sábado, 17 de marzo de 2012

Lo que todos tenemos por igual, el tiempo

Hace algunos días descubrí que "el tiempo me falta". Hay momentos en las cuales quisiera tener más tiempo del que dispongo. Siento que las horas son muy cortas y hasta he pensado en que sería mejor si existiera un banco de tiempo.

Imagino un banco, BANCO INTERNACIONAL DEL TIEMPO. Un lugar donde se pueda pedir, así como cuando  falta el dinero, más tiempo. Y cuando me sobra el tiempo, así como el dinero, lo ahorre, y hasta haga préstamos y gane intereses. No sé, parece loco a lo mejor... de hecho, sin duda alguna.

Tengo que reconocer que cuando más tiempo necesito, más siento que me falta. Y cuando me sobra el tiempo, siento que no tengo nada para hacer. En definitiva, lo que en tiempo me falta o me sobra es indicador nada más y nada menos que mi errónea administración del tiempo. Lo repito, y con pena por cierto: Soy un mal administrador del tiempo.

He escuchado decir, que THE TIME IS MONEY "El tiempo es oro", creo que no. Creo que el tiempo es VIDA. Así como lo ve, el dinero es vida. Si hay algo que todos recibimos por igual de Dios, ese es el tiempo. Hemos recibido diferencias en color de piel, estatura, nacionalidad, etc., pero en cuanto a tiempo, todos recibimos 24 horas, nadie más, ni nadie menos. Ni Jesús cuando estuvo en la tierra por ser el hijo de Dios y Dios mismo tuvo más tiempo que nosotros... todos tenemos el mismo tiempo. La pregunta es, ¿Por qué algunos tienen tiempo para algunas cosas y otros simplemente no? ¿Por qué algunos pueden hacer mucho en pocos años y otros nada en toda la vida? Simple, por administración del tiempo.

El dinero entonces es vida, y no dinero.  Es vida porque tiene que ver con respiración, tiene que ver con circulación de sangre... tiene que ver con el don de Dios. Usted y yo no podríamos hacer nada o mucho sin la vida.

Ahora, si todos recibimos el mismo tiempo en horas, ¿por qué es que no siempre el tiempo es bien administrador por todos? Por algunas razones:

1. No todos entienden que el tiempo es un don de Dios.- El tiempo es vida, es un don, no es dinero. Y si no se entiende que el tiempo es un don de Dios entonces no lo tomarás como regalo, sino como algo simple y liviano. El tiempo es un regalo para administrarlo.

2. No todos entienden que el tiempo no se ahorra ni se aumenta.- No hay un banco de tiempo. O una fantástica máquina de tiempo. Algunos dicen, voy a ahorrar tiempo, falso. No se ahorra tiempo. Otros dicen, voy a pedir más tiempo, falso. No se puede pedir más tiempo. El tiempo corre, no se detiene, sigue su curso...!

3. No todo entienden que hay tiempo para todo.- Hay tiempo para todo, el mito de que "no tengo tiempo", "no me alcanza el tiempo" es simplemente una excusa sin base. Hay tiempo para todo. Si quiere. El sabio Salomón diría: "Todo tiene su tiempo" (Ecl. 3:1). Si se entendiera ese detalle, entonces no haríamos a destiempo algunas cosas. Lo puedes hacer, pero no siempre te va a ir bien.

4. No todos entienden que el tiempo debe empezar con Cristo.- Si crees que porque madrugas y trabajar como un "esclavo" vas a tener más dinero, estás mal. La Biblia dice, que no podrás por más que hagas lo que hagas  aumentar ni un centímetro más. Lo que sí dice es que si lo buscas a Él en primer lugar. Ojo, primer lugar,  entonces todo lo demás, "será añadido...".

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví



lunes, 6 de febrero de 2012

No soy pastor.... me dedico a ello


Él es exitoso... cuando predica cautiva a las masas. Jóvenes y niños que ya quisieran tenerlo como padre, y las esposas consideran dichosa a la esposa de este simpático y carismático predicador. Los otros predicadores lo imitan y admiran como si estuvieran viendo al mismo Jesús. Todo parece perfecto en su vida... es un predicador, un ministro completo, un pastor de pastores, un ejemplo como heraldo... un prototipo exacto de un pastorazo.

Ella está sentada en la primera final de la iglesia. Ella lo observa pasivamente y casi aburrida bosteza una y otra vez mientras la multitud es impactada por el mensaje de su esposo. Ella, parece perdida en el tiempo y el espacio... diría que a ella le importa un "pepino" lo que su esposo expone ante al multitud. Nadie nota este desaire a más... pues todos se concentran en él, el protagonista del show, el pastor, el predicador...

Ellos, son los hijos e hija, no tanto como la esposa, pero miran a su padre, no con aburrimiento sino como tratando de encontrar a alguien real en una figura mística o artística. Ellos conversan de vez en cuando a voz baja y miran como si buscaran explicación.

Ella y ellos, no miran como la multitud. Y es que ella y ellos, conocen al que cautiva multitudes. Ella y ellos saben quién es el admirado predicador cuando baja del escenario, del púlpito...

Hace algunos días, descubrí que soy un simple humano más. Llegué a pensar que soy un humano especial. No lo era. Soy tan simple, sencillo, vano... y descubrí que no soy un pastor, soy un hombre de nombre Heyssen J.  que dedica su vida al pastorado. No dejo de ser humano cuando soy pastor... esa es mi realidad, soy un humano trabajando como pastor...

No sé si logran entender este pensar loco probablemente para no pocos. Descubrí que soy simplemente un ser humano simple, que se dedica a ser pastor. No era un pastor humano, era todo lo contrario. 

