viernes, 24 de abril de 2015

¿Es tiempo de doblar nuestras rodillas?


Es difícil creer que un cristiano de experiencia, o con años en la fe, no sepa qué es la oración. Yo creo que todos los cristianos conocen el tema, y muy bien. Sin embargo, en tu experiencia (y no necesitas responder a nadie, simplemente tú sabes la respuesta y ella te sirve solo a ti), ¿hace cuánto que no doblas tus rodillas ante Dios?
Es posible que sonrías y muevas la cabeza porque la pregunta te parece una ofensa. Tú oras todos los días y te arrodillas. Es probable, también, que sientas incomodidad o tristeza porque aunque seas cristiano hace años...muchos en realidad, sucede que oras poco y hace un buen tiempo que no doblas tus rodillas ante Dios. ¿Puede ser?
Creo, como la mayoría, que el cristiano tiene etapas. Un primer amor el cuál lo acompaña los primeros años. Esa etapa en el que quiere orar mucho, leer la Biblia más y más cada día. No le alcanza el tiempo para su devoción personal. Quisiera pregonar de su fe a todo el mundo. Es el más puntual en los cultos y les es un privilegio enorme ser diácono o diaconisa (ahora solo quiere ser anciano u líder de departamento). ¡Qué tiempos! ¿verdad? Recuerdo que mi padre me decía: "deberías llevar tu cama a la iglesia pues solo te falta dormir allá". Pero de existen otra etapa un poco especial. No se si es cansancio, creo que es contagio. Te das cuenta que otros cristianos como tú en realidad más antiguos no son tan fervientes como tú y que ellos son más " livianos"... Y llegas a pensar como ellos, y a vivir como ellos.
Yo no pasé por esa etapa en mi iglesia local sino en la universidad, en mís tiempos de estudiante de teología (aunque usted no lo crea). Los miércoles eran, en mi iglesia natal, cultos de oración al que yo tenía que ir sí o sí pues era noche de poder y oración. En la universidad era así las primeras semanas, después no. Mis estudios, los trabajos y responsabilidades me causaban pereza y cansancio y decidía emplearlos en descansar.
Ayer visitando a una hermana recordé esa etapa. Me dijo: "pastor, siento que los hermanos no tienen ese amor que yo tengo a Dios. Están más ocupados en sus actividades y trabajos materiales que simplemente no van a la iglesia los cultos durante la semana". Aquella hermana tiene cinco meses de bautizada. Cuando la bautizamos le pregunté, cómo se sentía. Ella me dijo: " feliz de ser parte de este pueblo santo y que ama a Dios". Ahora no creo que piense igual al ver a tanto hermano "frío" o "tibio".
Pero no hablemos de ella ni de mí. ¿Qué sucede contigo? ¿Vas a la iglesia los miércoles o te dejas ganar por el cansancio y el trabajo? ¿Y cuándo fue el último día en que doblaste a Dios tus rodillas? No estoy hablando de la oración en la iglesia, no; estoy hablando de la oración a solas con Dios, la oración de mañana, la que es entre tú y Dios.
La verdadera humildad es aquella que se muestra ante Dios en cada mañana al abrir su Palabra y pedirle dirección para caminar ese día. Es humildad también asistir a un culto que cada vez más y más va teniendo desertores por programas de TV, partidos de fútbol o simples argumentos. Pablo diría: " no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre" (Heb.10:25). Y finalmente, vuelve a tu primer amor.
Un miércoles por la noche a eso de las 7:15 pm. yo estaba en una cabina de internet haciendo un trabajo para la mañana siguiente, un joven amigo al ver que yo me quedaba me dijo: "Heyssen, yo me voy al culto. No me digas que te vas a quedar acá y vas a perder la oportunidad de alabar a Dios. Tú serás pastor y si hoy no aprendes a vivir con el ejemplo no lo harás jamás". No me gustó lo que me dijo. Me ofendí. Se marchó y yo me quedé avanzando mi trabajo.
¿Qué había sucedido conmigo? Yo había viajado a Lima a estudiar y prepararme para ser un pastor y ahora estaba haciendo las cosas mal. ¿Cómo era posible que en vez de mejorar estaba empeorando? No. Aquél momento fui al culto. Llegué casi al final pero llegué. Desde aquél día jamás falto a un culto así, a no ser por alguna emergencia fuerte.
Tanto el orar poco o nada, así como el hecho de no asistir a un cultos los miércoles por la noche dicen mucho de cómo está tu fe. Puedes decirme que estoy mal, que estoy exagerando y limitando la vida cristiana a un simple detalle externo de " doblar mis rodillas" y "asistir al culto donde solo unos cuantos viejitos cantan y orar a las justas". Tal vez sí y tal vez no. Pero no solo es eso, es mucho más. Es humildad diaria ante Dios.
Pablo dijo: "orando en todo tiempo" (Ef.6:18), no está diciendo que debemos orar todo el día de rodillas, pero debemos orar más cada día. Y en tus cultos personales de rodillas, mucho mejor.
¡Dios te bendiga!

