lunes, 17 de noviembre de 2014

Pecador con esperanza


Todos los días estudias la Biblia, o la menos haces lo posible de leer aunque sea el capítulo del proyecto Reavivados por su Palabra, o la matutina quizás en el bus mientras vas al trabajo o al estudio. Oras, no como quisieras o te gustaría, pero al fin y al cabo oras... Intentas ser un hijo de Dios... Sales de casa o inicias el día con un pensamiento: "Quiero caminar contigo Señor". Sin embargo, en cuando inicias tu caminar diario... te encuentras con un sin número de "piedras" que son como "barreras" contrarias a tu decisión tomada: "Quiero caminar contigo Señor". Las música, el sexo, la comida, el internet, la TV, etc... ¿Qué podemos hacer para que nuestra decisión no sea solo producto de minutos?

En este afán y preocupación no poco serio por supuesto, muchos me han dicho como Pepe: "Pastor, yo quiero ser fiel, pero en cuanto salgo a la calle las tentaciones son tan, pero tan grandes que sencillamente muchas veces me olvido de lo que prometí y decidí en mi culto personal con Cristo". Algunos incluso como Ricardo me han dicho: "Me gustaría ir a un lugar donde no haya gente, bullicio ni contaminación para poder estar cerca de Dios, bien cerquita en medio de la naturaleza porque en este mundo corrupto y violento siento que no puedo encontrar la comunión que quisiera con Dios." ¿No has pensado en algún momento lo mismo? Sin embargo, ¿es esa la solución contras las tentaciones? ¿Vivir como anacoretas lejos de la civilización y de la gente pecadora? ¿Vivir alejados de las tentaciones que nos quieren desgraciar la vida?

¿Imagina ir a un lugar lejos de la "gente pecadora"? ¿Serías menos pecador de lo que ahora eres? ¿Crees que aislarte del mundo real y pecador te hará menos pecador o una persona sin pecado? El pecado queridos amigos no es la acción. El pecado es una condición, es nuestra naturaleza. Nuestra vida y ser tiene una inclinación natural por lo malo, lo erróneo. No soy pecador porque hago cosas malas, sino porque así nací desde el vientre de mi madre. Soy pecador porque esa es mi naturaleza. Entonces, peco porque soy pecador y soy pecador porque esa es mi condición, mi naturaleza...

Entonces de nada me servirá ingresar a una cápsula. Una recámara donde solo tenga mi Biblia, mi himnario, mi lección de escuela sabática y libros del Espíritu de Profecía y música del himnario adventista... sin ruido mundano, sin gente pecadora al rededor. Una lugar, una burbuja donde solo esté yo y mis ganas de no pecar en comunión al 101% con Dios. Si ese día no cometo error alguno, aún así seguiré siendo pecador... porque no es pecador quien peca sino quien nace al mundo pecador.

Por eso Pablo dice que no entiende su situación, pues el mal que no quiere hacer, eso hace; y el bien que quiere hacer no lo hace. En su vida no mora el bien. ¿Quién le librará de éste cuerpo de muerte? (Rom. 7) Solo Cristo Jesús tiene el poder sobre la muerte. Solo él venció el pecado. Cuando Jesús venga vestirá nuestras vidas corruptas en incorruptibilidad (1 Cor. 15:54). Jesús viene a limpiar nuestras vidas de pecado, no de las acciones sino de nuestra naturaleza pecaminosa.

Yo espero ese día. Mientras esté en éste mundo real, debo tratar de vencer como Cristo todas las tentaciones pero el pecado lo vence Jesús. Dios no quiere que me conforme con esta vida, no quiere que me deleite en el pecado, sino que aborresca el pecado, viva en Cristo cada día, esperando ese día grandioso cuando Él culmine su obra en mí (Fil. 1:6). El pecado lo vence Jesús. Alabado sea Dios.

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví



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