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lunes, 20 de abril de 2015

¿Qué de bueno puedo conseguir lejos de Dios?


Hace algunos años, cuando era estudiante de teología y realizaba práctica en una iglesia en Lima, conocí a una niña de unos 13 años de edad. Ella era muy talentosa. Dios la había dotado de dones maravillosos. La niña cantaba, predicaba, enseñaba, pertenecía al club de conquistadores y era una de las más hábiles del grupo. Cada sociedad de jóvenes repetía todos los versículos de la devoción matutina de memoria. Era realmente una niña admirable.
Hace unos días alguien me escribió para saludarme por el el chat de ésta red social. Hola hermano Heyssen a los años - me escribió - Hola. Solo respondí mientras intentaba recordar quién era. Sucede que mis contactos de Facebook son muchos desconocidos. No la recordé y después de ver su perfil finalmente fue posible reconocerla. Sin embargo se notaba que ya no estaba en la iglesia. Había fotos de ella en la discoteca, en fiestas. Las publicaciones en su muro eran muy lejanas a la de una joven cristiana. No lo era. Una foto en su muro la mostraba con un grupo de amigas bebiendo cerveza en botella. Dónde estaba aquella niña de sonrisa amplia y mirada sincera?
Cuando al fin recordé quién era. Le respondí preguntándole por su familia. Ella me contó lo siguiente:
"Hace cinco años abandoné la casa por un joven a quién amé mucho. Cuando abandoné la casa también me alejé de la iglesia. Conocí lo que jamás había imaginado. Hubo un tiempo que la vida iglesia se convirtió en un lugar "de aburrido". Nada era atractivo. Mis amigos de colegio (adventista) que no eran adventistas me contaban lo lindo que aún no conocía en el " mundo". Algunas veces me las arreglé para salir con ellos bajo pretextos de estudios y trabajos. Esos lugares eran tan emocionantes. Todo era permitido. Nadie te juzgaba por nada. Comencé a tomar licor a fumar. En casa nadir sabía nada. Mis padres pensaban que yo seguía siendo joven linda de siempre.
Me enamoré de un chico. Él no era cristiano. Yo sabía que no era correcto enamorar con un joven así, pero me gustaba y lo amaba. Yo tenía 17 años y él 19. Nuestra relación era normal dentro de los límites del "mundo". Ante los ojos de la iglesia no. Yo había escuchado seminarios de noviazgo en la iglesia. Muchas veces me aconsejaron. Nada de ello tenía valor en ese tiempo. Hasta que un día me descubrieron.
Mi papá fue a mi cuarto a orar porque yo hace meses no salía a los cultos familiares. Tampoco tenía ganas de hacerlo. Mi biblia y mi lección de Escuela Sabática estaban empolvados de domingos a viernes. Mi familia oraba y oraba, yo tenía cólera y hasta llegaba a burlarme. Todo en la iglesia era aburrido... Fuera de ella, en cambio, todo era divertido, emocionante y chevre!
El pastor me llamó y visitó dos veces. Me habló de muchas cosas pero en mi mente pensaba que el pastor habla porque jamás ha vivido como yo. Era feliz, no veía que era tan feo la vida sin Dios. Ingresé a la universidad nacional de San Marcos, mis padres me pidieron que no lo haga, ellos querían que yo estudie en la UPeU. No acepté pues me parecía que ya estaban queriendo controlar mi vida. Llegué en ese tiempo a odiar al pastor pues él insistía en que mis padres debían enviarme a la UPeU y que yo como hija solo debía obedecer.
En mi primer año de universidad en la San Marcos quedé embarazada. El joven me trató peor que a un animal. Me dijo que él no lo reconocería y que si yo lo quería tener bien, y si no, era mejor para mí. Lloré mucho. Como no tenía cara para ir a casa con ese problema, decidí escapar se casa e ir a vivir al cuarto de aquél chico. Él me dijo que si yo abortaba podíamos vivir mejor y juntos.
Mis padres y hermanos de iglesia no lo podían creer. El primer día viviendo junto al chico que amaba fue triste. Vino borracho y me golpeó. Y allí comenzó mi triste vida hasta hoy. Casi todos los días me golpeaba. Me engañó con cuantas mujeres pudo. No me dejaba salir a ningún lugar. Ni con él ni con nadie. No estudié más. En el cuarto me quedaba todo el día y la noche. Mi vida era un calvario.
Tres años viví así hasta que un día me escapé para ir con otro chico que dijo que me amaba y me aceptaba con todo mi pasado. Como no tenía a dónde ir me fui con él ya que me ofrecía amor, seguridad y libertad. Le creí y de eso solo vi dos semanas. Él era peor que el anterior. Él me hacía trabajar en su tía y el dinero se lo quedaba para ahorrarlo supuestamente. Me golpeaba y humillaba todos los días...
Me cansé de esa vida y después de un año fui a vivir con unas amigas. Hoy vivo "libre" hace un año. Tengo 22 años con una niña de un año y no tengo profesión, trabajo fijo y sin un perro que me ladre.
Cada vez que me levanto me acuerdo de mis padres y los cultos familiares. Cada viernes a la puesta del sol me pongo a llorar por la triste vida lejos de Dios. Tengo vergüenza de volver a mi casa. Sé que nada será igual. Sé que Dios me ama y me perdona pero yo no puedo perdonarme. He hecho cosas muy feas. He hecho cosas terribles que jamás podría perdonar.
Cada vez que miro a mi hijita puedo entender que lo único bueno que tengo habiendo vivido lejos de Dios es ella. Yo imaginé casarme de blanco con un joven cristiano y eso jamás podrá ser.
Amigo Heyssen, ora por mí. Ora para que yo pueda regresar de donde nunca debí salir. No tengo fuerzas, tengo miedo, tengo vergüenza.
Chau".
Lejos de Dios nada bueno conseguirás. Nadie puede ser feliz nadando en aguas turbias después de haber nadado en aguas cristalinas.
Hay tantos jóvenes que piensan que el mundo es lindo. No lo es.

