jueves, 14 de noviembre de 2013

Un hombre ebrio y el pastor


Estaba en el clímax de mi mensaje. El fondo musical era ideal para el "aterrizaje", para el llamado al bautismo. Estaba finalizando mi campaña de bautismo después de una semana maravillosa viendo los milagros de Dios. Todo estaba bien hasta que ingresó al auditorio un hombre que se tambaleaba notablemente al caminar en dirección a las primeras butacas. Yo continué con el mensaje de la noche y de pronto me vi interrumpido por aquél caballero y sus palabras: "Deja de engañar a la gente pastor. No les mientas con argumentos falaces y lejanos a la realidad". Los diáconos y algunos hermanos de la iglesia se turbaron y de inmediato quisieron intervenir. Pensé que no era lo mejor, y con mucha sutileza le respondí: "Si me deja terminar con el mensaje de la noche podré conversar con usted todo el tiempo quiera para escuchar sus consejos y observaciones". Aquél hombre ebrio, con una parsimonia sorprendente accedió a mi pedido. Debo confesar que desde aquél momento, aunque no volvió a interrumpirme, yo no pude recuperar la concentración.

Después de mi mensaje y del programa, mientras nos despedíamos aquél hombre ebrio se acercó con una serie de expresiones laudatorias respecto a mi mensaje de manera inexplicable, comenzó a decirme después:

Todo estuvo bien como le dije - me decía con una mirada seria y preocupada- usted  es un buen orador pastor, pero eso no quiere decir que lo que predicas es la verdad. Y le demostraré porqué: ¿Usted cree que Dios es bueno o malo? La respuesta lógica y bíblica es que Dios es bueno, Dios es amor. Y si Dios es amor ¿crees usted que Dios va a destruir a todos sus hijos cuando vengan? ¿Usted destruiría a sus hijos? La respuesta lógica es que NO. Usted siendo malo no haría eso. Menos Dios. Ahora, usted podría decirme que la Biblia dice que así será, que Dios destruirá a todos los que no aceptaron seguir a Jesús, pero si Dios es bueno, y Dios perdona, entonces hay oportunidad hasta el último minuto. Cuando le digo que usted es mentiroso, lo digo porque usted dijo que Jesús pronto volverá y llevará a sus hijos, los que vivieron en su amor y le aceptaron por fe. Pastor, yo no creo eso. Digo que es mentira porque ese mensaje quita a las personas la oportunidad de vivir los placeres de este mundo y contentarse con ir a la iglesia, cantar, orar y etc. Yo haré lo siguiente. Cuando Cristo esté apareciendo en las nubes de los cielos, me arrodillaré y le pediré perdón y como Dios es bueno me llevará al cielo. Iremos al cielo usted y yo, ¿qué ganó usted perdiendo tanto tiempo en la iglesia, si igual seremos salvos todos?  Yo no puedo dejar el alcohol por varios años, me gusta. Ojo no soy adicto. Es simplemente un gusto, un placer que no causa daño a nadie. A mi si, en salud física pero espiritual no. ¿Ya ve pastor que decirle a la gente que abandone la vida mundana es simplemente un engaño por no entender el plan de Dios y su gran amor?

Después de decirme esas "nuevas luces" se fue y no esperó respuesta. Solo dijo: "Cumplí con mi misión, saque usted conclusiones". Me quedé pensando en que hay tanta locura. Mientras me dirigía a casa pensando en la conversación con el hombre ebrio, me imaginé, solo imaginé y pensé, ¿qué tal si el hombre ebrio tiene razón? Imaginemos qué pasaría:

Jesús aparece en las nubes de los cielos, y bueno, aquél hombre ebrio se arrodilla y comienza a llorar y a pedir perdón por todo lo que hizo en su vida a fin de que Jesús se compadezca de él y lo lleve al cielo. Jesús como es bueno, lo mira con amor y le dice que no se preocupe, que su amor es tan grande que lo llevará al cielo. En el cielo, aquél hombre ebrio ya no es más borracho, se le pasó su borrachera. Es feliz por algunos días. El ambiente es totalmente distinto al mundo terrenal. Todos a los pies de Jesús aprenden de la ciencia de la salvación, etc. A él le parece interesante, muy bueno... pero él está acostumbrado a los placeres del mundo, le gusta, le agrada y siente deseos de tomarse unas cervezas, whisky., algún trago, pero no hay... pregunta dónde encontrar alguna bebida alcohólica y no existe lugar. La pregunta es ¿sería feliz un hombre que gusta embriagarse? ¿sería feliz un alcohólico en el cielo? La respuesta lógica es NO. Entonces Dios no llevará al cielo a borrachos (1 Cor.6:9,10) no porque sea malo, sino porque Dios es bueno y como tal sabe que ningún hombre inconvertido sería feliz en el cielo (1 Cor. 6:9-20 cf. Apo. 21:8). Dios no llevará al cielo a personas que no han abandonado la vida de pecado, no porque sea malo, sino porque Dios es bueno y sabe que jamás sería feliz en el cielo un adúltero, borracho, homicida, idólatra... y es que en el cielo esas cosas no existirán.

