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viernes, 11 de enero de 2019

MI PRIMERA BIBLIA 📖


¿Recuerdas la primera vez que leíste la Biblia? Yo sí. Fue un miércoles 08 de agosto de 1999. Eran las 6:30 am aproximadamente, desperté después de una noche con un sueño extraño. Soñé una especie de fin del mundo y la segunda venida de Jesús.
Al levantarme de la cama fui a mi pequeña sala que tenía un librero donde estaba un empolvado libro: era la Biblia. No sé cómo llegó allí. Tomé la Biblia y cuando la abrí, mis ojos se fijaron en un verso que decía: “HE AQUÍ, VIENE CON LAS NUBES y todo ojo le verá, aún los que le traspasaron; y todas las tribus de la tierra harán lamentación por Él; sí. Amén”, me di cuenta que era el libro de Apocalipsis. Automáticamente sentí un temor tan grande que me llevó a cerrar la Biblia. SENTÍ MIEDO 😳.
Fue así que leí la Biblia por primera vez, a mis 14 años. No lo leería más. 
Después de algunos años, un sábado 12 de Mayo del 2001, leería por segunda vez la Biblia en un templo adventista del séptimo día. Desde aquél día, lo leo todos los días, y el libro de Apocalipsis es uno de mis libros favoritos. Y es que entiendo que es una carta de amor de Jesús para saber que Él está al control de mi vida y de su pueblo. Ciertamente vendrá en breve a ponerle fin al pecado y sufrimiento. Esta es la más grande ESPERANZA!
Hoy al recibir el sábado les contaba esto a mis hijos, a Génesis y Ariel. Esta Biblia me acompañó hasta cuando estaba estudiado el 2do año de Teología en la UPeU y cuando me fui a Colportar por primera vez, mi entonces novia Charly Rios (hoy mi amada esposa) lo forró con tanto cariño y hasta hoy, después de 15 años sigue siendo una Biblia muy especial.
Gracias a Dios por Su Palabra.
Gracias a Dios por que siempre tenías un plan para mi vida.
Gracias a Dios porque un día alguien le regaló esta Biblia a mis padres. ¿Quién? No lo sé. Pero de seguro fue alguien enviado por Dios.
Feliz sábado!!!

lunes, 28 de julio de 2014

Ctrl C - Ctrl V: ¿Plagio pastoral?


Hace algunas semanas leí un artículo: "Plagio académico. La generación del copia y pega" por Miguel Ángel Núñez, escritor y téologo chileno, quien describe de manera interesante una triste realidad entre los estudiantes de hoy. El robo de ideas o de pensamiento como un peligro que es más que copiar y pegar, sino que también implica el estancamiento de investigar. Sin duda el internet ha facilitado el proceso del plagio a un solo clik. Este asunto es serio y preocupante por supuesto, y merece nuestra atención.

Me pregunto si existirá plagio dentro del círculo pastoral. Escuchar un sermón de otro colega, ver un sermón en youtube o leer algún sermonero y presentarlo en un púlpito como si fuera yo el autor, eso es plagio. 

Aún recuerdo las clases de homilética en mi época de estudiante en la facultad de teología. Recuerdo que en el último tramo del curso teníamos que presentar un sermón frente a nuestros compañeros. Allí descubrí que muchos predicaban como el famoso evangelista peruano Pr. Alejandro Bullón. Su estilo, sus frases conocidas como: "Oh querido, tú eres la cosa más linda que Dios tiene en éste mundo" o "Puedes correr la vida toda...". En fin. Muchos compañeros repetían con puntos y comas los sermones archimegaconocidos del pastor Bullón.

No está mal predicar un sermón de algún predicador. El problema está en no darle el crédito. Podríamos decir por ejemplo: "El mensaje que presentaré es una adaptación  del pastor..." o "El seminario que presentaremos fue preparado por el pastor...", etc. Lo correcto es darle el crédito a aquél que ha hecho un esfuerzo de estudiar, investigar, recopilar, analizar... y por supuesto todo eso es trabajo. No lo hizo de la noche a la mañana o en un abrir y cerrar de ojos. Yo mismo en muchas ocasiones he predicado o expuesto sermones y temas que no fueron míos, pero siempre con honestidad he dejado en claro quiénes son los autores. Eso habla bien de uno. En cierta oportunidad me dijeron al finalizar el sermón: "Pastor, ese sermón lo escuché del pastor... justamente como usted mencionó". ¿Qué hubiera pensado el hermano si yo no hubiera mencionado que yo no era el autor sino el pastor...? De allí la importancia de ser honestos.