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

miércoles, 10 de septiembre de 2014

¿Soberbia espiritual?


En mi época de estudiante en la facultad de teología de la universidad adventista de mi país, uno de los cursos que me marcó fue Homilética, el arte de predicar. Mi profesor era el Pr. Miguel Salomón y entre varias lecciones llegó el día de la práctica. Las prácticas eran muy interesantes. Cada alumno debía preparar un sermón para presentarlo frente a sus compañeros de clase por espacio de doce minutos. Después de la presentación los compañeros debían destacar puntos positivos y negativos respecto al sermón predicado. ¡Qué nervios!

Los primeros en predicar siempre eran los alumnos de apellidos A, B, C... de Cordero, o sea yo, Heyssen J. Cordero Maraví. Debo reconocer que mis compañeros fueron muy flexibles con los primeros predicadores. Yo prediqué un sermón titulado: ¡Oportunidades! sobre Esaú y su primogenitura. No osbtante, conforme pasaba el tiempo, los críticos se volvieron más duros. Había un compañero que contaba hasta las muletillas: "El predicador dijo 34 veces "¿entienden?", 15 veces "¿No es cierto?, 21 veces "Después", 17 veces "Pero sin embargo", otro criticaba la sonrisa del predicador: "El predicador tiene un sonrisa muy fingida, me parece que exagera...", algunos felicitaban solo la bonita corbata: "Lo que me gustó del predicador es su corbata, combina con su terno". Era un lugar de críticas extremas y curiosas.

Parte del curso también era observar sermones y predicaciones de otros predicadores. El profesor decía: "A partir de ahora ustedes cada vez que escuchen una predicación deben saber qué tipo de sermón es, cómo está estructurado su bosquejo, si es temático, expositivo, qué tipo de llamado aplica... etc.". Y así fue. Todas las veces que escuchaba predicar a alguien me concentraba en el sermón, en los movimientos del predicador, su oratoria, etc... y menos en el mensaje. Y así por buen tiempo difícilmente sacaba lecciones para mi vida sino lecciones para mi profesión, predicador. Es más, ¿pueden creer que le encontré fallas de estructura hasta a los sermones del Pr. Alejandro Bullón? Realmente yo estaba muy loco, muy mal. 

Ya de pastor empecé a empeorar. Lo mismo sucedía al leer la Biblia, cada vez que lo hacía, me decía: "¡Qué buena lección! es un buen tema para predicarlo a los hermanos...", como predicaba todos los sábados... y no escuchaba sermones de otros predicadores sentía que los sermones no son para mí, sino para otros. Mi lucha jamás fue el no estudiar mi Biblia, lo hacía todos los días (hasta hoy gracias a Dios), mi lucha consistía en que era una rutina a secas. No impactaba mi vida, la Palabra de Dios debía impactar la vida de mis hermanos, ¿y la mía? No, la mía no porque yo era pastor supuestamente.  Yo era un soberbio con letras mayúculas: SOBERBIO. ¿Quién es un soberbio? "Persona que se cree superior a los que le rodean por su posición social o económica o por alguna cualidad especial y que lo demuestra con un trato distante o despreciativo hacia los demás". ¿Un pastor soberbio? Sí. Uno bien soberbio.

