martes, 8 de abril de 2014

De NOÉ, SOLO EL NOMBRE...

La última producción del cineasta norteamericano Darren Aronofski, NOÉ, es uno de los temas del momento en todo el mundo por varias razones. La película protagonizada por Russell CroweAnthony Hopkins, entre otros, prometió estar basada en historia bíblica del Arca de Noé del libro de Génesis y sin embargo, esto es muy lejano a la realidad tal como lo aseveran los que lo han visto. Aldo Mareátegui, un famoso periodista peruano escribió: "¡Qué tal Noé!" expresando de manera extraordinaria las grandes mentiras y distorsiones bien marcadas del personaje del Génesis bíblico. Así también, no pocos han mostrado su desacuerdo con la película. Un blog por ejemplo criticó duramente la mencionada película a través de un artículo titulado ""Noé", película antibíblica llena de hechicería y confusión".

El líder de los jóvenes adventistas para Sudamérica, Pr. Areli Barbosa se expresó al respecto a través de su cuenta de Facebook en un post titulado: "FILME NOE" donde destaca que las películas Hollywoodenses son una de las estrategias de Satanás para confundir y desvirtuar la verdad bíblica.

Voy a ser muy sincero. Lo confieso. Yo esperé esa película como no se imaginan. Claro, muchos se pueden rasgar las vestiduras al leer esto, pero sí, en honor a la verdad esperé mucho el estreno de la película Noé porque "se decía" que sería muy apegada a la historia del primer libro de Moisés, el Génesis. Ahora, después de su estreno, y los comentarios nada buenos que han surgido por aquellos que han visto la pelicula, las ganas y motivaciones que tenía de verla, se me han esfumado. Chasco, decepción e indignación es lo que me produjo al leer la crítica de Aldo Mareátegui sobre la película. 

Sin embargo, también debo confesar y reconocer mi falta de inteligencia y mi ingenuidad al creer que Hollywood produciría una película bíblica. Es como pedir que el papa católico Francisco diga que el sábado es el verdadero y único día de reposo. ¿En qué estaba pensando cuando creí que Aronofsky y Ari Handel, escritores de la película Noé, irían a hacerlo pegados a la Biblia? Ciertamente supuse que no "todo" sería fiel a la Escritura bíblica, pero al menos la mayoría del argumento al menos respetaría el libro de Génesis. No obstante, según refieren los que lo han visto, es al contrario, de la Biblia, solo NOÉ es lo bíblico, es decir el nombre.

Pero Hollywood es experta en vender humo, en vender mentiras y falsedades. La pregunta que me han hecho no pocos a través de mis blogs es, ¿deberíamos ver la película como cristianos? Yo les respondo con otra pregunta, ¿puedes reconocer si un billete de 100 dólares es falso si no sabes cómo es el verdadero? Si como cristianos no hemos leído la Biblia, la verdadera historia de Noé, y si eres adventista, al menos el libro Patriarcas y profetas considero que debes pensarlo mil veces. Hace algunas horas compartí una imagen de Noé, donde según yo, invitaba a estudiar la Biblia en el libro de Génesis 6-10 si deseaban conocer la verdadera historia de Noé. Minutos después un amigo me escribió, "¿No crees que la imagen en vez de llevarlos a la Biblia los llevará a ver la película?". Yo creo que sí, creo incluso que este post te puede animar más a ver la película que estudiar tu Biblia. Es muy posible. Tal como pasó con la película que no pocos satanizaron, El código Da Vinci protagonizada por Tom Hanks, o la Pasión de Cristo dirigida por Mel Gibson. En fin, no podemos prohibir nada a nadie. Pero sí debemos entender que Satanás ha incrementado y potencializado sus estrategias para confundir y desviar a la humanidad del verdadero camino, de Jesús y de la Biblia. He leído que la película también presenta a Noé contando que la creación en realidad fue producto de la evolución. ¡Qué loco! Noé, el evolucionista. Muy lejos, muy lejano a la verdad.