Un hecho común de plagio en la actualidad es postear a través de las redes sociales de Twitter y Facebook por ejemplo, una declaración que le pertenece a otra persona como si fuera nuestra. El plagio es un robo en definitiva. Plagio es como bien dice Miguel Ángel Núñez: "Copiar, pegar y presentar un trabajo como si fuera propio, cuando lo único que se ha hecho es hacer el mínimo de esfuerzo, crea condiciones éticas para que se produzcan otros problemas aún más complejos".

En alguna oportunidad me preguntaron si tenía un artículo sobre un tema en particular y si lo podía dar para que sea publicado en una revista denominacional. Les dije que sí, solo con una condición: Que respeten los derechos de autor. Me aseguraron que así sería. Después de algunos meses me di con la sorpresa de que el artículo fue publicado, no obstante, tenía como autor a aquél que me aseguró que el artículo tendría mi nombre y apellido como autor.

Hace algunos días, en casa, le mostraba a un amigo todos los artículos que había escrito y que habían sido publicados en revistas denominacionales, universitarias, así como manuales, sermoneros y en uno de ellos se percató que había uno que no tenía mi nombre como autor. Me dijo: "¿Y éste?". Le respondí: "Ese lo escribí pero no pusieron mi nombre... mi esposa, Dios y el dueño de aquél nombre que aparece allí saben que yo soy el autor. Eso me basta y sobra". Me dijo que debí sertirme mal. La verdad sí. Aquél día me sentí mal, pero gracias a las palabras de mi esposa me sentí feliz. Mi esposa me dijo que lo importante es que yo lo escribí y eso indica que lo que tienes que seguir escribiendo.

Hace algunos días me llamó la atención una reflexión vía Twitter interesante por su título. Hice click en el enlace y me direccionó a un blog de un conocido pastor que por cierto lo he visto predicar muchas veces. Al leer la reflexión me di cuenta que era muy buena. Al finalizar llevaba su nombre como autor. Sin embargo, habían construcciones literarias que no parecían ser de su autoría. Así que copié y pegué en Google el título para buscar y para mi sorpresa, el título, así como el contenido pertenecían a otro autor más famoso que él por cierto. Me dio pena esa actitud. Ahora en Google lo puedes encontrar todo y con facilidad puedes descubrir plagios. ¡Cuidado! El plagio es pecado, no habla bien de uno. El plagio es el robo de pensamientos.

Eso me recuerda lo que pasó hace algunos meses cuando fui invitado a dar una charla sobre Grupos Pequeños en un encuentro de líderes de un distrito misionero. Mientras esperaba mi turno para la exposición, escuchaba a otro orador que tristemente presentaba un seminario que yo mismo lo había elaborado hace un año y que lo colgué en slideshare.net. Triste no porque lo presentara, eso me hace sentir feliz y para eso lo cuelgo en internet, lo que me incomodó y causó mi tristesa es que tenía en todas las presentaciones escrito su nombre y apellidos.

¿Quién no recuerda al famoso escritor peruano Alfredo Bryce Echenique acusado 32 veces por plagio? Tampoco podemos olvidar a Guillermo Giacosa columnista peruano de un prestigioso diario. El plagio por ser un robo literario tiene "patas cortas" y por supuesto es pecado y necesita perdón de Dios. Seamos honestos. No robemos. Es posible que alguno al leer ésta reflexión crea que es producto de venganza. No lo es, ya lo dejé en las manos de Dios.

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví


viernes, 24 de mayo de 2013

Pastor preparado


Harry Sinclair Lewis, escritor estadounidense (Premio Novel de Literatura en 1930) y conocido también como el autor del discurso más corto del mundo (aunque para no pocos el discurso corto más famoso sea el de Bryan Dyson, ex presidente de la Coca-Cola de quien hablaremos en otro momento) expresó alguna vez frente a estudiantes universitarios que deseaban ser escritores: 
"¿Quién de ustedes desea de verdad ser escritor?. Entonces están perdiendo el tiempo aquí. Si desean de verdad ser escritores, vayan a su casa y pónganse a escribir, escribir y escribir".
Sinclair Lewis no estaba equivocado, pero le faltó un consejo más. Jaime Bayly (alguno se puede rasgarse las vestiduras por mencionarlo, perdón...perdón, perdón) escribió alguna vez en una columna de Peru21: "jamás fui un buen escritor porque jamás fui un buen lector" .
Creo que Sinclair Lewis y Jaime Bayly presentan dos consejos extraordinarios para todo escritor principiante (ya no diré aficionado, pues no hay escritores aficionados, ya que desde el momento que escribes y lo publicas has ingresado al terrenos de las piedras, palos y peluches  "críticas", "y algunas que otras felicitaciones"... para consuelo al menos): ESCRIBIR y LEER. Y es que el buen escritor no ESCRIBE COMO HABLA sino como LEE. Así de sencillo y simple. Es por ello que con frecuencia los buenos escritores no son tan buenos oradores, y algunos, claro, algunos sí.

