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martes, 31 de diciembre de 2013

Pastor por primera vez

A pocas horas de finalizar el año 2013, como muchos de ustedes, hago un balance de mi vida. Sin duda un año de muchas cosas aprendidas, des-aprendidas y re-aprendidas. 


¡Qué año para más maravilloso en Cristo!
Hace cinco años, un 31 de diciembre del 2008 estaba en la ciudad de Pucallpa, esperando emocionado ser presentado como el nuevo pastor distrital de Tocache B por quien fuera, en ese entonces, el presidente de la Misión Del Oriente Peruano, Pr. Gilberto Urcia. Me preguntaba una y otra vez, ¿cómo será ser pastor de un distrito? ¿me aceptarán los hermanos? ¿cumpliré con los desafíos que la misión me ha encomendado? ¿ aprobaré mi año de aspirante? Todas las respuestas eran, CON CRISTO SÍ PODRÉ, SIN ÉL NADA.
Una mes después, un viernes 30 de enero del 2009, el Pr. Gilberto Urcia me presentó como pastor distrital, y también fui ordenado como anciano en la iglesia Central de Nvo. Bambamarca. Fue un día inolvidable. Sí que lo recuerdo como si fuera ayer. Dios fue muy bueno. Una semana después, el 08 de febrero de ese mismo año, me casé con mi amada Charly MRios, mi cómplice en mi ministerio pastoral.

Los hermanos tuvieron mucho amor y cariño con nosotros. Yo había colportado cinco años atrás en ese mismo lugar. Los hermanos no me decían "pastor". Algunos me decían: "Cordero", "Corderito", "Hermano", "hermanito", "hermano misionero", etc. Solo algunos me decían pastor. ¡Qué lindo se sentía! ¡Qué privilegio! Es cierto, no todos estaban de acuerdo de que yo sea su pastor. Era un recién egresado. Jamás había tenido experiencia como pastor distrital, tampoco como capellán, nada de nada... y ese distrito había tenido grandes pastores (solo por mencionar algunos), Pr. Felipe Lucas, Pr. William Vilchez, Pr. Milton Cueva, Pr. Adán Mondragón, Pr. Tapia (cuñado del Pr. A. Bullón quien fuera asesinado), Pr. Isidoro Valencia, Jaime Malca, Pr. Francisco Quinteros y yo reemplazaba a un gran pastor, Pr. Alberto Carranza.
Recuerdo que un hermano dijo: "Cada vez nos mandan a pastores sin experiencia... chibolos de la facultad". ¿Me dolió? ¿Me sentí mal? Claro que sí... muy mal, pero me arrodillaba más veces. Oraba para que Dios me use como Él quiere, no como yo, ni como la misión, sino como Él quiere.

Pasaron los meses y después de trabajar hombro a hombro con los hermanos, sentí que su apreciación hacia mi persona y mi esposa había cambiado. Me sentí amado, respetado y sobre todo valorado por cada hermano, cada iglesia, grupo y filial. "Con lluvia o sin lluvia", fue el lema que nos caracterizaba en la obra misionera. Nada podía detener el avance de la obra. Estuve dos años con mis hermanos de Tocache B, después se dividió el distrito y ahora daban lugar a Tocache C. Yo fui cambiado a otra responsabilidad.

Ah, ¿saben cuándo comenzaron a llamarme pastor todos? Cuando los pastoree. Cuando los abracé, cuando comía con ellos, cuando lloraba y reía con ellos. Cuando me mojé en la lluvia y caí de la moto muchas veces en medio de la carretera empujando mi moto para llegar a un lugar donde podían auxiliarnos. Los hermanos saben cuando su pastor los ama.

Hoy es un nuevo año. Serví a Dios en otras responsabilidades después de estar en Tocache B, hoy estoy en Cieneguilla Apcsur. Trabajé junto a mis hermanos de Cieneguilla que sin duda es diferente a trabajar en la selva. No es igual. Pero el amor y cariño es el mismo, y es que somos hijos de Dios. No me arrepiento de lo que hice en este distrito, sino de lo que pude haber hecho y no lo hice. Es por ello que al iniciar este nuevo año, le doy gracias a Dios porque seguimos hasta el momento acá con la firme seguridad de que será el 2014 UN AÑO DE VICTORIAS EN CRISTO. Hay muchos desafíos, osados, agresivos y como dijo alguien: "atrevidos". Sin embargo, entendemos que solo lo podremos lograr en Cristo!