miércoles, 22 de abril de 2015

La mayor necesidad de la iglesia: Un pastor entrenador

Escuela de Pastores de Grupos Pequeños de la Zona B 
Tocache B -2009

En mi primer distrito misionero descubrí (en realidad no era nuevo, sino que yo lo conocía) algo que hasta hoy recuerdo. El presidente de la misión nos había llamado a reunión de pastores a la sede. Allí el líder de ministerio personal del campo presentó el informe de bautismo por distritos. Y mi distrito estaba en el último lugar con "0". El presidente me miró y con un rostro sorprendido me miró como diciéndome "¿qué pasó?". No sabía dónde ocultar mi rostro. Un poco de vergüenza, pero más que eso, impotencia. No sabía cómo llevar almas a los pies de Jesús. Tú puede reírte si deseas, pero es lo que me pasaba. Yo había estudiado cinco años en la universidad preparándome supuestamente para ser pastor, y la verdad no sabía cómo hacer que la las iglesias lleven almas a los pies de Jesús. Claro, yo podía dar los estudios bíblicos y todo eso, pero ¿esa era mi obra como pastor?

Al terminar la reunión de pastores, mi presidente de campo se acercó a mí y me dijo: "¿qué pasa hijo? Ya estamos trabajando cinco meses y creo que debes ponerte las pilas hijo. ¿No has podido llevar a los pies de Jesús al menos un alma? Tu desafío es grande, pero debes movilizar a la iglesia". Yo le dije que sí, que haremos nuestro trabajo y las cosas serán mejores. Sin embargo en mi mente estaba más perdido que Adán en el día de las madres. ¿Cómo hacerlo? Miré a otros pastores sonrientes y no me atreví a preguntarles por vergüenza. Oré mucho ese día. Me decía que si no puedo hacerlo, no debía ser pastor, no serviría para el ministerio.

Antes de viajar a mis distrito pastoral de retorno, pasé por la librería adventista y compré el libro Servicio Cristiano de Elena G. de White. Mi deseo era servir. Lo había visto algunas veces, pero jamás lo había leído. Puede parecer una locura, pero jamás lo había leído. Como deseaba servir a Dios compré ese libro, sin pensar que esa sería la clave para mis preguntas e inquietudes en el ministerio pastoral. No hay mejor libro de evangelismo que ese, ni todos los especialistas más grandes en el tema pueden superar los consejos y estrategias que ese libro bendito presenta.

Regresé a casa y planifiqué una Escuela de Líderes de Pastores de Grupos Pequeños. Los resultados fueron grandes. Bautismos, mayordomía y al final el distrito se dividió dando lugar a otro distrito. La obra fue linda. Uno de esos días un hermano al mirar mi plan de trabajo me dijo: "Pastor usted ya parece un profesor con tanta escuela". Claro - le dije- soy un pastor profesor.

La lectura del año bíblico y la lección de Escuela Sabática de hoy, estaban sincronizados como pocas veces. Habían muchas lecciones pero yo me quedo con las que detallan la misión pastoral, pues soy pastor. 

