que digo"- me dijo mientras me miraba a través del espejo retrovisor, y continuó diciendo: "Hace algún tiempo yo le hice una carrera a un grupo de pastores que parecían unos pirañitas. Le juro mi amigo que su conversación era metálica. Uno le decía al otro, ¿oye a qué se dedica la hermana tal? y el otro pastor le decía: "es negociante en el Jirón de la Unión". Entonces va haber un buen diezmo...".

Yo lo escuchaba sin decir ninguna palabra. Él hablaba y hablaba sobre los adventistas, sobre los pastores y sobre los cristianos en general. Habló sobre las iglesias que piden y piden diezmos para hospedarse en hoteles de lujo, comer en lugares exclusivos, etc. Que los pastores tiene carros y casas de lujo. Que usan celulares de última generación y que siempre están rodeado de comodidades. 

Sin embargo estoy seguro de que el Espíritu Santo me hizo entender  que Renán, aquél taxista, que a parte de todas las cosas que dijo me confesó que había perdido la fe y la confianza en Dios, y que es más, no creía en Dios; había sufrido algún mal momento por algún adventista o cristiano. No parecía alguien nuevo, es más yo podría ver a leguas que era un ex adventista sino evangélico.

Después de escucharlo, le dije: "Amigo, a usted le hicieron daño. Usted es un ex adventista o evangélico, pero no me va a decir que no ha estado relacionado con ellos". Mi pregunta le dejó perplejo. Pude verlo. Respiró hondo, asintió su cabeza varias veces lentamente. Apretó sus dientes fuertemente y arrugó sus labios para finalmente exhalar como si habría aguantado la respiración por buen tiempo. "Es cierto"- me dijo- "No soy adventista, tampoco evangélico, pero he estado relacionado con ellos más de lo que se imagina". Así me contó su historia:

"Mi hogar estaba en destrozado. Mi amor por la mujer que me casé se estaba muriendo. Yo quería el divorcio, pues era triste vivir así. Hasta que me refugió en los ejercicios y las sesiones en un gimnasio, allí fue donde conocí a un cristiano, evangélico. Era pastor de una iglesia importante en la ciudad de Lima. Él era distinto a los demás. Me aconsejaba y me enseñaba cómo encontrar la paz. Me llevó a su casa para invitarme a almorzar y aprovechó para enseñarme videos de prédicas cristianas. Estudiamos la Biblia y junto a su esposa visitaron mi casa, a mi esposa y finalmente, poco a poco fui apreciando la vida cristiana. Mi familia visitaba su casa y ellos la mía. Pero a pesar de ellos mi familia no mejoraba, aunque yo sentía que había más paz en mi corazón.
Un día yo le fui infiel a mi esposa con una amiga del gimnasio. Como ya conocía los caminos de Dios, me sentí mal y estaba arrepentido de lo que había hecho. Le conté a mi amigo pastor evangélico. Le dije que necesitaba un consejo. Él me dijo que me entendía, que oraría por mi. Y que vería cómo ayudarme. Le dijo que no le diga a mi esposa porque no quiero perderla. Fue así que me tranquilicé y pensé que todo acabaría allí.
No fue así. No me había dado cuenta de que mi amigo evangélico, "le había puesto los ojos a mi esposa" y que se valió de eso para enamorarla y ponerla contra mi. El muy mal "pastorcito" me defraudó. Le contó todo lo que le había contado para que mi esposa me deje y se vaya con él.
Mi esposa me dejó. Nos separamos hasta hora. Pero no estuvo con mi amigo, pues mi esposa es una ex adventista. Yo la conocí en su iglesia. La saqué de la iglesia para que se case conmigo. Ella no me fue infiel porque era una mujer de principios, era adventista. Es así que conozco del pastor Bullón, conozco sobre los diezmos, la iglesia y mucho sobre los adventistas. En realidad, estoy dolido con ellos porque jamás visitaron a mi esposa sino para decirle que había sido disciplinada por haberse casado estando embarazada. Le quitaron su cargo y jamás, jamás volvieron a verla... A pesar de ellos debo agradecer porque mi esposa es una buena mujer por ellos, por su fe en Dios y a la iglesia por su educación. Por eso... si alguna vez decido ser cristiano, sería adventista...". Dicho eso pude ver unas lágrimas resbalar a través de sus mejillas. El Espírtu Santo sin duda estaba trabajando.

Su historia parecía una novela. Entendía ahora sí su dolor. Le dije que su dolor y su amargura. Su resentimiento y sus críticas no eran infundadas. Un cristiano le había defraudado, pero no lo había defraudado Dios. Entre varias cosas finalicé diciéndole:

"Renán, Dios te ama no por lo que digas, pienses y hagas, Dios te ama simplemente porque eres su hijo y punto. Entiende que tengas rencor y rabia por los cristianos pero mirándote hoy a los ojos te dice que te ama al evitar que choques o sufras algún accidente. Dios te da oportunidades, Dios te da la oportunidad hoy de que vayas a Él tal como estás. Si te han hecho daño no es culpa de Dios, es culpa de los hombres como tú y como yo. Así como existen taxistas malos y deshonestos que asaltan a sus pasajeros como vemos a diario en las noticias, así también existen buenos taxita y justos como tú. No todos los taxitas son iguales así como no todos los cristianos son iguales. Hay de todo en la viña del Señor. Renán, supe desde el momento en que hablabas de los cristianos y de los pastores que no eras un ajeno a la iglesia, supe que conocía mucho como para perderte y poco como para salvarte. Si me subí a tu taxi es porque Dios quería darte este mensaje hoy." - Mientras hablaba el taxi llegaba a su destino, a la universidad. Allí afuera habían jóvenes ayudando a estacionar los autos. Le dije el pastor Bullón un día fue un joven estudiante de teología como aquellos jóvenes. Y hoy es un jubilado. No tiene mansiones, tampoco son ricos como has dicho. Los pastores son hombres que ganan lo necesario, como para pedir rebaja al subirse a un taxi del amigo Renán.

"¿Usted es pastor?"- me dijo sorprendido- "Así es, y no soy millonario, mafioso y vividor. Soy sencillamente un predicador". Que Dios te bendiga Renán. Tú conoces el camino a la iglesia. Busca a tu esposa, recobra tu matrimonio, perdona y pide perdón. Dios te ama".

Lágrimas gruesas se dejaban notar deslizándose sobre sus mejillas para perderse entre sus labios y entre sus puños que de vez en cuando enjugaban sus lágrimas. No le dije más. Me despedí de aquél triste y pobre taxista.

¿Qué imagen tienen del ministerio pastoral? Yo no soy rico, no tengo auto, no vivo lleno de comodidades. ¿Será que hay pastores de ese tipo? Señor, por favor, quiero ser un buen pastor. No quiero ser piedra de tropiezo para los débiles.

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

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