Finalmente, vayamos y leamos la Biblia, el libro Patriarcas y profetas y el Conflicto de los siglos de Elena G. de White para ver una verdadera película a través de las líneas magistrales. Alguno puede decir, "¿verá la película?". No tengo necesidad de verla. Ya he leído muchos comentarios increíbles y críticas realmente duras. Creo que se me han esfumado los deseos de ver esa película. No puedo terminar éstas líneas, sin felicitar (aunque tal vez jamás de los jamaces lo lea) a Aldo Mareátegui por su columna "¡Qué tal Noé!" donde muestra su gran conocimiento de la Biblia y describe la pobre y triste realidad de la mayoría de jóvenes al destacar la falta de lectura y su gusto en demasía de ver películas hollywoodenses. Por un momento pensé, ¡un momento, Aldo está hablando de los jóvenes adentistas también! Nada lejos a la realidad. No podrán creerlo, pero hace algunas horas un joven me dijo: "pastor, yo vi la película Noé y la verdad yo no sabía que la piel de la serpiente que tentó a Eva todavía existía en los tiempos de Noé...". ¿Qué les parece? En fin, y con esto finalizo de verdad, no pensé que había gente como Aldo Mareátegui que conoce tanto de la Biblia, inclusive más que muchos supuestamente lectores de la Biblia  y no sea cristiano practicante. Y a mi mente viene el diálogo de Felipe y el Etiope "¿entiendes lo que lees?" (Hch.8:30), y el Etiope responde: "¿y cómo podré, si alguno no me enseña?" (Hch.8:31). 

Hoy más que nunca me doy cuenta de que hay gente en el mundo, que no es cristiana, que lee y conoce de la Biblia y de Dios y no le han entregado sus vidas porque no hay nadie que les enseña. ¿Qué tiene que ver esto con la película de Noé? Mucho, poco, nada... no lo sé. Solo sé que tú y yo debemos leer más, leer la Biblia, pero para enseñar a otros que así como Aldo Mareátegui conocen mucho como para perderse y poco como para salvarse.

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

jueves, 27 de febrero de 2014

La respuesta a mis oraciones desde que aprendí a orar


Te conocí el segundo sábado de mayo del 2001. Vestía un blue jean, un polo de color negro cuello redondo con el logo los Gansas Rouss, zapatos cuervo volteado color marrón, cabello un tanto crecido (y en mi humilde opinión, me quedaba bien). Tú tenías un vestido celeste y zapatos negros, una toallita blanca entre tus manos, cabello ondeado bien negro, cejas pobladas con una mirada angelical a pesar de las imponentes cejas enormes.  Como era un visitante a la iglesia me llevaron a la clase jóvenes y estaban hablando de Sansón. Recuerdo bien ese tema porque la maestra de jóvenes decía: “así que chicas, jamás deben fijarse en chicos no creyentes, pues son como Dalila, filisteos”. Yo me sentí aludido, y entendí que serías una joven más interesante para conquistar, así como las demás. ¡Un reto! ¡Cómo me encantan los desafíos! Pero después, la maestra me miró a los ojos como intuyendo que yo era un lobo entre ovejas, y me preguntó: “Hola, ¿y tú de qué iglesia nos visitas?”. Yo no supe qué responder, pero entre mis labios cerrados dije: “A la Granja (era una discoteca famosa en mis tiempos de adolescente en la ciudad de Pucallpa)…”. ¿Cómo? – Me volvió a preguntar con una sonrisa entre sus labios – No escuché bien. “A ninguna iglesia, yo vengo de visita”. Y todos los jóvenes dijeron: “Amén, bienevenido…”. Yo me reí en mi interior diciéndome: “Éstos muchachos habían resultado pateros (adulones), pero a mí no me van a venir con paterías pues, yo soy el gran Heyssen…”.

