martes, 8 de febrero de 2011

¿Por qué?

Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo? Lucas 6:46.
En los tiempos apostólicos, no era fácil llamar a Jesús “Señor”. El emperador era el único que podía llevar ese título, y no aceptaba que los súbditos de su imperio llamasen a otra persona Señor. Por lo tanto, aceptar a Jesús como Señor era realmente jugarse la cabeza; un asunto de vida o muerte. Reunirse en un lugar público y cantar loores a Jesús como Señor era afrentar al emperador. Mucha gente era encarcelada y moría en los circos, despedazada por los leones, como resultado de su desobediencia a la orden del César. Sin embargo, la historia muestra que había cristianos fieles y valerosos que, a pesar de las amenazas de muerte, continuaron adorando al Señor Jesús.
En la actualidad, las cosas han cambiado: hoy, nadie es amenazado por reconocer a Jesús como Señor. Pero, el diablo usa otra estrategia con la generación de nuestros días: ha hecho que la profesión de la fe no vaya más allá que un asunto teórico.
Multitudes cantan a Jesús. Miles se reúnen en estadios y auditorios gigantescos, levantando las manos al cielo y tributando hosannas al nombre de Jesús; pero, ¿cuántos están dispuestos a obedecerlo?
Aceptar a Jesús como Señor es aceptar su soberanía. Su voluntad, expresada en su Palabra, está por encima de mis creencias, preferencias o gustos. Mi humanidad debe caer postrada a los pies de Cristo y, en humildad, debo aceptar sus enseñanzas. No cuenta lo que yo deseo o lo que a mí me parece, sino lo que dice la Palabra de Dios: eso es aceptar su señorío y su soberanía. La pregunta que debo hacerme es: ¿Hasta qué punto Jesús es el Señor de mi vida? ¿Hasta qué punto estoy dispuesto a serle fiel? Hoy, Jesús no me pide que muera por él. Lo que Jesús desea es que viva por él; en medio de la cultura moderna, pero sin contagiarme de ella.
No comiences las actividades de este nuevo día sin examinar las motivaciones de tu corazón para seguir a Jesús. ¿Por qué lo haces? ¿Porque te conviene? ¿Porque lo amas? ¿O, simplemente, porque naciste en la iglesia y siempre dijiste que eras cristiano? La única seguridad de que andas en los caminos de Dios es conocer su Palabra y obedecer sus enseñanzas. De otro modo, te arriesgas a oír la voz del Maestro, que te dice: “¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?

Consulta a Dios
Aconteció después de la muerte de Josué, que los hijos de Israel consultaron a Jehová, diciendo: ¿Quién de nosotros subirá primero a pelear contra los cananeos? Jueces 1:1.
El matrimonio de Marta y Pedro había durado solo dos años. Los primeros meses, la joven pareja creía que el paraíso existía en esta tierra. La convivencia se encargó de mostrar la realidad de cada uno. El carácter mezquino y egoísta de uno, y el temperamento explosivo y celoso del otro transformaron, en poco tiempo, el “paraíso” en infierno.
Cuando conversé con Marta, acababa de salir del segundo matrimonio. Pero, lo que la llevó a buscarme no fue esta segunda decepción.
-He perdido doscientos mil dólares en una inversión que prometía lucros atrayentes -me dijo, angustiada-. Era todo el dinero que había logrado reunir en mi vida; incluso vendí mi auto, para invertir. La inversión prometía retorno rápido, pero me engañé. ¿Por qué nada me sale bien en la vida?
Tal vez, el texto de hoy responda a la pregunta de Marta. Israel había llegado a la frontera de la Tierra Prometida, y ahora debería tomar posesión de aquella tierra fructífera. Apoderarse de la tierra significaba, para aquel pueblo, luchar. Nada que valga la pena se conquista sin trabajo. Los hijos de Israel tenían una empresa de gigantescas dimensiones delante de sí. ¿Qué hicieron? Fueron a Dios y lo consultaron.
¿Acaso ellos no sabían que Dios los había conducido hasta aquel lugar, en cumplimiento de sus promesas? Lo sabían, sí. A pesar de eso, consultaron una vez más con Dios. Nadie pierde por consultar a Dios. La orientación divina te brinda la seguridad que necesitas en los momentos más difíciles.
Si lees el relato completo de las conquistas de Israel, verás solo victorias. No podría haber sido de otro modo, si estaban siguiendo las instrucciones divinas.
¿Qué gran desafío tienes hoy delante de ti? ¿Ya consultaste a Dios y su Palabra, para comprobar si estás siguiendo el camino correcto? ¿Aprueba Dios lo que vas a hacer o te estás dejando seducir por el brillo de las cosas y la belleza de la apariencia?
No creas todo lo que tu corazón te dice: consulta con Dios, con tus padres o con tus amigos de más experiencia; siempre hay personas sabias a
tu alrededor. Recuerda que Israel fue victorioso porque: “los hijos de Israel consultaron a Jehová diciendo: ¿Quién de nosotros subirá primero a pelear con los cananeos?”

Que Dios te bendiga,

martes, 11 de enero de 2011

A mi niña bonita...!!!

Sabía en el fondo de mí, que en algún momento esto iba a suceder desde que supimos de tu llegada. Ser padre de una niña. El ginecólogo no quería decirme que seré padre de una niña simplemente porque, creo, que a todos los hombres les gustaría tener un niño como primer hijo. El doctor, daba vueltas y vueltas, y hasta sudaba intentando decirme que no era seguro, que puede haber errores en definir el sexo a este quinto mes. Pero no contaba que yo estaba de vuelta.