Leer y Escribir es igual a la TEORÍA y la PRÁCTICA. En toda área de la vida, necesitamos esos dos elementos. El mecánico que desea ser mejor cada día debe no solo pasársela arreglando motores, armando y desarmado sino que debe separar tiempo para estudiar y enterarse de los avances de los motores... lo que pretendo decir es que no debemos trabajar con la cabeza agachada, como si lo que conocemos es lo único y eterno y que no hay nada nuevo en adelante.

Pues bien, en el ministerio pastoral la TEORÍA y la PRÁCTICA es más que necesaria. Para ser un buen pastor, al agrado de Dios (Jer. 3:15) es necesario visitar, predicar, planificar, etc, pero no solo eso sino que es imprescindible que vayamos cada día "afilemos el hacha", que cada día leamos buenos libros, nos capacitemos... hay tantas formas. Es interesante notar que somos pastores de gente que piensa, lee y conoce temas diversos, pero ¿qué sucede cuando yo como pastor solo me dedico a trabajar cual "torito en yunta" sin mirar a los lados ni arriba? La iglesia necesita líderes preparados, que trabajen mucho sí, pero que se preparen cada día, en primer lugar a los pies del PASTOR de PASTORES, y después en diversos temas y aspectos que harán un ministerio más fructífero que pueda atender a las necesidades de las ovejas.

El buen escritor no escribe como habla sino como lee. Dime, ¿qué tipo de pastor quieres ser? Yo quiero ser un buen pastor, que pastorea no como habla, sino como lee, y lee la PALABRA DE DIOS en primer lugar.

Que Dios te bendiga!

domingo, 20 de marzo de 2011

La letra mata...!

Ayer y hoy vi muchos libros que me han llamado la atención (me gusta leer). ¡Hay tanto para leer! recorrí la biblioteca y hay libros que me gustaría leer, que sin embargo, creo talvez, jamás podré ni siquiera leer sus introducciones.
Cada vez que veo libros que hablan de ti, me viene una gran sed de ti Oh Dios. Una sed que quisiera apagar al instante, pero me doy cuanta que esa sed es imposible de apagar con leer esos libros (por buenos que sean).
Un día, cuando Jesús, tu Hijo, estuvo en esta tierra nos dijo que son “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia…” (Mt. 5:6).  Lo que aprendí hoy es que esa justicia no es otra cosa que el anhelo humano de la justicia que es Cristo, es decir, sed de conocerlo, de tenerlo.
Cristo hoy se revela a través de su Palabra, esa espada de dos filos (Heb. 4:12), aquella Palabra que testifica y da testimonio de Cristo (Jn. 5:39).
Hay tanto por leer y aprender de tu Santa Palabra  oh  Dios.
Pablo escribió alguna vez: “Él nos capacitó para ser ministros de un nuevo pacto, no de la letra, sino del Espíritu. Porque la letra mata, pero el Espíritu da vida.” (2Cor. 3:6).
Oh Dios, he leído varios libros. No pretendo darme de un prolífico lector, o que leo centenares de libros. Sin embargo, he leído y no siento haber cambiado en mi carácter, mi vida.
He leído libros de oración, y no oro como debería orar, he leído libros de amor al prójimo y no amo como me enseñó aquél autor a amar a los demás, he leído sobre la Segunda venida de Cristo y no espero con la preparación debida Cristo, he leído…etc.
A veces me siento a punto de decir como el joven rico: “¿…qué me falta para heredar la vida eterna?” Al pensar en ello Oh Padre, sólo puedo recordar en lo mismo que  Cristo les dijo a los escribas y fariseos: “Ustedes leen la Biblia porque creen que leyendo tienen la vida eterna, sin embargo, son ellas las que dan testimonio de Mi…” En otras palabras, creo que hasta hoy he estado yendo por el camino correcto, pero por la vereda, y no por el camino en sí. Quisiera hoy Señor, buscarte a ti, no buscar preguntas y respuestas, problemas teológicos y asuntos de hermenéutica, quiero buscarte a Ti Cristo, pues ellas dan testimonio de Ti.
Quisiera orar por aquellos estudiosos y teólogos, que cuanto más saben más y más crece su orgullo y se vuelven casi igual que los hombres sabios con sabiduría humana o satánica. Al pensar en eso, y analizar mi condición, me siento mal.
Finalmente, Cristo en una parábola explicó diciendo a manera de conclusión lo siguiente: “… A quien se le dio mucho, mucho se le reclamará; y al que mucho se le confió, más se le pedirá.” 
Dame fuerzas Señor, en el nombre de Cristo tu amado Hijo, amén.

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví
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