Tú estabas sentada a tres sillas de mí. Yo observé que de todas las jóvenes tú eras la más tierna y linda. Creí que tenías 14 o 15 años, yo tenía 17. Y me decía, serías perfecta entre todas, si tan solo serían mayor. Ese sábado por la noche hubo juegos sociales y allí descubrí que tenías la misa edad que yo, pero mayor por cinco meses. Osea, eras mi mayor. Pasaron los días, semanas y meses, y el amor de Dios germinó en mi corazón, y por gracia de Dios fui bautizado el 10 de noviembre del 2001. Aquél intrépido jovencito que entró a la iglesia por curiosidad y por vacíos existenciales como todo joven estudiante de ciencias, finalmente se enamoró de Jesús.

Te convertiste en ese tiempo en mi mejor amiga. Convesar contigo era lo que más me gustaba. Disfrutaba pasar el tiempo contigo. Éramos amigos. Amigos, amigos y simplemente amigos y nada más. Me contabas tus cosas y yo a ti. Jamás hablamos de cosas triviales, hablábamos de la obra de Dios, de predicar el evangelio… de gastar nuestras vidas en pro de la misión. Orábamos el uno por el otro.
Tuve miedo de perder tu amistad cuando empecé a sentir algo más que una amistad. Pasó el tiempo y aunque decidí jamás decirte mis sentimientos porque me resistía a creer que entre tú y yo podía pasar algo. Así que preferí ser tu amigo a perder tu amistad diciéndote mis sentimientos. Hasta que decidí ser pastor. Abandoné mis estudios de enfermería en la Universidad Nacional de Ucayali, fue duro, difícil para mí. Pero tú estuviste siempre allí para decirme que sí podría ser pastor. Eras mi amiga. Fuiste la primera persona a la que le pregunté si creía que yo podía ser un pastor. Me dijiste: “Creo que sí, eres un buen dirigente de iglesia… Y creo que Dios puede hacer más”.

Cuando decidí ir a colportar a Tocache para poder estudiar después, el 01 de noviembre del 2003, ese día, decidí declararte mis sentimientos. Total, no te pediría nada, no te pediría nada de nada, solo que sepas lo que siento por ti. Te invité a salir por primera vez en casi tres años de amistad. Y en una pizzería te dije lo que sentía por ti. Y para mi sorpresa y alegría, tú también estabas enamorada de mí. Me quedé helado. Y te pregunté en medio de la plaza de Pucallpa: “Tú sabes que voy a Lima a estudiar teología en la universidad adventista, ¿Estarías dispuesta a esperarme cinco años para casarte conmigo?”. Tú me miraste y con una voz dulce contestaste: “Sí…”. Ese día, ese momento entendí que podían ser dos cosas, que estaba loco por pedirte eso, o que tú eras más loca por creer que eso podía pasar. Ninguna de las dos. Pasados los cinco años, tres meses y tres días, el 08 de febrero del 2009, tú y yo nos casamos en Pucallpa. Yo había sido llamado para ser pastor en la selva del Perú, y juntos fuimos a pastorear nuestro primer distrito misionero.