Pablo dice: "Y él constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo" (Ef. 4:11,12). Por otro lado la lección de escuela sabática destacó entre varias verdades lo siguiente: "Lo importante que Jesús, como adiestrador de dirigentes para la iglesia, no concentró poder y responsabilidad en unos pocos, sino que la esparció entre muchos" (John M. Fowler, Guía de Estudio de la Biblia. Abril - Junio 2015. El libro de Lucas, p. 45).

¿Cómo estamos llevando a cabo nuestra misión pastoral? ¿Estamos olvidando que nuestra tarea como pastores es la de enseñar y adiestrar a los santos? 

Gastamos e invertimos enormes cantidades de dinero y alcanzamos resultados pobres. Alguien diría: "pensamos que la gente tiene que ir a Jesús por un bonito programa o gran evangelista". Es probable y eso hace que muchas veces pensemos que para lograr la conversión de las personas debemos seguir nuestros planes y estrategias. No hay planes nuevos amigos. Todos los planes son antiguos, claro, los bíblicos.

Jesús envió a setenta, ellos eran discípulos especiales, que fueron entrenados y capacitados para cumplir una misión con creces. No a medias. Cuánto nos falta aprender!

Entrenar, no solo capacitar. Ayer un compañero me decía: "Una cosa es enseñarle a jugar fútbol mirando TV y otra muy diferente ir al campo y jugar fútbol de verdad". Capacitar es bueno, pero allí nos quedamos. Debemos entrenar también. La pregunta que surge rápidamente es cómo? Haciendo lo que Jesús hacía y eso lleva un poco de tiempo, el cual nos es difícil de esperar. Creo que esta tarea no lo puede hacer la administración, nuestros líderes departamentales, no. Ésta tarea solo la podemos hacer nosotros, los pastores distritales. Es nuestra obligación ante Dios y ante la iglesia. Que el Señor nos ayude, pues es una tarea tan, pero tan necesaria pero tan difícil de emprenderla por varias razones que sería muy amplia tratar de abordarlas ahora.

Sin embargo me quedo con éste pensamiento:


"Lo importante que Jesús, como adiestrador de dirigentes para la iglesia, no concentró poder y responsabilidad en unos pocos, sino que la esparció entre muchos" (John M. Fowler, Guía de Estudio de la Biblia. Abril - Junio 2015. El libro de Lucas, p. 45).


Interesante. Muy claro. No escribiré nada más pues no es necesario.

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

lunes, 20 de abril de 2015

¿Qué de bueno puedo conseguir lejos de Dios?


