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lunes, 15 de agosto de 2011

Un gran amigo


Cuando conocí la Iglesia Adventista del Séptimo Día, esporádicamente comencé a asistir a la iglesia central de Pucallpa, pero como era muy distante de mi "dulce hogar" decidí asistir al humilde y rústico templo cerca (en realidad eran cinco largas cuadras) a mi casa (mejor dicho, a la casa de mis padres cuando aún no la vendían). 


El tercer sábado del mes de mayo del año 2001 es para recordar. Un día especial sin duda. El sol era inclemente y el polvo insoportable. No veía la hora de llegar al rústico templo adventista  a unas cinco laaaaargas cuadras de mi casa (jamás fui simpatizante de las caminatas...). 

Cansado del camino polvoriento al fin llegué a la meta. Con un Jean, polo negro estampado con la imagen de los Guns N' Roses en la espalda, y zapatos deslustrados llegué al fin. Cabello un tanto crecido al estilo de Servando y Florentino de aquellos tiempos, cargaba mi mochila azúl y dentro de ella, una Biblia que por años vi guardada entre algunos libros sin uso de la casa. Al hacer mi ingreso al patio de la iglesia, un jovencito de piel morena, peinado a la goma, con dientes blancos y enormes al verme sonrió y me dio la bienvenida. Un tipo muy distinto a mi (no lo digo por el color), sino más bien por su vestimenta pulcra y bien alineada. Al saludarme pensé que sin duda se encontraban: el bien y el mal, y por supuesto yo era el mal.

Fue así como conocí a mi gran amigo Gilbert. Él fue el primer adventista de darme un saludo verdaderamente adventista. Una bienvenida sincera, sin pre-conceptos ni discriminaciones. Pienso en qué hubiera ocurrido si aquél jovencito de piel morena no me hubiera dado una bienvenida así. Dios tiene sus planes y no hay duda de ello, esos planes son sin embargo, más grande y preciosos de los que la mente finita puede imaginar. Hoy me reencontré con ese gran amigo: Gilbert. Después de 10 años de amistad sincera, recordé una vez más la importancia de la amistad.

Le solíamos bromear por su color de piel. Él jamás respondía con espíritu de rencor sino que con voz simpática decía: "seré negrito, pero tengo mi cerebrito", como en la TV decía el "negro mama". Con él aprendí a valorar la amistad, a ser amigo y buscar a Dios en primer lugar. Por su forma de actuar parecía que iba a ser pastor. Su conocimiento sobre la Biblia y el trabajo en la iglesia era admirable. Era un ejemplo de joven cristiano.

Hoy mi gran amigo Gilbert cursa el 5to año de Ingeniería Electrónica en una prestigiosa universidad del Perú y sigue siendo el buen amigo de antes. Las cosas parecen no haber cambiado. Dios lo ha bendecido sin duda, a pesar de dificultades miles que le ha toca vivir en su corta vida, ha logrado salir adelante con el poder de Dios. Hoy yo soy pastor, y si me preguntan cómo me hice adventista debo empezar contando lo que hoy conté. Con una bienvenida morena.

Ahora entiendo más nítidamente a lo que Dios dice en el Salmo 138:8, que Dios cumplirá su propósito en mi. Era sin duda el plan de Dios que el jovencito de piel morena esté en la puerta para que con amabilidad y simpatía me de la bienvenida, no importándole mi indumentaria, mi apariencia malandrín, nada de nada. Gracias Dios por tu amor, por los medios que usas para llamarnos y por el maravilloso don de la amistad.

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví



lunes, 1 de agosto de 2011

El poder de una palabra

Las palabras son como cápsulas. Algunas son medicina y otras simplemente son veneno. No hay duda que cada palabra carga un significado trascendental. Con una palabra puedo levantar al caído y con otra simplemente enterrarlo.
El poder que tienen las palabras es asombroso.
Hoy fue un día terrible. Experimenté en carne propia el triste efecto de una palabra venenosa. Me han ofendido. No fue nada- me dijeron algunos amigos queriendo animar a mi caído ego. Aunque debo confesar que lo mismo que me dijeron, yo mismo lo había dicho a otras personas. Hoy, como una película, las imágenes y recuerdos desfilaban nítidos mostrando que varias veces probablemente o con gran seguridad ofendí a otros.
Cuando mis delicados oídos escucharon las palabras cargadas de veneno de aquél individuo de mirada larga y burlona, mi corazón sintió desfallecer. Mi respiración se aceleró. Una gruesa saliva sufría en abrirse paso a través de mi dura garganta. Mis manos trabajadoras sudaban sin cesar, y como cereza de torta: mi rostro andino y trigueño cambió de color expresando a leguas una vergüenza terrible.
Después de todo, hoy entendí que Jesús nos se equivocó cuando dijo que no hagamos a otros lo que no queremos que nos hagan. Yo ofendí a muchos. Hoy me ofendieron y entiendo con dolor lo que debí aprender antes. Así somos sin embargo, bien dicen es de sabios aprender de los errores de otros...


Pr. Heyssen J. Cordero Maraví


martes, 29 de junio de 2010

A mi hijo...


Hijo mío, hace poco abriendo el libro de mis recuerdos, encontré una carta que para ti escribí, antes de conocerte, antes de hacer realidad mi sueño de adolescente.

En aquel entonces te materialicé para escribirte estos deseos, y hoy que estás conmigo, no he dudado en volver a escribirte.


Cuando pensé en ti, sembré un árbol con la intención de que juntos nos cobijáramos bajo su sombra refrescante y platicáramos sobre tus triunfos y derrotas.


Cuídate del mañana, está lleno de promesas.


Aún cuando se afirme que el mañana no existe y que solo es fantasía, a pesar de todo, siempre habrá un mañana en tu vida y probablemente esté lleno de engaños, de mentiras, falsedades, intrigas, maldades, desengaños y traiciones.


Mientras tanto, disfruta de tu presente, de tu mundo de inocencia y candor.


Si el creador te permite crecer, entenderás la diferencia entre lo bueno y lo malo, entonces comprenderás los errores de mi vida.


Da gracias a Dios, porque cada día te permite arrancar una hoja al calendario de tu vida, esto fortalecerá tu espíritu y estarás en comunión con EL. Nunca acuses, ni señales al azar.


Practica exámenes de conciencia, así, tendrás menos posibilidades de castigar a inocentes o de liberar a los culpables.


Cuando alguien deposité en ti una semilla, abrígala, aliméntala, dale calor.


De esa forma, quien en tu ser la haya depositado, estará seguro de cosechar lo que sembró.


Además pequeño mío, no defraudes a los tuyos para que no te sientas defraudado.


Recuerda que la gratitud, el respeto, el cariño, la nobleza, la sencillez y la humildad, son los valores más sagrados que todo hombre debe conservar.


Escucha la voz de la experiencia, muchos tendrán algo que contarte, esto te permitirá analizar los errores y tendrás más posibilidades de triunfar.


Hoy no eres más que un débil pajarillo. Cuidaremos de tus alas, para que cuando surques el horizonte de la vida, ninguna tempestad borracha de aire juegue contigo.


Algún día recorrerás el mundo y estarás preparado para enfrentarlo, con valentía y decisión.


Así pequeño mío, cuando contemples en el cielo a los pajarillos, cuando siempre los veas volar, recuerda que cuando eran unos indefensos polluelitos, sus padres los enseñaron a volar…


Cariñosamente, tu padre, tu amigo, tu... todo.


Autor desconocido

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