Ya han pasado más de diez años desde que fuimos enamorados, y cinco años como esposos. No somos los mismos. Muchas cosas han cambiado sin duda, estoy aprendido con seguridad, cada día… lucho por ser el esposo que quieres todos los días. Hago mi mejor esfuerzo. Y cuando te veo que sonríes, entonces soy feliz. La felicidad no es gratis. La felicidad viene de Dios, pero es un trabajo diario de parte de nosotros, que requiere de ese amor de Dios. He leído muchos libros, artículos y he escuchado seminarios, conferencias de cómo ser un buen esposo, un esposo ideal… pero ello no tiene sentido si estamos lejos de Dios. Por eso, cada día busco ese amor puro y real que solo proviene de Dios, la fuente del verdadero amor.
Ya no estamos solos. Ahora somos cuatro. Tú, Génesis y Ariel: Reina, Princesa y Príncipe. Nuestras vidas han cambiado mucho con la llegada de ellos. Son bendiciones de Dios, nos han hecho madurar y aprender cosas que jamás, jamás hubiéramos imaginado. Gracias por ser una linda madre, una madre extraordinaria…
¿Te amo? Sí, pero no es como antes, es mucho más grande y más maduro. Te amo Charly, con todos mis defectos que conoces más que nadie en este mundo, te amo, te amo porque eres el regalo de Dios. Te amo porque Dios nos unió, y porque nuestro amor se construyó por voluntad de Dios. Se desarrolló con oraciones… Eres la respuesta a mis oraciones desde que aprendí a orar. Eres mi dulce inspiración terrenal, mi princesa árabe… eres mi Nena. Feliz aniversario!!!

Te ama,


Heyssen, tu Lleyller

martes, 4 de febrero de 2014

Génesis Valentina, la voluntad de Dios


Hoy es un día especial. Génesis Valentina, mi primmogénita cumple tres años. Para algunos no son muchos, y ciertamente tienen razón. El tiempo ha pasado rápido. Pareciera que fue ayer cuando supe que sería padre. ¡Qué emoción! Cuidado señor al manejar, no se vaya a chocar- me dijo la enfermera al ver mi rostro lleno de felicidad - mire que será padre y no sería bueno que deje a una mujer embarazada y viuda. Lo primero que hice fue ir a un parque de la ciudad de Tocache, y sentarme en una banca para orar a Dios y agradecerle por tan bella noticia. Me preguntaba, ¿cómo le daré la noticia a mi esposa? Sí, en nuestro caso, no fue la esposa quien le dio la noticia al esposo, como suele suceder en las películas o novelas. En nuestro caso, yo le di la noticia a mi esposa que sería madre.

Mientras esperaba Charly, mi esposa (ella estaba trabajando como profesora), para darle la noticia de que sería madre (es que yo fui a recoger el resultado del laboratorio clínico) pensaba en cómo lo llamaría: Gabriel Heyssen, como el zaguero de la selección argentina que un día antes había anotado un gol ante bulgaria por el mundial de Sudafrica 2010. Claro, el futbolista es Gabriel Heinze, pero bueno, yo lo llamaría Gabriel, Heyssen. ¿Por qué creía que podía llamarlo así? Porque yo siempre pensé que tendría un hijo varón. Entonces empezó por primera vez mi temor de toda la vida: ¿Y si tengo una hija? ¿Y si es mujercita? ¡No! No puede ser. Es que Dios me ama mucho y sabe que yo siempre, desde que nací y supe que algún día sería padre, quise tener un hijo, varón. Dios no puede darme una hija mujer porque sabe que yo quiero un hijo varón.

Me resistí a la idea de ser padre de una niña. Mi esposa se puso feliz al saber la noticia. Almorzamos en un lugar especial, nos dio mucha felicidad la noticia. Y fue allí donde le dije: Se llamará, Gabriel Heyssen. A ella le pareció bien, porque ya habíamos hablado antes del tema, cuando éramos novios. Sin embargo - me dijo- ¿y si es mujer? No amor, ese niño es varón. No es mujer, porque es el primogénito. Ella, sabia y prudente como siempre, solo me dijo, "que sea la voluntad de Dios".

No amor - le dije tercamente- No puedes decir eso, osea sí puedes, pero en este caso no. Dios sabe que un hijo varón es mejor. Esa será su voluntad.

