lunes, 6 de febrero de 2012

No soy pastor.... me dedico a ello


Él es exitoso... cuando predica cautiva a las masas. Jóvenes y niños que ya quisieran tenerlo como padre, y las esposas consideran dichosa a la esposa de este simpático y carismático predicador. Los otros predicadores lo imitan y admiran como si estuvieran viendo al mismo Jesús. Todo parece perfecto en su vida... es un predicador, un ministro completo, un pastor de pastores, un ejemplo como heraldo... un prototipo exacto de un pastorazo.

Ella está sentada en la primera final de la iglesia. Ella lo observa pasivamente y casi aburrida bosteza una y otra vez mientras la multitud es impactada por el mensaje de su esposo. Ella, parece perdida en el tiempo y el espacio... diría que a ella le importa un "pepino" lo que su esposo expone ante al multitud. Nadie nota este desaire a más... pues todos se concentran en él, el protagonista del show, el pastor, el predicador...

Ellos, son los hijos e hija, no tanto como la esposa, pero miran a su padre, no con aburrimiento sino como tratando de encontrar a alguien real en una figura mística o artística. Ellos conversan de vez en cuando a voz baja y miran como si buscaran explicación.

Ella y ellos, no miran como la multitud. Y es que ella y ellos, conocen al que cautiva multitudes. Ella y ellos saben quién es el admirado predicador cuando baja del escenario, del púlpito...

Hace algunos días, descubrí que soy un simple humano más. Llegué a pensar que soy un humano especial. No lo era. Soy tan simple, sencillo, vano... y descubrí que no soy un pastor, soy un hombre de nombre Heyssen J.  que dedica su vida al pastorado. No dejo de ser humano cuando soy pastor... esa es mi realidad, soy un humano trabajando como pastor...

No sé si logran entender este pensar loco probablemente para no pocos. Descubrí que soy simplemente un ser humano simple, que se dedica a ser pastor. No era un pastor humano, era todo lo contrario. 

Hace algunos años me contaron la historia que inicié contando. Me contó la hija de aquél afamado predicador, una hija que jamás tuvo a un pastor como padre sino a un hombre que se dedicaba a ser pastor. Y se dedicaba a ser pastor cuando ella muchas veces no lo necesitaba, y cuando ella más lo necesitaba jamás encontró a un pastor...

Les digo que yo descubrí que soy simplemente un humano más, pues descubrí que no soy pastor... Un día una feligrés me dijo: "pastor, alguna vez se ha sentido desanimado?" le dije que sí. Ella se sorprendió, pues en palabras suyas "los pastores no se desaniman...". 

Pero qué es lo que motiva a este escritor aprendiz a plasmar esta reflexión del alma? Simple, jamás pensé ni imaginé que igual que el famoso pastor y predicador (aunque sin gozar la fama) descubrí que en muchas ocasiones no soy pastor en mi casa, pastor para mis hijos, para mi esposa... soy pastor cuando ellos no lo necesitan (cuando estoy en la iglesia) y cuando ellos quisieran a un pastor (en casa) yo no estoy. Descubrí que mis sermones deben pasar por el visto bueno de mi familia antes que por el visto bueno de mi iglesia... Y es que mi familia me conoce, la iglesia muchas veces no.

Descubrí que si mi familia me mira como un pastor en mi casa, mi iglesia lo hará aún más. Descubrí que soy un simple hombre que se dedica a ser pastor.... pero esa dedicación,  que debiera ser en todo tiempo como diría Pablo, a "tiempo y fuera de tiempo" no lo es tristemente. Y como diría mi abuelita: "en casa de herrero cuchara de palo"... 

Gracias Dios, por hacerme ver mi error, por dirigir mi mente y corazón. Por llamarme la atención....

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

martes, 17 de enero de 2012

Conocí el camino...


A 17 días de un nuevo año no llego a comprender a plenitud varias de las cosas que acontecen en mi joven vida. Me pregunto constantemente qué es lo que Dios ha hecho conmigo... no logro entender cómo ni cuándo fue todo el génesis de esta peregrinación de fe.

Tenía probablemente nueve años cuando asistí por primera vez a una iglesia protestante... no sé en realidad cuál fue el motor de tal acción, lo único que recuerdo vagamente es que unos tíos convencieron a mi madre para que me dejen ir  a un culto protestante. No creo que haya sido un culto impactante, pues de lo contrario lo recordaría, puedo recordar sin embargo a un individuo en el púlpito diciendo que había estado muerto y ahora Dios lo había traído a la vida porque tenía una misión aún. Contó que vio una luz lejana y ella le conducía al paraíso pero que aún no era su hora... Debo confesar que a mis nueve años me pareció un estupidez garrafal tal testimonio loco... no podía creer cómo Dios era tan malo de "quitarle el helado a un niño" de esa forma. Es que en mi modo infantil de ver las cosas, si ese pobre cristiano estuvo en el cielo que es supuestamente un lugar de ensueño, y es todo perfecto, me parecía una maldad de las más grandes sacarlo al mundo sucio y desgraciado para vivir unos años más...en fin, pensé, soy un niño muy malo.