Hace algunos años, cuando era estudiante de teología y realizaba práctica en una iglesia en Lima, conocí a una niña de unos 13 años de edad. Ella era muy talentosa. Dios la había dotado de dones maravillosos. La niña cantaba, predicaba, enseñaba, pertenecía al club de conquistadores y era una de las más hábiles del grupo. Cada sociedad de jóvenes repetía todos los versículos de la devoción matutina de memoria. Era realmente una niña admirable.
Hace unos días alguien me escribió para saludarme por el el chat de ésta red social. Hola hermano Heyssen a los años - me escribió - Hola. Solo respondí mientras intentaba recordar quién era. Sucede que mis contactos de Facebook son muchos desconocidos. No la recordé y después de ver su perfil finalmente fue posible reconocerla. Sin embargo se notaba que ya no estaba en la iglesia. Había fotos de ella en la discoteca, en fiestas. Las publicaciones en su muro eran muy lejanas a la de una joven cristiana. No lo era. Una foto en su muro la mostraba con un grupo de amigas bebiendo cerveza en botella. Dónde estaba aquella niña de sonrisa amplia y mirada sincera?
Cuando al fin recordé quién era. Le respondí preguntándole por su familia. Ella me contó lo siguiente:
"Hace cinco años abandoné la casa por un joven a quién amé mucho. Cuando abandoné la casa también me alejé de la iglesia. Conocí lo que jamás había imaginado. Hubo un tiempo que la vida iglesia se convirtió en un lugar "de aburrido". Nada era atractivo. Mis amigos de colegio (adventista) que no eran adventistas me contaban lo lindo que aún no conocía en el " mundo". Algunas veces me las arreglé para salir con ellos bajo pretextos de estudios y trabajos. Esos lugares eran tan emocionantes. Todo era permitido. Nadie te juzgaba por nada. Comencé a tomar licor a fumar. En casa nadir sabía nada. Mis padres pensaban que yo seguía siendo joven linda de siempre.
Me enamoré de un chico. Él no era cristiano. Yo sabía que no era correcto enamorar con un joven así, pero me gustaba y lo amaba. Yo tenía 17 años y él 19. Nuestra relación era normal dentro de los límites del "mundo". Ante los ojos de la iglesia no. Yo había escuchado seminarios de noviazgo en la iglesia. Muchas veces me aconsejaron. Nada de ello tenía valor en ese tiempo. Hasta que un día me descubrieron.
Mi papá fue a mi cuarto a orar porque yo hace meses no salía a los cultos familiares. Tampoco tenía ganas de hacerlo. Mi biblia y mi lección de Escuela Sabática estaban empolvados de domingos a viernes. Mi familia oraba y oraba, yo tenía cólera y hasta llegaba a burlarme. Todo en la iglesia era aburrido... Fuera de ella, en cambio, todo era divertido, emocionante y chevre!
El pastor me llamó y visitó dos veces. Me habló de muchas cosas pero en mi mente pensaba que el pastor habla porque jamás ha vivido como yo. Era feliz, no veía que era tan feo la vida sin Dios. Ingresé a la universidad nacional de San Marcos, mis padres me pidieron que no lo haga, ellos querían que yo estudie en la UPeU. No acepté pues me parecía que ya estaban queriendo controlar mi vida. Llegué en ese tiempo a odiar al pastor pues él insistía en que mis padres debían enviarme a la UPeU y que yo como hija solo debía obedecer.
En mi primer año de universidad en la San Marcos quedé embarazada. El joven me trató peor que a un animal. Me dijo que él no lo reconocería y que si yo lo quería tener bien, y si no, era mejor para mí. Lloré mucho. Como no tenía cara para ir a casa con ese problema, decidí escapar se casa e ir a vivir al cuarto de aquél chico. Él me dijo que si yo abortaba podíamos vivir mejor y juntos.
Mis padres y hermanos de iglesia no lo podían creer. El primer día viviendo junto al chico que amaba fue triste. Vino borracho y me golpeó. Y allí comenzó mi triste vida hasta hoy. Casi todos los días me golpeaba. Me engañó con cuantas mujeres pudo. No me dejaba salir a ningún lugar. Ni con él ni con nadie. No estudié más. En el cuarto me quedaba todo el día y la noche. Mi vida era un calvario.
Tres años viví así hasta que un día me escapé para ir con otro chico que dijo que me amaba y me aceptaba con todo mi pasado. Como no tenía a dónde ir me fui con él ya que me ofrecía amor, seguridad y libertad. Le creí y de eso solo vi dos semanas. Él era peor que el anterior. Él me hacía trabajar en su tía y el dinero se lo quedaba para ahorrarlo supuestamente. Me golpeaba y humillaba todos los días...
Me cansé de esa vida y después de un año fui a vivir con unas amigas. Hoy vivo "libre" hace un año. Tengo 22 años con una niña de un año y no tengo profesión, trabajo fijo y sin un perro que me ladre.
Cada vez que me levanto me acuerdo de mis padres y los cultos familiares. Cada viernes a la puesta del sol me pongo a llorar por la triste vida lejos de Dios. Tengo vergüenza de volver a mi casa. Sé que nada será igual. Sé que Dios me ama y me perdona pero yo no puedo perdonarme. He hecho cosas muy feas. He hecho cosas terribles que jamás podría perdonar.
Cada vez que miro a mi hijita puedo entender que lo único bueno que tengo habiendo vivido lejos de Dios es ella. Yo imaginé casarme de blanco con un joven cristiano y eso jamás podrá ser.
Amigo Heyssen, ora por mí. Ora para que yo pueda regresar de donde nunca debí salir. No tengo fuerzas, tengo miedo, tengo vergüenza.
Chau".
Lejos de Dios nada bueno conseguirás. Nadie puede ser feliz nadando en aguas turbias después de haber nadado en aguas cristalinas.
Hay tantos jóvenes que piensan que el mundo es lindo. No lo es.

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

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