Hace algunos años me contaron la historia que inicié contando. Me contó la hija de aquél afamado predicador, una hija que jamás tuvo a un pastor como padre sino a un hombre que se dedicaba a ser pastor. Y se dedicaba a ser pastor cuando ella muchas veces no lo necesitaba, y cuando ella más lo necesitaba jamás encontró a un pastor...

Les digo que yo descubrí que soy simplemente un humano más, pues descubrí que no soy pastor... Un día una feligrés me dijo: "pastor, alguna vez se ha sentido desanimado?" le dije que sí. Ella se sorprendió, pues en palabras suyas "los pastores no se desaniman...". 

Pero qué es lo que motiva a este escritor aprendiz a plasmar esta reflexión del alma? Simple, jamás pensé ni imaginé que igual que el famoso pastor y predicador (aunque sin gozar la fama) descubrí que en muchas ocasiones no soy pastor en mi casa, pastor para mis hijos, para mi esposa... soy pastor cuando ellos no lo necesitan (cuando estoy en la iglesia) y cuando ellos quisieran a un pastor (en casa) yo no estoy. Descubrí que mis sermones deben pasar por el visto bueno de mi familia antes que por el visto bueno de mi iglesia... Y es que mi familia me conoce, la iglesia muchas veces no.

Descubrí que si mi familia me mira como un pastor en mi casa, mi iglesia lo hará aún más. Descubrí que soy un simple hombre que se dedica a ser pastor.... pero esa dedicación,  que debiera ser en todo tiempo como diría Pablo, a "tiempo y fuera de tiempo" no lo es tristemente. Y como diría mi abuelita: "en casa de herrero cuchara de palo"... 

Gracias Dios, por hacerme ver mi error, por dirigir mi mente y corazón. Por llamarme la atención....

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

martes, 17 de enero de 2012

Conocí el camino...


A 17 días de un nuevo año no llego a comprender a plenitud varias de las cosas que acontecen en mi joven vida. Me pregunto constantemente qué es lo que Dios ha hecho conmigo... no logro entender cómo ni cuándo fue todo el génesis de esta peregrinación de fe.

Tenía probablemente nueve años cuando asistí por primera vez a una iglesia protestante... no sé en realidad cuál fue el motor de tal acción, lo único que recuerdo vagamente es que unos tíos convencieron a mi madre para que me dejen ir  a un culto protestante. No creo que haya sido un culto impactante, pues de lo contrario lo recordaría, puedo recordar sin embargo a un individuo en el púlpito diciendo que había estado muerto y ahora Dios lo había traído a la vida porque tenía una misión aún. Contó que vio una luz lejana y ella le conducía al paraíso pero que aún no era su hora... Debo confesar que a mis nueve años me pareció un estupidez garrafal tal testimonio loco... no podía creer cómo Dios era tan malo de "quitarle el helado a un niño" de esa forma. Es que en mi modo infantil de ver las cosas, si ese pobre cristiano estuvo en el cielo que es supuestamente un lugar de ensueño, y es todo perfecto, me parecía una maldad de las más grandes sacarlo al mundo sucio y desgraciado para vivir unos años más...en fin, pensé, soy un niño muy malo.

No volví más a un culto protestante hasta que a mi barrio llegó una familia de cristianos. No me importaban los demás, solo ella, una adolescente mayor que yo, ella tenía 17 y yo 15. Ella asistía a culto todos los domingos... y un día acepté ir a su iglesia (bueno, en realidad le pedí que me enseñara de la Biblia porque según yo quería aprender de Dios) y así fue cómo después de varios años me encontré con un culto protestante. Mi decepción fue tan dura... no por ella, sino por el tipo de culto que vi. Ese culto sí que impactó mi cuadrada mente. Una música de locos, era rock, cristiano, pero rock al final... unas danzas y movimientos al compás de la estrepitosa canción a Cristo supuestamente. No me gustó para nada, ya había asistido a una discoteca por lo que sabía que un culto con esa música era simplemente un evento similar a los de las discotecas modernas.

Pasaron un par de años para que un 11 de agosto del 1999 este joven y aprendiz escritor tuviera un sueño. Soñé que Cristo venía por segunda vez. Casi con claridad vi ese evento majestuoso y yo estaba allí, en medio de ese Gran Día. Entre tanta gente corriendo de acá para allá, escuché una voz que dijo: "busca a los tuyos", en realidad no escuché sino sentí esa voz. Lloré mucho en mi sueño, tanto así que desperté con lágrimas y yo que había permanecido indiferente a la voz de Dios por varios años, alimentado de marxismo, comunismo, pragmatismo... y que no creía en Dios y si lo hacía lo hacía con tanto temor, como si Dios fuese un Hitlter o un dictador despiadado, doblé mis rodillas a Dios y con llanto le dije: "Oh Dios, si existes, si realmente es cierto lo que se dice de Ti, muéstrame el camino, quiero encontrarte y jamás dejarte...". En la madrugada lluviosa dije esa oración y balbuceando una y otra vez la misma oración me quedé dormido. Al día siguiente al despertar mi primer pensamiento fue: "Quiero ir a una iglesia". Fui a la habitación de mi madre y le dije emocionado que me gustaría ir a una iglesia, ella se rió y me dijo que hay muchas y todas dicen que son las verdaderas... así que todas son iguales... Sin embargo, dijo ella: "Vamos a ir a una iglesia donde vi gente muy amable y tranquila". Le dije, que vayamos a ella. Fuimos el domingo y la encontramos cerrada. Nos dijeron que esa iglesia que está en el mismo centro de la ciudad de Pucallpa, solo abren en las mañanas, los domingos.

Así fue como llegué a la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Un sábado 14 de agosto de 1999 y después mi vida no fue igual. 

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví
 
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