Gracias a Dios por mi familia, padres y hermanos  de sangre. De manera muy especial a mi amada Charly, a mis hijos Génesis y Ariel. Los amo. Gracias hermanos y amigos que me ayudaron y ayudan a ser un mejor siervo de Dios. 

Feliz año 2014 en Cristo. Un año para conquistar nuevos discípulos, leer la Biblia todos los días y orar como nunca antes. Vamos con poder a Conquistar el 2014 en Cristo!

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Por un pastor y un colportor


A éstas alturas de mi ministerio y desde mi época de estudiante han sido innumerables las veces en que me han hecho la pregunta: "¿por qué decidió estudiar teología?" o "¿por qué dedicó su vida a ser pastor?". Mis respuestas fueron variando conforme pasaron los años. Hoy respondo diferente a mi época de estudiante. Pero en esencia es la misma, pues ahora fundamento mejor (creo) por la experiencia, los años, etc. Pocos saben que ni en mis más remotos sueños imaginé ser pastor. Nada que ver. Yo quería ser abogado, uno dedicado a las obras sociales y a la política. Sin embargo, aunque si conocer a Dios sentí que había un plan para mi vida que yo no podía avizorar de manera clara. No estudié derecho, sino que terminé estudiando enfermería en la Universidad Nacional de Ucayali. Si tú me preguntas ¿por qué? Te puedo decir con franqueza que es sencillamente porque yo quería estudiar a la facultad de Medicina, el detalle era que tenía temor. Así que dije, si ingreso a Enfermería, me cambio al año siguiente (traslado interno de carreras profesionales). Al estar estudiando me di cuenta que enfermería me gustaba, por su "razón" filantrópica se acomodaba a mi filosofía de vida. Estudié un casi tres años.

Al conocer la iglesia adventista, conocí a gente linda, amable y sincera. Conocí a hermanos y pastores, no conocía a muchos pastores, solo a algunos, en cambio, de manera especial al Pr. José Lozano, mi pastor distrital (Pucallpa C). Vi que su familia era una familia cristiana, su forma de vivir era sencilla y abierta, vi que era lo que yo había imaginado solo en un mundo socialista (no era cristiano en esos tiempos). El pastor José Lozano y su esposa eran una inspiración para las familias de mi iglesia. Era evangelista, jóvenes, niños, adultos... era un pastor modelo. Comía entre nosotros, nos llevaba en su carro. Era un varón de Dios. Dije, si he buscado una carrera para servir, para ayudar a la sociedad no hay otra mejor que ésta (pastorado). El amor por Jesús era inmaduro aún. Estaba conociendo poco a poco del amor de Dios y de su iglesia verdadera, es por ello que aún no entendía la verdadera razón del pastorado. 

Cuando comencé a interesarme por las cosas de Dios, conocí a Juan Torres, un colportor permanente (dedicado a vender libros con mensajes de esperanza a tiempo completo) y me pidió que lo acompañe a dar estudios bíblicos y allí me di cuenta que éste hombre era un varón de Dios. Tenia las palabras precisas para cada necesidad de las personas que visitábamos. Sus palabras eran exactas. Las personas le abrían el corazón a Jesús y el oraba por ellas.  De regreso a la iglesia le pregunté: "hermano, ¿yo podría ser pastor?". Él me miró con una sonrisa amplia y me dijo. "por supuesto, creo que puedes ser un pastor". Sus palabras no fueron escuchadas simples. Sentí que era la voz de Dios. Y me dije, si algún día llego a bautizarme en la iglesia adventista, yo seré un pastor. Un pastor según el corazón de Dios.