En mi segundo año de ministerio, en la selva oriental del Perú, Tocache, regresaba de Balsayacu a casa en mi motocicleta a eso de las 19:00 horas y entré a casa del hermano José Huamán de Pólvora a entregar un encargo. Al entrar a su casa junto a su esposa estaban llorando. Al verme me abrazaron y me preguntaron diciendo: "Hermano pastor, ¿los pastores también se desaniman? ¿los pastores también se ponen tristes?". Ese día yo estaba tan desanimado y triste porque regresaba de una iglesia que no respondían a los llamados del pastor, no trabajaban, estaban siempre peleando entre ellos, y cuando llegaba a sus casas estaban tan ocupados que no podían atenderme.

Les miré y les dije que sí. Hoy mismo estaba triste. Y la hermana con voz quebrada dijo: "¿Y la Biblia que usted lee también es igual que la mía? ¿Por qué siento que mi Biblia impacta mi vida al leerla? pastor, préstame su Biblia, porque siento que mi Biblia no me habla...". Lo que me dijo la esposa de José era extraño... Le respondí que no era necesario, la Biblia es una sola. La Biblia tiene poder pero va a depender de nosotros al leerla, debemos ir a la Biblia con oración, esperando a que Dios nos hable a través de las líneas. Con la oración nosotros le hablamos a Dios y con la Biblia Dios nos habla a nosotros. La hermana se emocionó. Oramos junto a su esposo. Fue lindo.

Al regresar a casa en el camino pensaba en mi respuesta. Pensaba en lo que le dije a José y a su esposa... y me pregunté: "La Biblia ¿impactaba mi vida?". Hace cuánto tiempo que Dios no me habló directamente a través de su Palabra. Yo estudiaba la Biblia, la leía todos los días, preparaba sermones con ella, pero jamás para mí, siempre era para mis hermanos. Y esa afán bueno, yo no era bendecido por el poder transformador de la Biblia, la Palabra de Dios.

¿Pastor soberbio? Sí. Soberbio porque sentía que la Biblia estaba escrita para todos, menos para mí. No lo dije jamás, pero con mis actitudes demostraba eso. Dios podía hablarle a todos menos a mí. Desde aquél día allí en medio de la carretera Fernando Belaunde Terry, en la noche solitaria, decidí que todo lo que leería en la Biblia sería primero para mí, después de ser trasnformado yo, debía transformar a la iglesia a través de la Palabra de Dios.

Jeremías dice: "Así ha dicho Jehová: Así haré podrir la soberbia de Judá, y la mucha soberbia de Jerusalén" (13:9). Y verso 10 describe porqué son soberbios: (1) No escuchan la Palabra de Dios, y (2) Siguen las imaginaciones de su corazón. Esa es la soberbia. No es que no lea la Biblia, si la leemos, pero no la escuchamos, no la aceptamos para nosotros mismos... y cuando eso no ocurre, "seguiremos las imaginaciones de nuestros corazones". 

Quiero escuchar, todos los días Tu voz, Oh Dios, a través de tu Palabra hablándome a mí...

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

miércoles, 27 de agosto de 2014

Mi héroe...


Siempre me he preguntado ¿por qué la Biblia dice que debemos ser como niños si queremos entrar al reino de los cielos? (Mt. 18:3). Tengo dos hijos pequeños y veo que son niños pero ya tienen conductas egoístas y otras que jamás hice esfuerzo alguno de que aprendieran o las enseñé. Es más, hay cosas que trato de enseñarles y debemos trabajar mucho para que las aprendan. Yo no enseñé a ser egoístas, pero a veces muestran esa actitud. En fin, muchas personas dicen que los niños y ebrios no mienten. No sé porqué lo dicen, pero yo conozco a niños (es más lo digo más por mí) que fueron muy, pero muy mentirosos y ebrios o "borrachos" que cuando están bajo el efecto del alcohol son súper mentirosos.