Si repreguntas ahora, ¿Me afectó la noticia? Sinceramente diría que sí. Pero no fue tan difícil como pensé algún día sería. Mientras miraba por la pantalla tu cuerpo minúsculo, y cómo estabas formándote, sentí en mi corazón mucha ternura. Debo confesar que no soy tierno con los niños. Es más, soy tosco y aburrido. Pero cuando te vi, moviéndote en la pantalla en el vientre de tu mamita, como si estuvieras en una piscina, entendí mejor el amor de padre, me sentí muy feliz.

Hija mía, quiero ser el padre que Dios quiere para ti. Es cierto jamás imaginé ser padre de una niña. En mis más remotos sueños e imaginaciones jamás estuvo una niña. Al contrario, siempre quise ser padre de un niño. Pero la pregunta más certera a estas alturas tal vez sea: ¿Por qué? Y la respuesta es sencilla, por mi carácter. No soy cariñoso, soy tosco, soy impaciente, y muy estricto en lo que hago y pido. Además, no sabría cómo disciplinar a una niña. Las niñas necesitan mucho afecto. Tengo mi hermana, ella es Leslie, tu tía, he aprendido con los años a entender sus cambios bruscos en su personalidad en sus diversas etapas. Creo que a Nilver, tu tío, lo entiendo mejor. Igual, yo he ayudado a tus abuelitos a educarlos, a los dos. Los he cuidado, cocinado, curado, y hasta disciplinado de mala manera probablemente.

Ahora, sé que seré padre de una niña. ¿Qué haré? No los sé. Creo que Dios tiene un plan maravilloso para mi vida. Ayer me acosté y mientras conciliaba el sueño, llegué a una conclusión. Dios que me ama tanto, desea cumplir un propósito extraordinario conmigo, es por ello que tú hija linda has llegado a nuestras vidas. Estoy seguro de ello. Contigo hijita, entenderé el amor en su dimensión más extrema. Dios quiere que yo entienda algo más que si duda aún no he aprendido.

Sabes hija, quiero que sepas ante todo que yo te amo. Y te amo mucho, mucho, mucho. Hoy llegó una linda cama para que durmamos los tres. Yo y mis dos reinitas.  Quiero que sepas que tú eres la respuesta de Dios a mis oraciones. No oraciones machistas, sino oraciones de cambios totales en mi vida. Te espero con añoro hija mía. Te espero más de lo que me imaginé lo haría.

Cuando nazcas, algunos se reirán de mi diciendo que: “tú querías varón y Dios te dio una hija”, yo les diré: “Dios tiene planes más hermosos para mi vida”. No es una salida o mecanismo de defensa a estas palabras, sino es la verdad. Dios siempre nos da más de lo le pedimos, yo quería un varón y Dios me dio una mujer. Tú hija mía. Te amo.

Tu papá.

jueves, 6 de enero de 2011

Orar...!

En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. Lucas 6:12.
Si tuviese que escribir una biografía de la vida terrenal de Cristo, le pondría por título El Hombre del monte. No solo porque murió en un monte, sino también porque vivió en el monte; solo, buscando a su Padre en oración: ahí estaba el secreto de su vida victoriosa. Después de pasar horas en comunión con la Fuente de su poder, descendía al valle, encontraba a los hombres destruidos por el pecado, y los restauraba; les devolvía la dignidad y las ganas de continuar viviendo.
Los seres humanos corremos el peligro de tomar la vida de Jesús solo como un ejemplo de obediencia; y es verdad que nadie obedeció como él. Pero, antes que ser nuestro ejemplo de obediencia, Jesús es nuestro ejemplo de oración y de comunión con el Padre. El Maestro vino a enseñarnos, entre otras cosas, que solo es posible vivir una vida de obediencia en la medida en que vivamos una vida de oración.
Un joven me preguntó, cierto día: “¿Qué se puede decir en una hora de oración? Cuando yo oro, acabo todo lo que tengo que decir en cinco minutos”. La razón porque la oración de este joven no duraba mucho era que solo oraba con el objeto de pedir, siendo que lo que debía motivarlo no era solo eso; Dios conoce todo antes de que le pidamos: el propósito de la oración es cultivar el compañerismo y la comunión con Jesús. A fin de cuentas, la vida cristiana consiste en vivir una experiencia diaria de comunión y de compañerismo con él.
La vida de Jesús fue una vida de constante oración. A veces, cansado, después de un día extenuante de trabajo arduo, el cuerpo le pedía dormir. Pero, él buscaba tiempo para conversar con su Padre porque sabía que, al día siguiente, lo esperaba otra jornada terrible de tentaciones y de dificultades, y solo sería posible salir victorioso en la medida en que buscase el poder de parte de su Padre, por medio de la oración.
Haz de tu vida una vida de oración. Ora no solo de mañana y por la noche; ora constantemente, cada minuto de tu vida. Relaciona con Jesús todo lo que haces. En vez de concentrarte solo en las dificultades que enfrentas, direcciona esos pensamientos hacia Dios, y ya estarás en una actitud de oración.
Que Dios te conceda muchas victorias. ¡Ah!, y no te olvides de que “en aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios”.

Que Dios te bendiga,
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