Elena G. de White: "El pecador no podría ser feliz en la presencia de Dios; le desagradaría la compañía de los seres santos. Y si se le pudiese permitir entrar en el cielo, no hallaría alegría en aquel lugar. El espíritu de amor puro que reina allí donde responde cada corazón al corazón del Amor Infinito, no haría vibrar en su alma cuerda alguna de simpatía. Sus pensamientos, sus intereses, sus móviles, serían distintos de los que mueven a los moradores celestiales. Sería una nota discordante en la melodía del cielo. El cielo sería para él un lugar de tortura. Ansiaría ocultarse de la presencia de Aquel que es su luz y el centro de su gozo. No es un decreto arbitrario de parte de Dios el que excluye del cielo a los malvados: ellos mismos se han cerrado las puertas por su propia ineptitud para aquella compañía. La gloria de Dios sería para ellos un fuego consumidor. Desearían ser destruidos para esconderse del rostro de Aquel que murió por salvarlos" (Camino a Cristo, pág. 11).

Extraordinario mensaje, un mensaje lacónico que encierra verdades grandes. Ciertamente Dios es bueno. No hay dudas de ellos. Es su amor magnífico y maravilloso el motor de todo lo que ya lo dejó escrito en su Libro Sagrado.

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

miércoles, 6 de noviembre de 2013

La caída no es un suceso sino un proceso...


Gloria Montalvo en su libro Al borde. La caída no es suceso sino un proceso, describe de manera extraordinaria asuntos éticos de la vida de un líder o pastor en las que muchas veces está propenso a caer o donde se encuentra su talón de Aquiles. Entre varias verdades me impactó la siguiente declaración: "Transferimos a los demás, no lo que hablamos, sino lo que somos". Me emociono a más cuando leo el evangelio de Mateo 7 en los versículos 28 y 29 donde menciona que la gente se admiraba de las enseñanzas de Jesús porque Él enseñaba como quien tiene autoridad. No hay dudas. Jesús es el maestro por excelencia, pero no solo por sus dotes como maestro, por su magna pedagogía o su elocuencia sino por que lo que Él enseñaba era sencillamente lo que vivía.

En mis años de estudiante, cuando dedicaba mis vacaciones al colportaje, llegué a venderle un libro sobre salud a una ejecutiva de un prestigioso banco de la ciudad. No me hubiera comprado el libro a no ser porque usé frases alarmantes como: "sabía usted que el 90% de enfermedades ingresan por la boca?", "¿sabía usted que 600 mililitros de bebidas gaseosas es igual a consumir catorce cucharadas de azúcar?", "¿sabía usted que el pollo a la brasa tiene en demasía el famoso agente cancerígeno benzopireno que es igual a fumar 60 cigarrillos?". Al decir esas frases que todo colportor conoce, la mujer se sorprendió en gran manera y mirándome fijamente a los ojos me dijo: "está usted diciendo que si yo no fumo, al comer un delicioso pollo a la brasa con una gaseosa heladita estoy propiciando una diabetes, que ya lo tengo, y un cáncer al pulmón aunque jamás haya fumado cigarrillos?". Tal como lo escuchó - le dije mostrándole el libro que tenía en mis manos. La ejecutiva tomó el libro entre sus brazos y como si alguien quisiera quitar lo metió en su maletín y dijo: "No hay vueltas que dar, este libro es mío". 