No volví más a un culto protestante hasta que a mi barrio llegó una familia de cristianos. No me importaban los demás, solo ella, una adolescente mayor que yo, ella tenía 17 y yo 15. Ella asistía a culto todos los domingos... y un día acepté ir a su iglesia (bueno, en realidad le pedí que me enseñara de la Biblia porque según yo quería aprender de Dios) y así fue cómo después de varios años me encontré con un culto protestante. Mi decepción fue tan dura... no por ella, sino por el tipo de culto que vi. Ese culto sí que impactó mi cuadrada mente. Una música de locos, era rock, cristiano, pero rock al final... unas danzas y movimientos al compás de la estrepitosa canción a Cristo supuestamente. No me gustó para nada, ya había asistido a una discoteca por lo que sabía que un culto con esa música era simplemente un evento similar a los de las discotecas modernas.

Pasaron un par de años para que un 11 de agosto del 1999 este joven y aprendiz escritor tuviera un sueño. Soñé que Cristo venía por segunda vez. Casi con claridad vi ese evento majestuoso y yo estaba allí, en medio de ese Gran Día. Entre tanta gente corriendo de acá para allá, escuché una voz que dijo: "busca a los tuyos", en realidad no escuché sino sentí esa voz. Lloré mucho en mi sueño, tanto así que desperté con lágrimas y yo que había permanecido indiferente a la voz de Dios por varios años, alimentado de marxismo, comunismo, pragmatismo... y que no creía en Dios y si lo hacía lo hacía con tanto temor, como si Dios fuese un Hitlter o un dictador despiadado, doblé mis rodillas a Dios y con llanto le dije: "Oh Dios, si existes, si realmente es cierto lo que se dice de Ti, muéstrame el camino, quiero encontrarte y jamás dejarte...". En la madrugada lluviosa dije esa oración y balbuceando una y otra vez la misma oración me quedé dormido. Al día siguiente al despertar mi primer pensamiento fue: "Quiero ir a una iglesia". Fui a la habitación de mi madre y le dije emocionado que me gustaría ir a una iglesia, ella se rió y me dijo que hay muchas y todas dicen que son las verdaderas... así que todas son iguales... Sin embargo, dijo ella: "Vamos a ir a una iglesia donde vi gente muy amable y tranquila". Le dije, que vayamos a ella. Fuimos el domingo y la encontramos cerrada. Nos dijeron que esa iglesia que está en el mismo centro de la ciudad de Pucallpa, solo abren en las mañanas, los domingos.

Así fue como llegué a la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Un sábado 14 de agosto de 1999 y después mi vida no fue igual. 

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví
 

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Papá por segunda vez...!

Los "amigos", muchas veces, son crueles con sus supuestas bromas . Cuando tienes cierta edad y estás soltero te dicen: "Oye, tienes que casarte pues ya se te va el tren". Cuando estás casado y no tienes hijos: "oye, ya es tiempo de tener un heredero, no sean mezquinos". Cuando tienes varios hijos: "oye, sería bueno que compres una TV". Cuando  tienes solo un hijo te dicen: "uno es como ninguno...". No los entiendo, y es que en sus supuestas "bromitas" sin ánimos de ofender ni hacer sentir mal a nadie... causan ciertos temores de expresarse sino de gritar a los cuatro vientos que eres feliz de varias cosas.

Lo confieso. Me duele reconocer esto que les diré, pero es la verdad. No lo dije antes como tendría haberlo dicho, es decir, como lo diré hoy (mas bien escribiré),  simplemente por temor al qué dirán. Temor a las "bromitas" de mal gusto de mis "amigotes". Pues sí, me costaba decirlo, pero ya no más. Ya no puedo seguir con esta sensación de temor mezclada con vergüenza ilógica (aunque parezca lógica para no pocos), en fin, solo les puedo decir que soy feliz de ser padre por segunda vez (aunque mis lectores asiduos saben que ya lo dije antes, aunque no como debería decirlo, osea, a los cuatro vientos).

Es probable que mi temor fue alimentado por el sentir de mi amada esposa, mi cómplice de aventuras misioneras, mi princesa árabe, mi inspiración terrenal: Charly. Aún recuerdo aquél día extraño a más. Mi esposa no se sentía del todo bien, por lo que visitamos al médico. El médico le recetó antibióticos y le recomendó que por precaución le practiquen un test de embarazo a través de sangre. Nos reímos mirándonos con cierta risa de incredulidad y a la vez como sorprendidos... por no decir que nos burlábamos de la opinión sino del consejo del médico. Él doc. se dio cuenta de nuestra sorna, y atinó a decir: "todos los días vienen esposos como ustedes..." y se fue.