En mi generación hubieron dibujos animados que marcaron historia. Los Súper Campeones, Caballeros del Zoodiaco y Dragon Ball. Mi mamá siempre me dijo que debía creer en los signos del zoodiaco, así que creo que fue por eso que jamás me interesó esa serie. Aunque en mi salón de clase todos hablaban de esa serie, no me gustaba. 

Hace algunos días, buscando algunos videos sobre liderazgo en Youtube, me encontré con un video que Los Súper Campeones. Y recordé que en mi niñez hacía locuras por ver ese progarma. Me escapaba del colegio en los recreos porque justamente a esa hora era el canal 4 transmitía la serie. Oliver Atom era mi ídolo, ya quería jugar como él y hacer un "tiro con chanfle" y una "combinación dorada" con Tom Misaki para anotar en la portería de Benji Price o de Richard Tex Tex. Y cómo no ganarle a todos los retos de Steve Hyuga o los hermanos Koriotos... Y bueno, también quería decir a todos que el "Balón era mi amigo". ¿Loco no?

Otra serie animada que me apasionó fue Dragon Ball Z, desde cuando Gokú pelea con su hermano sayajín Raditz y muere. Gokú era mi ídolo. Cuando tenía catorce años vinieron a mi colegio unos evangélicos y dieron un seminario sobre dibujos animados diabólicos diciendo que esa serie era diabólica. Me molesté mucho. Sali del auditorio furioso. Yo no quería creerlo, sabía que sí, era espiritista, pero como yo no me interesaba en las cosas de Dios (no era adventista en ese tiempo. Lo fui a los 18 años) me daba igual. Hice más locuras por ver esa serie animada que daba a los 10 de la mañana de lunes a viernes por el canal 4. En el barrio donde vivía no había energía eléctrica por lo que tenía que ir a la casa de mi mejor amigo a pie unas veinte cuadras. Lo mismo sucedía para ver la serie Drago Ball. Tenía que mentir a mis padres y decirles que tenía tareas, que debía ir a la Biblioteca, y así un sin fin de mentiras hasta que fui descubierto. Y como se imaginarán, pague las consecuencias. Sin propina, barrer la casa, el patio, bañar a los perros, etc., pero eso pasaba, lo que fue más terrible era que ahora sí, no podía ver la serie. No vi el final de la pelea con Freezer. Me dio una pena cuando Gokú sacrificó su vida en vano para derrotar a Cell. Bueno, jamás vi la serie de corrido. 

Oliver Atom y Gokú jamás existieron, no existen ni existirán (aunque les confieso que en viaje misionero a una comunidad de Pucallpa me encontré con un niño de nombre Gokú Vegueta), sabía que eran personajes ficticios pero los consideraba como mis ídolos por muchos años.

Sin embargo, desde que nací yo siempre fui fans de mi padre, Julio Cordero, creo que todos los niños en algún momento. Para mí, mi padre era el más fuerte del mundo, el más inteligente y el mejor de los mejores en todo. Todo lo que mi padre hacía era lo mejor. Cuando un niño de más edad me molestaba, yo le decía: "le voy a decir a mi papá...". Confiaba en el cuidado de mi padre, no había porqué tener miedo si mi padre estaba a mi lado. Cuántas veces fui a la cama de mis padres en las noches de lluvias fuertes y truenos y me dormía entre ellos seguro de que nada malo sucedería. Cuando él jugaba fútbol, era el mejor goleador del mundo. Pero con el pasar de los años comprendería que mi padre era un hombre normal, que me amaba, me protegía, pero habían cosas que él jamás podría hacer aunque quisiera hacerlas. Mi padre, era un héroe limitado, un hombre imperfecto, simple, un hombre nada menos y nada más.

Sabía que todos los ídolos y héroes eran nada, Gokú y Oliver Atom era falsos, siempre lo fueron y yo lo sabía, pero me gustaba ver la serie. Mi padre, mi gran ídolo, con todos sus ganas y amor era un simple mortal, bueno pero imperfecto. Fue así que ingresé a beber aguas hinduístas a creer en la reencarnación y si acaso era falso, creía y soñaba con una sociedad común, una sociedad de igualdad. Admiré la obra de el Ernesto "Che" Guevara entre otros. Leí de todo. Sumergido en esas aguas, le agarré pánico a la Biblia. Mi madre siempre me enseñó de la Biblia, no fuimos religiosos ni practicantes, pero siempre supe de un Dios que nos ama y nos llama. Rechazaba a Dios a toda costa, sabiendo que todo lo que leía y buscaba en las religioses dhármicas era simplemente un escape tonto de la vida imperfecta. Le tenía un terror a la Biblia hasta que un día la leí contra todo pronóstico. Ese día descubrí a un héroe, descubrí a Jesús...