Cuando me decían que la barriga de mi esposa indicaba que sería mujer (hay una creencia de que si es redonda y ancha es mujer y si es punteda como una pelota, es varón). Yo no les hacía caso. Y es más, cuando al quinto mes, mi esposa se sacó una ecografía, el médico no pudo ver si era varón o mujer porque no se podía ver bien. Ahí, sentí que el nuevo ser que se formaba en el vientre de mi amada, era mujer. Lo sentí, pero no lo quise entender. El médico estaba nervioso, porque yo desde que entré le dije: "Vamos doctor, dime que mi hijo es varón, y no mujer...". Imagino que el médico tuvo miedo de causarme un infarto. Por ello no me dio respuesta concreta. Sin embargo, yo sentí que sería padre de una niña. Pero, no creí... esperé hasta el día de su nacimiento, cuando nació... y la vi por primera vez recostada junto a su mamá, y allí solo entonces, acepté que sería padre de una niña. Su nombre ya lo habíamos decidido: GÉNESIS VALENTINA.

En realidad ya sabía que sería niña dos meses antes, pero yo tenía la esperanza de que la ciencia se equivoque y Dios  tenga misericordia de mí y me de un varón. No me importaba perder todas las ropas y accesorios para mujer que había preparado. Y hasta compré colores, verdes y amarillos para que si es varón,  los use. Mi esposa se reía de mí. Me decía que ya no me martirice... Yo le decía; "No amor, yo sé que será mujer, estoy feliz". Lo estaba, pero yo quería una hijo varón.

Han pasado tres años, ¿y saben qué? Amo a Génesis Valentina como jamás me hubiera imaginado amar. Ella es tan tierna y tan linda (sé que para todos los padres sus hijos son eso y más...). Ella es la VOLUNTAD DE DIOS, y esa volutad siempre es mejor. Ella ha es una de las bendiciones mayores en mi familia. Su ternura y su carisma me cautivan todos los días. Yo no quería ser padre de una niña porque yo me conocía, sabía que soy duro, estricto, colérico. No quería ser una daño para una niña. Entonces, decía, si es varón, voy a poder formarlo con mi carácter. No fue así pues. Dios me dio a Génesis, una niña para que me ayude a moldear mi carácter. Sin duda, estamos en ese camino. Ella me da lecciones grandes todos los días. Como el de orar antes de dormir como una obligación, tenemos que leerle sus historias (A veces regresamos tarde del trabajo, y ella pide su historia...). O si estamos apurados para salir a la calle, ella nos recuerda que debemos orar antes de salir de casa.

Hay tantas anécdotas. Hubo un tiempo en que quería orar a cada momento. "Vamos a orar" - decía. O cada vez que me sentaba en el mueble para mirar TV, ella traía sus DVDs para que cantemos o veamos películas cristianas para niños. Cuando llego a casa, le gana a su mamá en darme el beso... y es  por ello que Ariel, su hermanito ya aprendió también a dar un beso a su padre.

La vi llorar y sufrir (fue una de las etapaas más tristes de mi vida. Me sentía impotente de hacer algo por ella... no podía, solo orar...) en el hospital internada tres días con tan solo nueve meses de edad. Fue traumático, oramos a Dios, mi esposa oró radicalmente. Y le dijo a Dios: "Señor, yo amo a mi hija, la amo mucho, pero sé que tu voluntad es mejor. Haz tu voluntad con ella, pero que no vuelva a internarse al hospital...". Mi Génesis le tenía un terror a los médicos, a las clínicas y todo lo que se parecía a ello. ¡Dios nos bendijo! ¡Jamás se ha vuelto a enfermar como para ir a un hospital o clínica!


Te amo Génesis. Ya conversas conmigo, ya hablamos de temas de interés. Ya sabes pedir lo que quieres y decir lo que no quieres. Eres la voluntad de Dios. El regalo de Dios más grande. Tú Génesis, eres lo mejor, lo que necesitaba según la agenda de Dios.

Quiero elevar una oración a Dios, esa oración que la elevo todos los días: "Amado Padre, quiero ser un buen hijo tuyo, para ser un buen padre para mis hijos...".

Tu padre, que te ama.

Heyssen

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví
  
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