Al conocer el evangelio y entregar mi vida a Jesús por siempre, decidí también ser un pastor. Tengo apenas cinco años de ministerio y siempre recuerdo cómo fue que quise ser pastor. Quise dedicarme completamente a Dios y a su iglesia, y no encontré otra manera de serlo. Un día alguien me dijo: "¿no podía hacer todo ello sin tener que ser pastor o cree que solo los que van a la facultad de teología pueden ser pastores?". La verdad es que todos somos llamados a ser pastores, y no solo los que van a la facultad de teología. El ser pastor es un título, un cargo o una responsabilidad (pues somos una iglesia de orden como Dios desea que sean las cosas), pero es pastor el que pastorea, y en ese sentido todo hijo sincero de Dios cumple esa función. Entonces la pregunta es: "¿qué es lo que le diferencia a un pastor de la asociación o misión y a un pastor local (anciano)". Simple (tomando las palabras de un sabio pastor RJZ): "Lo único que le diferencia es que el pastor de la asociación está destinado a ser pobre, a vivir con un sueldo definido, y el pastor local (anciano) puede vivir y ser rico, lo que jamás ocurrirá con el pastor de la asociación".

Soy pastor distrital, soy un misionero desde que Dios me hizo entender que la obra es pronta a ser cumplida. Soy un soldado de Jesús y me preparo junto a mi iglesia para la venida magna de nuestro Señor Jesús.

Hace una semana estuve capacitando a los líderes de ministerio personal de la APCSur en Vitarte y entre los participantes vi a Juan Torres, un poco más adulto. Siempre con una sonrisa amplia. Le di gracias públicamente por que un día fue usado por Dios para decirme que sí podía ser pastor.

Dios usó a hermanos, pastores y colportores para ser un pastor. Gracias a Dios por su amor, por su paciencia, por no llamarme por lo que soy, sino a pesar de lo que soy, pero con  la esperanza y seguridad de que en Sus manos seré como Él quiere, a según Su CORAZÓN!

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví


miércoles, 6 de noviembre de 2013

La caída no es un suceso sino un proceso...


Gloria Montalvo en su libro Al borde. La caída no es suceso sino un proceso, describe de manera extraordinaria asuntos éticos de la vida de un líder o pastor en las que muchas veces está propenso a caer o donde se encuentra su talón de Aquiles. Entre varias verdades me impactó la siguiente declaración: "Transferimos a los demás, no lo que hablamos, sino lo que somos". Me emociono a más cuando leo el evangelio de Mateo 7 en los versículos 28 y 29 donde menciona que la gente se admiraba de las enseñanzas de Jesús porque Él enseñaba como quien tiene autoridad. No hay dudas. Jesús es el maestro por excelencia, pero no solo por sus dotes como maestro, por su magna pedagogía o su elocuencia sino por que lo que Él enseñaba era sencillamente lo que vivía.

En mis años de estudiante, cuando dedicaba mis vacaciones al colportaje, llegué a venderle un libro sobre salud a una ejecutiva de un prestigioso banco de la ciudad. No me hubiera comprado el libro a no ser porque usé frases alarmantes como: "sabía usted que el 90% de enfermedades ingresan por la boca?", "¿sabía usted que 600 mililitros de bebidas gaseosas es igual a consumir catorce cucharadas de azúcar?", "¿sabía usted que el pollo a la brasa tiene en demasía el famoso agente cancerígeno benzopireno que es igual a fumar 60 cigarrillos?". Al decir esas frases que todo colportor conoce, la mujer se sorprendió en gran manera y mirándome fijamente a los ojos me dijo: "está usted diciendo que si yo no fumo, al comer un delicioso pollo a la brasa con una gaseosa heladita estoy propiciando una diabetes, que ya lo tengo, y un cáncer al pulmón aunque jamás haya fumado cigarrillos?". Tal como lo escuchó - le dije mostrándole el libro que tenía en mis manos. La ejecutiva tomó el libro entre sus brazos y como si alguien quisiera quitar lo metió en su maletín y dijo: "No hay vueltas que dar, este libro es mío". 

