viernes, 26 de agosto de 2011

Crespín, el burro gris

Una parte de mi niñez la pasé en la selva central del Perú, Chanchamayo. Es una selva singular por su clima y su gente. Allí aprendí muchas lecciones que con frecuencia las recuerdo y reflexiono,  una de las tantas lecciones, las aprendí de Crespín, un burro gris.


En sus aventuras laborales, Crespín, era acompañado por Estéfany, una burra blanca. Ambos burricus (del latino tardío "caballo pequeño") se encargaban de llevar los sacos de frutas en sus lomos. 


En una de esas labores cotidianas, Esténany encabezaba la comitiva por una delgada trocha (camino pequeño rural) que finalizaba en una carretera principal; detrás de la burra, le seguía Crespín con más carga (por ser macho) por supuesto. Fue así que de repente, Estéfany cayó en medio de un lodazal provocando todo un espectáculo no grato, no obstante después de mucho esfuerzo logró salir del problema y finalmente reinició su viaje. Sin embargo el mismo camino debía ser transitado por Crespín, "debía", pero no fue así. El burro no era tan burro como parecía (burros se les dice en Perú, en forma de burla, a los tontos, a los no inteligentes), pues a un metro antes de llegar al lodazal se paró bien fuerte y no avanzó más. Mis padres y los obreros de la chacra (finca o hacienda pequeña) tiraban de la soga, lo empujaban, lo golpeaban con dureza y el burro no se movía, no le importaba el dolor... el burro la tenía bien clara: No puedo pasar lo mismo que pasó Estéfany, la burra Blanca...


Hoy, alguien habló acerca del aprendizaje por contraste. Este tipo de aprendizaje es virtuoso, más que inteligente, sabio. Y es que aprender de los errores propios es de inteligentes, pero aprender de los errores ajenos es de sabios. Es por ello que a este tipo de aprendizaje se les llama: aprendizaje por contraste.


Con frecuencia llamamos "burros" , sino pensamos, tontamente a quiénes no toman decisiones acertadas, sin embargo, son los animales los que no estilan ni acostumbran cometer los mismos errores de los demás. Hace un par de meses fuimos con mi esposa e hija al Velo de la Novia, un lugar turístico de Aguaytía, en Perú, y disfrutamos de la naturaleza sin par, allí vi, en un estanque natural  que los peces abundaban con si fuera un hervidero. Intenté pescarlas y fue inútil, la razón: Los peces estaban acostumbrados a las trampas que generalmente la gente llevaba para pescarlos por lo que ellos ya habían superado esas pruebas.


Pablo le dijo a los corintios en su primera carta que, "estas cosas se escribieron como ejemplo..." (1 Cor. 10:7) La Biblia nos es un libro de códigos (no harás, no, no, sí, sí, sí, así, asá...), la Biblia es un libro de principios, algunos lo han llamado inclusive un libro de casos con lecciones para la vida. Creo firmemente en la última idea, en que es un libro de principios... Hay historias que jamás deben repetirse, otras que valen la pena seguirlas como ejemplos.

Finalizó el día y no hay duda de que las lecciones han pululado en abundancia, nos toca tomarlas y hacerlas parte de nosotros. Quisiera la ayuda de Dios para aprender por contraste, de los errores de los demás... Pido a Dios que sea el motor de mis decisiones...


Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

viernes, 19 de agosto de 2011

Mi DNI tiene la culpa...


Hace exactamente una semana  perdí un vuelo a Iquitos, Perú. Después de una semana, creo haberlo asimilado, al menos eso creo. Había hecho planes magníficos, tenía planeado actividades que sin duda alguna eran sumamente importantes, pero no pude llevarlos a cabo. Fue un duro golpe a mi novel ministerio pastoral.

Todo empezó el viernes por la mañana. Salía del Banco de la Nación de la Av. 28 de julio en el centro de Lima en búsqueda de una fotocopiadora. El agente bancario me dijo que era necesaria la copia de mi DNI (Documento Nacional de Identidad) para realizar un trámite. Según el anciano bancario de cabellos blancos y gruesos anteojos el lugar indicado estaba -según él-  "saliendo, media cuadra doblando a la derecha". Saqué mi billetera marrón (regalo de la hna. Elena León del Agustino por mi cumpleaños 23) del bolsillo trasero de mi pantalón con mi mano izquierda y salí en dirección hacia el lugar recomendado. Estaba llegando a la meta, cuando vi a un muchacho corriendo hacia mí a unos 6 metros. No le di importancia, cuando de pronto sentí un puñetazo en mi muñeca izquierda más un empujón hacia la pared. Mi mano soltó la billetera marrón como efecto natural del golpe y otro individuo con prontitud recogió la billetera para luego correr y escabullirse entre la multitud de carros y personas.

Debo confesar que no dije, ni hice absolutamente nada. Me levanté con una mezcla de sentimientos, miedo, vergüenza y una sonrisa obligatoria (por no llorar) por las miradas de varias personas sobre mí, eso me hacía sentir peor. Un policía se acercó y me preguntó si estaba bien, le dije que sí y que me robaron únicamente mi billetera con algunos soles y mi documento más importante: mi DNI.

De pronto, recordé que tenía que viajar a Iquitos dentro de algunas horas. Y necesitaba sí o sí mi DNI. ¡Noooo....! ¡Mi DNI...! El oficial de la comisaría de la Victoria, me dijo que con una denuncia podía solucionar (debía pagar 12 soles para "agilizar" el trámite ). Me dio la denuncia certificada con una copia de datos provistos por la RENIEC. Según el policía era suficiente para solucionar el problema.