¿Por qué la Biblia dice que debemos ser como niños si queremos entrar al reino de los cielos? Creo que es porque los niños confían en sus padres a ciegas. Sus padres son sus héroes. Sienten seguridad y tranquilidad cuando hay peligro si sus padres están a su lado. Jesús, Dios quiere que yo sea como niño, desea que yo confíe, en Él como un niño lo hace con su padre. Esa es la fe. La confianza en Dios como un niño lo hace en su padre.

Mi padre, mi héroe, mi todo es Cristo. Gracias le doy todos los días por que siempre me buscó y porque permitió que yo le acepte. Quiero confiar todos los día en Cristo, tomarme de sus brazos y no soltarme jamás, jamás... jamás.

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

jueves, 8 de mayo de 2014

¿Cómo vencer la tentación?


Una de las preguntas más embarazosas y difíciles que me hayan hecho, es sin duda: "pastor, ¿usted también tiene tentaciones sexuales?". Creo que todos saben la respuesta. Sí. No obstante, que seas el pastor de los jóvenes, y que la pregunta te la haga un adolescente en un auditorio de más de cien personas, eso sí que no es común. Las tentaciones sexuales, así como muchas otras tentaciones, son eso justamente, tentaciones. No hay porqué alarmarse solamente porque es una tentación sexual. El problema es que para nuestras sociedad las tentaciones y pecados tienen categorías o niveles. Por ejemplo, no es igual matar que mentir. O no comparamos robar que adulterar. Aunque son pecados o infracciones de los diez mandamientos, sencillamente no son uno es más "escandaloso" que otro. Y es que la sociedad se ha inventado ciertas frases que "supuestamente" dicen la Biblia porque tiene que ver con Dios. ¿Ejemplos? "Dios perdona el pecado, pero no el escándalo", "Ladrón que roba a ladrón, tiene 100 años de perdón", etc. Ninguno de los dos dichos son ciertos ni son bíblicos. En fin, no es ese el afán de ésta reflexión, no obstante, es importante dejar en claro que todas las tentaciones, así como los pecados, son iguales. La diferencia está en las consecuencias de cada una de ellas. Así de sencillo.

¿Qué es un pecado? y ¿Qué es una tentación? Pues bien, pecado es infracción de la ley de Dios, esa es la mejor y más clara definición de la ley (1 Jn. 2:4).  Y ¿qué es tentación? Una tentación es una prueba que Dios permite para desarrollar nuestra fe (1 Cor. 10:13). Ojo, Dios permite, no es el que tienta, sino que permite. Es importante, la diferenciación entre pecado y tentación. Pecado es el consentimiento de la tentación, y la tentación es la oportunidad para salir victorioso, es como el entrenamiento de los deportistas para lograr la victoria (2 Tim. 4:7). Entonces, la tentación no es pecado.

¿Por qué escribo éstas líneas? Bien, hace algunos días un joven de mi iglesia me dijo: "pastor, cómo podemos ser fieles en un mundo que nos invita a ser todo lo contrario. Salgo a la iglesia, y subo a un bus y en ese bus escuchamos música no cristiana que nos invitan a mover el esqueleto, bajo del bus y me dirijo a la iglesia y en la entrada de la calle un afiche de mujeres semidesnudas ofreciendo beber cerveza, salgo de la iglesia y en la noche prendo la televisión y todos los programas de la TV son sexuales, son corruptos... así no se puede ser fiel, estamos destinados a pecar....". En realidad así como me describió su rutina, sí que tiene razón, todo, internet, radio, TV, colegios, etc., todo motiva a salirse del camino correcto y "caer en pecado". Entonces me pregunto si Jesús también pasó por lo que pasamos. La Biblia dice: "Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotros , pero sin pecado" (Heb. 4:15). La Biblia no dice en qué cosas fue tentado, pero sí que fue tentado en todo, pero SIN PECADO. ¡Jesús es nuestro mayor y mejor ejemplo! Si él pudo vencer las tentaciones con la ayuda de su padre, entonces nosotros también.