Fue una venta sencilla, al contado y con las recomendaciones que la mujer me dio vendí muchos libros más con éxito. No obstante, la historia no tiene un final feliz. Unas semanas después, un sábado por la noche, después de unas cobranzas saliendo de la iglesia, con unos amigos decidimos darnos un gustito y ¿qué mejor que un pollo a la brasa? Así que nos sentamos al rededor de una mesa y disfrutábamos de la cena, cuando de pronto ingresó a la misma pollería, la mujer ejecutiva del banco, la mujer a la que yo convencí para comprar el libro de salud con el argumento trillado (pero nuevo para ella): "sabía usted que el 90% de enfermedades ingresan por la boca?", "¿sabía usted que 600 mililitros de bebidas gaseosas es igual a consumir catorce cucharadas de azúcar?", "¿sabía usted que el pollo a la brasa tiene en demasía el famoso agente cancerígeno benzopireno que es igual a fumar 60 cigarrillos?". Al verme, sorprendida exclamó: "no debería vender libros de salud Sr. Cordero. No se enseña lo que no se vive, y no se vive como no se enseña". Ya debes imaginarte cómo me sentí en aquél momento. Solo atiné a decirle (a manera de excusa): "estamos en proceso de cambio". 

Creo que no necesito reflexionar mucho para entender el mensaje de hoy. Soy un joven pastor, misionero con cinco años en la obra (en el lenguaje adventista) y a la verdad cuánta razón tenía aquella mujer ejecutiva de banco: "No se enseña lo que no se vive, y no se vive como no se enseña". Con frecuencia he tenido que luchar con esta verdad y finalmente caer derrotado o saltar victorioso. Y es que es tan fácil enseñar, resulta sencillo hablar y hablar sobre temas aunque no la hayas experimentado, y cuán difícil es vivir de acuerdo a lo que enseñas. Y como siempre, la conclusión es conocida, la solución a decir verdad es simple: Cristo, Jesús, solo Él puede enseñarnos a enseñar con autoridad. ¡Pero eso yo lo sé! ¡Sé que Cristo es el único que puede hacer que yo sea un pastor con autoridad! Pero la gran pregunta es, si sabes ¿por qué no lo aplicas? A mi mente viene una ilustración en la vida de Mahatma Ghandi sobre el niño que comía mucho azúcar, cuya madre se presenta ante Ghandi en busca de consejo sobre el problema con su hijo. El famoso pensador político la escucha y le dice que vuelva dentro de varios días. Cumplidos los días la mujer vuelve a escuchar el consejo sabio de aquél  filósofo: "No comas azúcar". La madre del niño preocupada y sorprendida le dice Ghandi, "¿tuve que esperar varios días para que usted me diga solo eso? ¿ no podía ese mismo día decir este consejo?". El filósofo le respondió: "hace varios días yo también consumía mucha azúcar".

La Biblia dice que Jesús enseñó con autoridad. ¿cómo lo logró? Si leemos cuidadosamente los evangelios descubriremos que la dependencia que Jesús tenía en su padre es realmente sorprendente. Me encanta leer Lucas 18: 1 "Jesús les contó una parábola acerca de la necesidad de orar siempre y no desmayar". Jesús ve a la oración como una necesidad. Una necesidad es diaria, irreemplazable y no negociable. Yo no puedo decir, ésta semana no comeré ningún alimento y no sufrir las consecuencias de esa decisión. La oración, así como la comunión no puede negociarse, reemplazarse ni postergarla. Creo fielmente que si Jesús enseñaba con autoridad, era por la comunión real y limpia que guardaba con Dios. ¿Acaso no has sido testigo de que cuando la comunión con Dios era óptima, tu ministerio, tu vida fue exitosa (y no me refiero necesariamente a éxito humano, sino de paz, esperanza y amor)?

Nadie cae de la noche a la mañana. La caída de los líderes, políticos, deportistas y religiosos es un proceso, no es un evento. Juan Manuel Vargas, futbolista peruano, tuvo un despegue extraordinario en el Catania de Italia lo que le permitió fichar por la Fiorentina... en su mejor momento lo pretendían otros clubes famosos comenzó a relacionarse con asuntos fuera de el césped. No fue un evento, fue un proceso de varios meses, tal vez años, que finalmente lo tuvieron que prestar por bajo rendimiento y problemas de carácter al Génova. Y es que cuando pierdes el foco de tu vida, de tu ministerio simplemente acabarás arruinando todo lo que en años has construido. 