Tomé un taxi y por veinte nuevos soles me llevó de inmediato al aeropuerto internacional Jorge Chávez. Ingresé al moderno aeropuerto y con prontitud me acerqué al counter. Una señorita de ojos negros y cejas bien pobladas me dijo que sin DNI no podría abordar el avión. Le pedí por favor, le dije que era misionero adventista y me urgía viajar y no podía perder el vuelo. La señorita de LAN me dijo que era imposible y que si gustaba intentara por otra ventanilla. Así lo hice, una, dos y hasta tres veces. No pude. Solicité conversar con la administración y nada de nada. Como mis pasajes eran de promoción no podía ser postergado ni a meritaba devolución. Simplemente no podía viajar y perdería el vuelo. Así de sencillo.

Me sentí desesperado. No sabía qué hacer ni a dónde ir. Por culpa de un DNI. Fue por mi DNI que salí del Banco de la Nación y me robaron, y ahora, era un DNI, mi DNI la responsable de que yo no pueda abordar el viaje a Iquitos. Caminé con la cabeza agacha y con un dolor en el corazón me sentí el ser humano más desgraciado del mundo, pensando en el poder que tiene un DNI. Me pregunto qué valor tiene el DNI.  ¿Por qué es tan importante? Simple. Dice quién eres. 

Tomé un taxi en dirección hacia la casa de uno de mis mejores amigos: Eduardo Esteban. Ya en el taxi, gruesas lágrimas resbalaban presurosas por mis resecas mejillas. Sentía como si había perdido el viaje de mi vida. De pronto, hice un viaje mental hacia el futuro. Pensé cómo será aquél día en el que Jesús regrese por segunda vez a llevar a los suyos. Para hacer ese viaje soñado al cielo también necesitaré un DNI con la marca de Cristo. Un DNI que indique quién soy, y si soy o no un hijo de Dios.

Perdí el vuelo hacia Iquitos, sí, pero no deseo perder el vuelo hacia el cielo, ese vuelo en los brazos de Jesús, mi salvador y redentor. Es por ello que hoy, decidí no perder mi DNI, mi identidad, mi marca (no marca Perú...), sino mi marca de hijo de Dios.

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

martes, 16 de agosto de 2011

El "cibermalandro..."


Hace algunos  hackearon mi correo electrónico. En verdad siento hasta hoy como si me hubiesen arrebatado una parte de mi. En mi afán de recuperar mi correo preciado por largas horas intenté buscar solución a través de páginas de internet que me brindasen alguna ayuda. Mi búsqueda fue inútil. En medio de mi lamento recordé que estaba en Lima, la tierra de los peruanos más ""vivos", más astutos. Así que decidí encontrar la solución en la Av. Wilsson de Lima, el emporio más grande de "piratas" cibernéticos, famosos por piratear programas, violar leyes de seguridad de software supuestamente inviolables. 

Al llegar a la meca de la piratería (a parte del Centro Comercial El Hueco), pregunté sobre alguien que podía dar solución a mi "dramática" situación. Me dijeron que no en varios intentos. Así, finalmente llegué  un supuesto capo cibernauta, "el césar". Al verlo sinceramente no me dio garantías de ser un mounstro de IDAT (famosos en Perú por sus comerciales televisivos). Un tipo de lenguaje un tanto malandro combinado con  palabras técnicas de las que usan generalmente los ingenieros de sistemas o "duchos" en la materia. Al saber de mi problema atinó a decir: "causa (amigo), esa nota es simple. Te hago la chamba (el trabajo) en un dos por tres. Te va a costar 40 ferros (soles, equivalentes a 16 dólares americanos)". Emocionado por que al fin alguien me daba esperanzas de recuperar mi correo electrónico no podía creerlo. Me dijo que demoraba dos horas. Me dijo entre varias cosas que todos los correos electrónicos se podían bloquear (hackear) y que inclusive había hecho trabajos para congresistas y algunos políticos... Me dijo que si no deseaba esperar me podía vender el programa (software) y que yo mismo lo podía hacer.  Entonces acepté e hice el pago acordado. Me dio el CD y me dijo que si no funcionaba podía regresar para que él mismo me lo haga. "Normal tío, sino lo puedes hacer tú, me traes el disco y yo mismo soy. Garantizado man, con garantía..."- me dijo el "cibermalandro" mientras me decía su nombre (al menos por ese día se habrá llamado así): César.

Al llegar a casa, seguí las instrucciones y para sorpresa mía, nada de nada. Busqué en internet sobre el programa que "el césar" me dio y encontré que eso era gratis en la web y que era para jugar una broma a tus amigos. La  broma consiste en hacer creer a las personas que pueden hackear el correo o recuperar tu correo hackeado. Al enterarme de la estafa que había sufrido decidí ir en busca del "cibermalandro" y nadie, nadie lo conocía, ni sabían quién era. Nadie me dio parte de ese "vivo", ese "vivaso". Eso pasa solo en Perú me dijo un amigo. Fui engañado tontamente por un correo hackeado y perdí mis 40 soles y mi correo sigue bloqueado. No sé si lo recuperaré, lo único que sé es que "el césar" me vio con la cara de "opa" (tonto) y me jugó una "broma" (por no decir que me estafó...).

Hoy, mientras escribo estas líneas pienso en la frustración del hombre en su búsqueda de solución a sus problemas en lugares y personas, en hombres, en humanos. Cuánta gente como yo (tristemente yo) al verse acorralado por las tormentas mundanales piensan encontrar solución en personas, en cuentos falaces, en cosas nada serias y simplemente fracasan.
Yo busqué la solución de mi "problema" en un pirata, en un programa pirata. Y fui pirateado "robado, engañado..."
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