martes, 17 de enero de 2012

Conocí el camino...


A 17 días de un nuevo año no llego a comprender a plenitud varias de las cosas que acontecen en mi joven vida. Me pregunto constantemente qué es lo que Dios ha hecho conmigo... no logro entender cómo ni cuándo fue todo el génesis de esta peregrinación de fe.

Tenía probablemente nueve años cuando asistí por primera vez a una iglesia protestante... no sé en realidad cuál fue el motor de tal acción, lo único que recuerdo vagamente es que unos tíos convencieron a mi madre para que me dejen ir  a un culto protestante. No creo que haya sido un culto impactante, pues de lo contrario lo recordaría, puedo recordar sin embargo a un individuo en el púlpito diciendo que había estado muerto y ahora Dios lo había traído a la vida porque tenía una misión aún. Contó que vio una luz lejana y ella le conducía al paraíso pero que aún no era su hora... Debo confesar que a mis nueve años me pareció un estupidez garrafal tal testimonio loco... no podía creer cómo Dios era tan malo de "quitarle el helado a un niño" de esa forma. Es que en mi modo infantil de ver las cosas, si ese pobre cristiano estuvo en el cielo que es supuestamente un lugar de ensueño, y es todo perfecto, me parecía una maldad de las más grandes sacarlo al mundo sucio y desgraciado para vivir unos años más...en fin, pensé, soy un niño muy malo.

No volví más a un culto protestante hasta que a mi barrio llegó una familia de cristianos. No me importaban los demás, solo ella, una adolescente mayor que yo, ella tenía 17 y yo 15. Ella asistía a culto todos los domingos... y un día acepté ir a su iglesia (bueno, en realidad le pedí que me enseñara de la Biblia porque según yo quería aprender de Dios) y así fue cómo después de varios años me encontré con un culto protestante. Mi decepción fue tan dura... no por ella, sino por el tipo de culto que vi. Ese culto sí que impactó mi cuadrada mente. Una música de locos, era rock, cristiano, pero rock al final... unas danzas y movimientos al compás de la estrepitosa canción a Cristo supuestamente. No me gustó para nada, ya había asistido a una discoteca por lo que sabía que un culto con esa música era simplemente un evento similar a los de las discotecas modernas.

Pasaron un par de años para que un 11 de agosto del 1999 este joven y aprendiz escritor tuviera un sueño. Soñé que Cristo venía por segunda vez. Casi con claridad vi ese evento majestuoso y yo estaba allí, en medio de ese Gran Día. Entre tanta gente corriendo de acá para allá, escuché una voz que dijo: "busca a los tuyos", en realidad no escuché sino sentí esa voz. Lloré mucho en mi sueño, tanto así que desperté con lágrimas y yo que había permanecido indiferente a la voz de Dios por varios años, alimentado de marxismo, comunismo, pragmatismo... y que no creía en Dios y si lo hacía lo hacía con tanto temor, como si Dios fuese un Hitlter o un dictador despiadado, doblé mis rodillas a Dios y con llanto le dije: "Oh Dios, si existes, si realmente es cierto lo que se dice de Ti, muéstrame el camino, quiero encontrarte y jamás dejarte...". En la madrugada lluviosa dije esa oración y balbuceando una y otra vez la misma oración me quedé dormido. Al día siguiente al despertar mi primer pensamiento fue: "Quiero ir a una iglesia". Fui a la habitación de mi madre y le dije emocionado que me gustaría ir a una iglesia, ella se rió y me dijo que hay muchas y todas dicen que son las verdaderas... así que todas son iguales... Sin embargo, dijo ella: "Vamos a ir a una iglesia donde vi gente muy amable y tranquila". Le dije, que vayamos a ella. Fuimos el domingo y la encontramos cerrada. Nos dijeron que esa iglesia que está en el mismo centro de la ciudad de Pucallpa, solo abren en las mañanas, los domingos.

Así fue como llegué a la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Un sábado 14 de agosto de 1999 y después mi vida no fue igual. 

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví
 

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