Finalizo esta reflexión con muchas cosas sin decir. Como siempre, quizá confusos al lector, pero quisiera pedir algo: Olvídate de todo, menos de la necesidad de orar y no desmayar. Solo la comunión diaria te protegerá de una caída. Una comunión diaria y real evitará que destruyas lo que por años has construido. La comunión no es fácil, hay que ser perseverante.

¡Dios te bendiga!

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

martes, 8 de octubre de 2013

Un pastor jaujino



"Te voy a prestar un caset que te va a ayudar mucho. A mí me ayudó mucho y sé que hará lo mismo contigo". Fueron las palabras de Simón, uno de mis primeros amigos adventistas. Simón me los prestó seguro de que si yo escuchaba al menos un sermón, mi vida sería tocada por el poder de Dios. Lo miré extrañado por tanta confianza y fe en ese caset nada pomposo ni extraordinario. Medio incrédulo, llegué a mi casa y escuché por primera vez a un predicador con voz melancólica, triste y como queriendo llorar. El sermón trataba sobre el pecado de David con Betsabé. Fue después de escuchar el sermón que entendí porqué Simón le tenía mucha fe al caset. Realmente el sermón fue poderoso.

Confieso que fue uno de los sermones que llegué a memorizar porque la escuché una y otra vez. Es más, confieso que fue uno de los sermones que más prediqué cuando fui colportor en Tocache y Tacna (en mis primeros años de estudiante de teología). Y fue ese sermón que innumerables veces  me llevó a recapacitar en mi vida y a tomar un rumbo correcto (en mis tiempos de estudiante de teología) pues jamás pude olvidar una de las frases que aquél predicador dijo: "No te puedes imaginar qué cosas maravillosas y bonitas puedes hacer con Dios, pero así también no puedes no te imaginas qué terribles cosas puedes hacer cuando estás sin Dios" (amigo Eduardo, la frase no es mía, pertenece a un gran predicador...).

Mi amigo Simón me preguntó después de una semana, "¿qué tal? ¿escuchaste al pastor Bullón?". Lo miré extrañado y le dije: "¿pastor qué...?". Emocionado me miró a los ojos diciendo: "Pastor Alejandro Bullón, ese es el nombre del predicador del caset que te presté". En mi tierra natal, Jauja, el apellido Bullón es muy conocido, fue por ello que me sorprendió que aquél predicador se apellidara así. Y al confirmar que efectivamente se el predicador de caset se apellidaba así, le conté que el sermón me gustó y que me gustaría escuchar otros sermones más.

Fue así como un joven jaujino fue tocado por el poder de Dios a través de un caset del Pr. Alejandro Bullón (tiempo después supe que el Pr. Bullón también era de Jauja, la primera capital en la historia del Perú). Me volví un fiel seguidor de sus sermones, sus artículos y libros. El segundo libro adventista (después de El Conflicto de los Siglos) que leí fue Fuerzas para vencer. Uno de los libros más impactantes que leí. Era como si el Pr. Bullón escribiera ese libro sabiendo mi vida, como si me conociera... hablaba de mi vida, de mis luchas, temores y ... Simplemente era un libro que necesitaba un joven recién bautizado queriendo ser fiel a Dios en medio de un mundo de dificultades.

Fue en la casa del Pr. Isidoro Valencia (actualmente pastor jubilado) donde terminé de leer aquél libro. Sentí el llamado de Dios claramente. Confirmé el llamado de Dios para ser un misionero, un pastor. Lloré de emoción al saber que había un Dios de amor que me amaba como nadie más podía hacerlo, ni mi madre. Ese día, un 26 de diciembre del 2003 descubrí que amar a Jesús era todo.

Mi amigo Simón no estuvo equivocado cuando me dijo que los mensaje del Pr. Bullón me ayudarían. Lo hicieron, pero fue Dios a través de él, a través de los mensajes del hoy por hoy, el evangelista peruano más grandes de todos los tiempos (y es de Jauja...una pequeña ciudad detenida en el tiempo, católica, tradicionalista, supersticiosa, bohemia a más...). Yo mismo muchas veces regalé DVDs o CDs del pastor Alejandro Bullón con mucha fe, con oración, con la confianza en que Dios usará los mensajes del predicador para llamar a los que aún no lo aman.

