Su nombre era Joselo, pero en el pueblo era conocido como Pepín. Era un hombre de campo, recio, barbudo, cabellera un tanto crecida, media un metro noventa aproximadamente, desalineado a más y cuando no estaba ebrio, pasaba sus pocos días trabajando en las parcelas de cacao. Su esposa e hijo le abandonaron por su adicción al alcohol. Era un antisocial cuando sin los efectos del alcohol... pero un varón bromista, amigable y loco cuando el alcohol invadía su cuerpo...
Pepín era famoso, era un "cuco" (moustro) para los niños. Cuando un niño no quería comer le amenazaban con llevarle a la parcela de Pepín para que se lo coma. Cuando llegué a ese lugar como pastor distrital, me lo encontré en una librería, como yo no lo conocía, le saludé, y él se sorprendió al parecer, pues tiempo después descubrí que nadie le respetaba a causa de su adicción al alcohol.
Después de algunos meses en ese lugar, supe que llegó a ser alcohólico a raíz de la muerte de su hija. Él era un hombre cristiano, muy apegado a los principios de la Biblia, pero cuando perdió a su hija en un asalto, un robo atroz, todo lo que era simplemente llegó a ser nada. No pudo superar la pérdida de su hija... y se refugió en el alcohol. Su esposa soportó esa vida por algunos años, pero después se marchó llevando a su hijo.
Un día visitó mi casa llorando... le atendí y me contó lo que hoy les cuento. Le traté de ayudar, le recomendé ayuda profesional... no aceptó, sentía que no tenía el valor para poder superar todo lo que le tocó vivir... la pérdida de su hija, el abandono de su esposa e hijo... decía que no era justa la vida, que Dios era muy malo con él... y que su vida es un castigo, si es así, entonces espera que termine así...
No pude hacer mucho por él, me cambiaron poco tiempo después. Hoy me acordé de él y llamé a ese lugar y me contaron que falleció hace menos de un mes.
Qué pena siento en mi corazón, Pepí descansó... Aún me quedan sus palabras diciendo: "la vida es injusta conmigo". Cuántos como Pepín hoy dicen los mismo, la vida es injusta...
Puede ser, no escogimos esta vida, nacimos y la tenemos, nacimos y punto... pero conozco a alguien justo, Cristo Jesús, que puede hacer la diferencia en tu vida, en mi vida. Esta reflexión del alma, tiene el propósito de mostrar que las injusticias de la vida son aparentemente el término de la vida del hombre, no es así, Cristo puede hacer la diferencia... Hoy podemos ir a Jesús y poner todas nuestras cargas, las injusticias de nuestra vida a sus pies... y esperar porque sin duda Cristo hace la diferencia... Claro, está en nosotros aceptar a tiempo, no vaya a ser como Pepín, que no aceptó...
Pr. Heyssen J. Cordero Maraví
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