Ahora, en la Biblia encontramos cómo fue tentado Jesús, quién le tentó y cómo salió victorioso (Mt. 4:1-11). ¿Lo vemos?
En primer lugar es el enemigo de Dios, Satanás, quien nos tienta. Eso debes entenderlo. Dios no tienta, Dios permite que Satanás te tienta para que tu fe se desarrolle.
En segundo lugar debes entender que siempre que tu vida sea dirigido "por el Espíritu Santo",  aunque sea el desierto, será un lugar de victorias.
En tercer lugar, hay lago que debes saber, Satanás te tienta con lo que sabe que te puede afectar o hacerte caer en error. No te tentará con aquello que sabe no es tu debilidad.
En cuarto lugar, Jesús venció la tentación porque siempre estaba listo para presentar defenza con la PALABRA, "escrito Está".
En quinto lugar, Jesús venció la tentación porque sabía decir NO. Eso debemos aprender. No debemos sar excusas ni explicaciones, no argumentos contra el pecado. Simplemente decir ¡NO!
En sexto lugar, debes saber que Jesús venció la tentación porque sabía que no hay tentación imposible de vencer. Así dice la Biblia. Todos las tentaciones son posibles de ser vencidos. Algunos dicen, "pastor, usted no sabe mis tentaciones, son muy duras, son muy difíciles...". No, la Biblia dice que no hay tentación imposible de vencer.
Finalmente, no te sientas tristes si eres tentado, alégrate. Dios está permitiendo que tu fe se desarrolle. Si vences hoy, vencerás mañana, y si vences mañana, pasado... pero si por cosas de la vida caes hoy, y amaneces mañana, alégrate, Dios te da una nueva oportunidad.

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví


miércoles, 18 de agosto de 2010

BREVE ANÁLISIS A LA SOCIEDAD ACTUAL



La sociedad actual es preocupante. Los medios de comunicación masiva son cada vez mas “crueles”. Hace un tiempo, asistí a la “Exposición Magistral: Realidad del Periodismo Peruano”, por el reconocido comunicador social y abogado Raúl Tola, en la Universidad Peruana Unión. El periodista es conductor del noticiario semanal: “Cuarto Poder”. Se le hizo un pregunta: “¿Cuál es el fin de la televisión?”, él con tranquilidad y sin problemas respondió: “entretener”. Su respuesta nos hizo entender el porqué la televisión peruana, así como otros países, presentan y emiten programas tan inmorales, cargados de “sexo, sangre, engaños, mentiras, etc.” Hombres vestidos de mujer conduciendo un programa, programas cómicos que lo único que saben hacer para supuestamente ser “amenos” es lucir a mujeres semidesnudas. En fin, tantas cosas que faltan palabras y probablemente hasta libros para escribir.



Existen en algunos colegios del públicos donde en su afán por “educar” a los jóvenes sexualmente, les regalan preservativos, explicándoles cómo se usa y cómo hacer para evitar contagiarse con alguna enfermedad venérea. ¿Eso es educación? ¿Han bajado las tasas de contagio de estas enfermedades? No. ¿Por qué? Porque están apuntando a la rama del problema y no al problema en sí.



La sociedad habla de “no a las drogas” y promueven el cigarro y/o tabaco (aunque para lavarse las manos cual Pilato ante Jesús, pongan en letras pequeñas: “Fumar en exceso es dañino para la salud”), la cerveza de la mima forma ( “si maneja no tome y si toma no maneje”, explícale eso a un ebrio que se cree Súperman…), las drogas y el sexo promiscuo con solo: “usa tu cabeza, usa condón”. Esas son realmente grandes tragedias que hace pensar en que, este mundo cada día va de peor a mal.



Hace un par de años me encontré con un médico que, mientras le explicaba que la masturbación no era correcto en el marco de la Biblia. Él me dijo con sorna: “esas son cucufaterías, la masturbación es lo más sano que puede haber. No es malo, no hace loco, es tan normal y recomendable para descubrir tu sexualidad”.



Un psicólogo me dijo que la religión hace de los jóvenes atrasados e ingenuos en pleno siglo de la postmodernidad. Me dijo que en la actualidad el sexo es sin barreras ni límites. Lo que importa es sentirse bien. La religión reprime la naturaleza del hombre.



Es por ello que hoy no es nuevo ver a dos personas del mismo sexo luchando por sus “derechos” y queriéndose casar por religioso. Y en otros lugares hasta queriendo adoptar a un menos como hijo. Tamaña barbarie, pero no son inventos, basta con echarle un ojo a la televisión cada mañana.



Ptr. Heyssen J. Cordero Maraví

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