Cuando llegué a la universidad adventista de mi país, muchos de mis compañeros hablaban del pastor Bullón como un ídolo (no me sentí solo), como un ideal a alcanzar. Todos queríamos ser como el pastor Bullón, evangelistas. Era interesante que en cada exposición, presentación de algún tema, aunque no sea relacionado al evangelismo la mayoría de mis compañeros no hablaban, sino predicaban... como el Pr. Bullón... como queriendo hacer llamados (era interesante, y eso que no les cuento cómo fue el curso de homilética... les contaré en otra oportunidad). 

Tiempo después, en julio del 2004 el Pr. Bullón predicaría en la Plaza de Toros de Acho en Lima. Era la primera vez que lo escucharía en vivo y en directo. Lamentablemente lo vería desde las graderías... a lo lejos. No me importaba, lo importante era que lo vería y escucharía. Cuando cantábamos mientras el orador entraría en escena, miré hacia el palco oficial y principal de la plaza, que estaba  como a 50 metros de mí, lo vi por primera vez. Era el Pr. Alejandro Bullón. Mi corazón se estremeció, era el predicador que Dios usó en varias oportunidades para darme lecciones.

Después de algunos años lo volvería a ver otra vez en la Universidad Peruana Unión, vino para el sepelio de su madre. Lo vi de cerquita. Solo lo saludé... pero no me animé a tomarme una foto con él ni a pedirle unas palabras... porque sabía que no era el momento adecuado. Me sentí triste por no haberme tomado una foto con mi "ídolo" (deben entender por favor... pido me entiendan. Es como si yo fuera jugador juvenil de fútbol y él fuera el Messi del evangelismo, algo así).

Actualmente soy un joven pastor. Trabajé en Tocache, Pucallpa, Iquitos y ahora en Lima. Hasta ahora no he tenido la oportunidad de saludar al Pr. Bullón, darle la mano y abrazarlo... y tal vez agradecerle por sus mensajes. No sé si algún día tenga el privilegio de hacerlo. Algo sí sé, es que si no es en esta tierra, al menos tengo la esperanza de hacerlo en el cielo. Donde de seguro podré hacerlo sin ningún impedimento...

Es posible que tú y el Pr. Bullón sean amigos, es probable que tú hayas conversado, comido y jugado con el Pr. Bullón y que para ti no signifique mucho lo que he escrito hoy. Es posible que creas que he escrito una tontería y que no crees que es correcto ensalzar ni admirar tanto a un humano. Es posible. Hace dos años fui a un Concilio de Publicaciones en el Brasil y conocí a un pastor argentino que contó que en algún momento conoció al Pr. Bullón. Dijo: "Yo toqué tuve la Biblia del Pr. Bullón cerca de diez minutos... él estaba orando en el camerino y cuando salió le entregué su Biblia y me dijo: "Gracias hijo". Sentí que un hombre de Dios me habló...". No me avergüenza contar y escribir lo que hoy lees. Sin duda el Pr. Bullón es un hombre de Dios. Sus mensajes son hasta hoy como bálsamo que Dios usa para hablarme al corazón.

Dios bendiga el ministerio del Pr. Alejandro Bullón, mi paisano.

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví
 

martes, 5 de julio de 2011

Como ángeles...