Por razones de trabajo, tenía que ir a la oficina de inmediato por lo que no esperé junto a mi esposa el resultado del test de embarazo. Camino a casa iba sonriendo del consejo del médico, y pensaba, solo pensaba remotamente qué es lo que sucedería si por cosas de la vida, cosas que jamás me imaginaba, sería padre por segunda vez. No continué pensando pues me decía una y otra vez, "no puede ser...".

Llegué a la oficina, y me olvidé de lo ocurrido. Casi una hora después, vi a través de la ventana de mi oficina, a mi esposa camino a casa. La llamé a través del celular y ella no contestó. Vi que entró a la casa y con ella mi pequeña Génesis Valentina, mi hija en sus brazos. Pensé que no contestaba el celular por que lo tenía como silencio. Así que minutos más tarde, la llamé una vez más... no contestó. Así que en una corazonada de padre, de esposo, de amigo... supe que algo no andaba bien... 

Salí de la oficina tan rápido como pude, y al ingresar a la "casa de chocolate" (le decimos así a la casa por su color) en la sala estaba ella, mi amor, la madre de mi hija, mi esposa, mi amiga... llorando desconsoladamente... Al verme me abrazó y lloró como jamás la vi llorar... era un llanto profundo, lastimero sino agónico... parecía una película dramática (como las hindúes de antaño), un lamento, una elegía, una endecha. 

Hasta el momento no imaginaba lo que estaba ocurriendo. No sabía el motivo de su llanto dramático... hasta que vi el resultado del examen de sangre. Decía: "POSITIVO", es decir que SERÍAMOS PADRES POR SEGUNDA VEZ. Yo me sentí muy feliz. Ella me miró sorprendida al ver mi rostro de felicidad... la abracé con tanta fuerza... la besé una y otra vez diciéndole: "seremos padres otra vez, Dios nos regala otra bendición...". Sin duda mi respuesta, mi felicidad la desconcertó en gran manera... y su llanto dejó de ser llanto para decirme: "estás feliz de verdad o lo haces para sentirme bien?". Le dije que soy feliz porque seremos padres una vez más.

Ella me dijo que Génesis es muy pequeña para que tenga un hermanito. Le dije que no sé si sea un hermanito o hermanita (antes me hubiera importado el sexo) lo que sí me importa es que es un regalo de Dios. Somos jóvenes y Dios permitió que el margen de error en nuestra planificación familiar dio como resultado de que ella y yo seamos padres por segunda vez. Ella dejó de llorar y sin duda, la preocupación que ella tenía no era ilógica. La gente diría que somos irresponsables, que no planificamos correctamente, que somos malos padres... no los sé. 

Los que no saben que hicimos nuestra parte, pero que aún así Dios nos regaló un ser vivo que va formándose en el vientre de Charly, pueden decir lo que quieran, pero mi esposa y yo sabemos que Dios nos lo ha dado, por alguna razón más fuerte que la ciencia humana, más grande que nuestros planes...

Después de orar y abrazarnos y encomendar nuestras vidas y la vida de nuestros hijos (o hijas), decidimos que juntos, con mucho amor sacaríamos adelante a la herencia de Jehová.

Días después, no sabía cómo decirle a mis amigos, a mis hermanos mayores en Cristo... pero les dije y ellos me apoyaron... algunos, solo algunos por allí, en son de "bromitas" dijeron cosas que no vale la pena repetirlas ni registrarlas. Pero gracias a Dios, nuestros amigos, nos dieron su apoyo.

En menos de dos meses sabré si será varón o mujer (no importa mucho a decir verdad, pero igual, me gustaría saberlo). Ahora, siento en mi corazón una cierta sensación de que será varón... no me quiero emocionar, pues ustedes, mis lectores, saben que me gustaría en el fondo de mi que sea varón, para que lleve mi nombre, su nombre sería: Gabriel (o Ariel) Heyssen. Si es mujercita, aún no sabemos, pero su mamita tiene un nombre...

Hijo mío o hija, te espero con tanto amor. Te esperamos con mucha emoción. Tu hermanita, Génesis Valentina, es muy pero muy linda, muy inteligente, una gran niña, toda una valiente niña, le gusta que le lean historias de la Biblia, que le expliquen imágenes de su Biblia (la que le regaló tu tía Betzabé, esposa de tu tío Jhunot, hermano de tu mami). 

Cuando recuerdo que tu mami lloró por tu llegada, la amo más, ella lloraba no porque no te quería sino porque te ama. Ella sabe que no será muy fácil educar a dos niños que en edad se disten un año y cinco meses... en fin, te amo, te amamos. Tu mamita siempre me habla de ti. En estos momentos estoy en Tingo María, Perú, por asuntos de trabajo. Me acostaré en minutos no sin antes pedir por ti, por Génesis por los nuestros...

Ah, y tus tíos y abuelitos te esperan y aman muchooooooo....!!!


Pr. Heyssen J. Cordero Maraví



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