Fue una venta sencilla, al contado y con las recomendaciones que la mujer me dio vendí muchos libros más con éxito. No obstante, la historia no tiene un final feliz. Unas semanas después, un sábado por la noche, después de unas cobranzas saliendo de la iglesia, con unos amigos decidimos darnos un gustito y ¿qué mejor que un pollo a la brasa? Así que nos sentamos al rededor de una mesa y disfrutábamos de la cena, cuando de pronto ingresó a la misma pollería, la mujer ejecutiva del banco, la mujer a la que yo convencí para comprar el libro de salud con el argumento trillado (pero nuevo para ella): "sabía usted que el 90% de enfermedades ingresan por la boca?", "¿sabía usted que 600 mililitros de bebidas gaseosas es igual a consumir catorce cucharadas de azúcar?", "¿sabía usted que el pollo a la brasa tiene en demasía el famoso agente cancerígeno benzopireno que es igual a fumar 60 cigarrillos?". Al verme, sorprendida exclamó: "no debería vender libros de salud Sr. Cordero. No se enseña lo que no se vive, y no se vive como no se enseña". Ya debes imaginarte cómo me sentí en aquél momento. Solo atiné a decirle (a manera de excusa): "estamos en proceso de cambio". 

Creo que no necesito reflexionar mucho para entender el mensaje de hoy. Soy un joven pastor, misionero con cinco años en la obra (en el lenguaje adventista) y a la verdad cuánta razón tenía aquella mujer ejecutiva de banco: "No se enseña lo que no se vive, y no se vive como no se enseña". Con frecuencia he tenido que luchar con esta verdad y finalmente caer derrotado o saltar victorioso. Y es que es tan fácil enseñar, resulta sencillo hablar y hablar sobre temas aunque no la hayas experimentado, y cuán difícil es vivir de acuerdo a lo que enseñas. Y como siempre, la conclusión es conocida, la solución a decir verdad es simple: Cristo, Jesús, solo Él puede enseñarnos a enseñar con autoridad. ¡Pero eso yo lo sé! ¡Sé que Cristo es el único que puede hacer que yo sea un pastor con autoridad! Pero la gran pregunta es, si sabes ¿por qué no lo aplicas? A mi mente viene una ilustración en la vida de Mahatma Ghandi sobre el niño que comía mucho azúcar, cuya madre se presenta ante Ghandi en busca de consejo sobre el problema con su hijo. El famoso pensador político la escucha y le dice que vuelva dentro de varios días. Cumplidos los días la mujer vuelve a escuchar el consejo sabio de aquél  filósofo: "No comas azúcar". La madre del niño preocupada y sorprendida le dice Ghandi, "¿tuve que esperar varios días para que usted me diga solo eso? ¿ no podía ese mismo día decir este consejo?". El filósofo le respondió: "hace varios días yo también consumía mucha azúcar".

La Biblia dice que Jesús enseñó con autoridad. ¿cómo lo logró? Si leemos cuidadosamente los evangelios descubriremos que la dependencia que Jesús tenía en su padre es realmente sorprendente. Me encanta leer Lucas 18: 1 "Jesús les contó una parábola acerca de la necesidad de orar siempre y no desmayar". Jesús ve a la oración como una necesidad. Una necesidad es diaria, irreemplazable y no negociable. Yo no puedo decir, ésta semana no comeré ningún alimento y no sufrir las consecuencias de esa decisión. La oración, así como la comunión no puede negociarse, reemplazarse ni postergarla. Creo fielmente que si Jesús enseñaba con autoridad, era por la comunión real y limpia que guardaba con Dios. ¿Acaso no has sido testigo de que cuando la comunión con Dios era óptima, tu ministerio, tu vida fue exitosa (y no me refiero necesariamente a éxito humano, sino de paz, esperanza y amor)?

Nadie cae de la noche a la mañana. La caída de los líderes, políticos, deportistas y religiosos es un proceso, no es un evento. Juan Manuel Vargas, futbolista peruano, tuvo un despegue extraordinario en el Catania de Italia lo que le permitió fichar por la Fiorentina... en su mejor momento lo pretendían otros clubes famosos comenzó a relacionarse con asuntos fuera de el césped. No fue un evento, fue un proceso de varios meses, tal vez años, que finalmente lo tuvieron que prestar por bajo rendimiento y problemas de carácter al Génova. Y es que cuando pierdes el foco de tu vida, de tu ministerio simplemente acabarás arruinando todo lo que en años has construido. 

Finalizo esta reflexión con muchas cosas sin decir. Como siempre, quizá confusos al lector, pero quisiera pedir algo: Olvídate de todo, menos de la necesidad de orar y no desmayar. Solo la comunión diaria te protegerá de una caída. Una comunión diaria y real evitará que destruyas lo que por años has construido. La comunión no es fácil, hay que ser perseverante.

¡Dios te bendiga!

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

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