¡Qué triste es este lugar…! Casas a medio construir, todas tienen esa característica. Como si hubieran estado en pleno trabajo, y de pronto alguien les hubiera interrumpido. Así lucen las construcciones tocachinas. Azotada por el terrorismo y el narcotráfico, la pequeña ciudad es conocida hasta hoy por las terribles cosas que les tocó vivir. La gente camina y no deja de mirarme. Han notado que no soy de aquí. Llegué ayer, y por la gracia de Dios encontré auspicio.
            Estoy hospedado en la casa de un pastor. El día en que acepté a Cristo a través del bautismo, el 10 de noviembre del 2001, me dieron la bienvenida con un cántico que entre varias cosas decía: “Bienvenido tú serás a la familia…” Jamás entendí a cabalidad, el valor de la hermandad en la iglesia, hasta hoy. Personas que jamás he conocido me acogen en su hogar como si yo fuese parte de su familia.
            A pesar de ello la melancolía invade mi ser de vez en cuando. Estoy listo para empezar la labor del colportaje. Será mi primera vez. Recuerdo nítidamente la vez que pregunté a un pastor: ¿Qué es el colportaje? El pastor con sonrisa entre sus labios me dijo: “es predicar a través de libros”. Pues bien, ahora estoy haciendo justamente eso, predicando a través de libros.
He intentado colportar a varias casas, y nada de nada. No soy bueno para las ventas, eso de seguro. Jamás fui de fácil palabra. Mi papá decía que a mí la “vergüenza me impedirá alcanzar mis objetivos”. Creo que es así.
Son más de medio día, y no he almorzado. No es que no tenga dinero, pero quiero vender al menos un libro o revista. ¡Qué dolor…! Mis pies piden descanso, creo que fue todo por ahora.
Camino a un parque para descansar no puedo evitar recordar a mi familia. Tantas veces no queriendo almorzar, negándome a sentarme a la mesa por jugar play station. Hoy todo es diferente. Ante mí pasa un joven con camisa blanca manga larga y pantalón negro, parece un testigo de Jehová. Me mira y me saluda amablemente. Nota que estoy llorando y se acerca para decirme: “No hay problema que Dios no pueda solucionar”. Se sienta a mi lado, y vuelve a hablar: “¿Deseas contarme lo que acontece en tu vida?”. ¡Oh no! Creo que es un testigo de Jehová… ¡Qué vergüenza…! Me armo de valor y le digo: “Soy misionero adventista, y soy novato en esto, extraño a mi familia, creo que ya pasará…”. Él me mira a los ojos y me dice: “Hacer la obra de Dios no es sencillo, pero experimentarás bendiciones extraordinarias, ya lo verás”. ¿Quién fue ese tipo que después de decirme esto se marcha sin mirar atrás? Quiero alcanzarlo, voltea la esquina y aunque lo busco no lo encuentro. ¿Habrá sido un ángel?
La mensajera de Dios dice: “Necesitamos comprender más plenamente la misión de los ángeles. Sería bueno recordar que cada verdadero hijo de Dios cuenta con la cooperación de los seres celestiales.  Ejércitos invisibles de luz y poder acompañan a los mansos y humildes que creen y aceptan las promesas de Dios; hay a la diestra de Dios querubines y serafines, y ángeles poderosos en fortaleza, "son todos espíritus administradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de salud." (Heb. 1: 14).”[1]
Son las cinco de la tarde, he visitado 23 casas, 15 me han aceptado conversar y nadie, absolutamente nadie me ha comprado ni una revista al menos. Por mi mente pasa un sin fin de cosas. Camino la avenida principal de la ciudad cuando de pronto una niña me dice: “¿No le da calor usar corbata en pleno sol?”. Le respondo: “Soy misionero, y así se visten los predicadores…” La niña me coge de la mano y me dice que vayamos a la casa de su abuelita, pues está muy enferma. La acompaño, llego a la casa precaria y la niña exclama con un llanto entre cortado: “Mamita, he traído al padrecito, él es misionero y predica, él va a orar para que te sanes”. La abuelita Rita, yace en una cama sucia, el olor no es agradable al ingresar a la habitación. La pobre anciana me dice: “Ore padrecito para que de una buena vez me muera o me sane”. Le pido que cierre sus ojos y que crea que Dios es el único que la sanará.
Después de orar, la niña me pide volver al día siguiente. Le prometo que así será. Camino en dirección a la casa pastoral, y no puedo olvidar el rostro de confianza y tranquilidad de las dos mujeres después de orar.
Pienso en qué diferente sería mi vida si ese tipo de confianza y fe me acompañaran a cada instante.
El día ha culminado, varios ángeles han impactado mi vida: El pastor y su esposa, el “Joven de camisa blanca” y la niña en busca de remedio para su anciana abuela. Los ángeles me han hecho sentir que no estoy solo, y que hay algo por hacer, soy un misionero.

Tocache 30 de noviembre del 2003

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví


[1]Elena G. de White, Los hechos de los apóstoles (Buenos Aires: ACES, 2005), 127.

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