miércoles, 21 de agosto de 2013

No somos de este mundo...


Dan Brown en su último thriller Inferno presenta al catedrático de Simbología de Harvard, Robert Langdon en Florencia, Venecia y Estambul tratando de descifrar los acertijos ingeniosos que Bertrand Zobrist, un famoso bioquímico y especialista en genética lineal y transhumanista (H+) declarado, en un escenario de arte clásico, pasadizos secretos y ciencia futurista tiendo como fondo a una de las obras de literatura más misteriosas de la historia: El infierno de Dante. En la obra también se presenta a Sienna Brooks una doctora con muchos secretos, todos a causa de su excepcional intelecto de quien se hace referencia: "Sienna se había pasado la niñez como una extranjera en un país desconocido. Una alienígena atrapada en un mundo solitario, intentó hacer amigos, pero las frivolidades a as que sus compañeros dedicaban su atención no tenían interés alguno para ella. Intentó respetar a los adultos, pero la mayoría no parecían ser más que niños grandes que carecían de las más básica comprensión del mundo que los rodeaba y, todavía peor, no sentían ninguna curiosidad o preocupación al respecto."

Hace unos meses llegó a casa un joven de una de las iglesias que pastoreo. El joven es uno de los más dinámicos y entusiastas que conozco. Pensé que había venido, como las veces anteriores, a compartir un nuevo plan distrital o una nueva idea para trabajar mejor en el ministerio joven. No fue así. Sus ojos ésta vez eran diferentes. Sus hombros encojidos y su rostro opaco me hacían suponer en segundos, que el joven estaba en una visita diferente. Le invité a sentarse y accedió. Ante todo, no hay nada de nada que no tenga solución. Todo tiene solución - le dije- y lo miré mostrándome amigo. Él joven respiró hondo para luego exhalar como si hubiera terminado una gran carrera, frunció en ceño y con sus ojos entre abiertos y rostro de desesperación me dijo: "creo que ésta vez se equivoca pastor. No hay remedio ésta vez. La única solución para mi problema es que yo no siga entre nosotros". Mi corazón se aceleró, sentí un frío inexplicable... sentí mi estómago vació... y mis ojos como platos enormes no podían creer lo que escuchaba. Lo único que entendía por sus palabras era que el joven estaba insinuando o afirmando que la única solución para el problema "x" que le aquejaba era quitarse la vida. ¡Esa no es una noticia buena por supuesto!

Traté calmarme y luego le dije que quitarse la vida no es una decisión sabia ni para él ni para su familia y mucho menos para su novia, con la que se va casar dentro de cinco meses. Mencioné el asunto de su matrimonio adrede pensando que era ese el motivo o ella, la novia, la culpable de loco pensamiento y fatalista. Él me miró con desesperación mientras las lagrimas se deslizaban presurosas por sus mejillas para ser limpiadas de vez en cuando por sus puños, y dijo: "Lo hago por ellos. No soy feliz con ellos ni con nadie. Los amo, eso no tiene discusión. Amo a mi novia, a mi familia y a ustedes mis hermanos de la iglesia como no se imagina. El amor por ellos es fuerte y verdadero, pero siento que no cuadro entre ellos, ni entre ustedes. No cuadro en la universidad ni en mi trabajo. No cuadro en el mundo... es más creo que no cuadro en los planes de Dios". Las palabras de aquél joven me dejaron en shock. Un vacío existencial a leguas. Había escuchado de este problema en no pocos. Pero jamás, jamás en un joven cristiano, un líder de iglesia, un prominente joven admirado por muchos.

En segundos intenté recordar qué es lo que yo había hecho para que el joven se sintiera así de modo que me involucrara como uno de los culpables para que él no "cuadre". Y como si supiera que quería una respuesta a mi búsqueda mental él dijo: "En mi casa quieren que sea un joven normal como mi hermano menor, porque él sale con cuanta chica encuentre y la pasa de fiesta en fiesta, y mi padre como buen militar desea que un día él, yo y mi hermano nos sentemos en un bar y bebamos hasta emborracharnos. En la iglesia la mayoría quisiera que sea más comprensivo con los nuevos jóvenes, que no sea tan estricto y "extremista". Usted pastor desea, y me lo ha dicho varias veces, que me dedique más a mi iglesia local con el plan de evangelismo y no tanto a los jóvenes de las demás iglesias ni a sus actividades sociales. En la universidad mis compañeros me piden que sea más abierto a las nuevas ideas y que goce la juventud que es una sola. Mi novia me pide más tiempo para ella y que si en realidad nos casaremos pronto que pensemos en serio las cosas pues cuando nos casemos muchas cosas quedarán a un plano secundario ya que ella será la prioridad después de Dios. Pastor, si se ha dado cuenta todos esperan lo que no soy de mi. Nadie me acepta como soy. Nadie entiende que yo tengo una personalidad. Nadie está contento con lo que soy. Entonces la única solución que le encuentro es que como no"cuadro" con nadie. Es mejor desaparecer. Y como sé que en ningún lado del mundo podré estar solo, lo mejor es morir. Y he venido acá pastor, porque aunque he tomado la decisión de quitarme la vida, aguardo la esperanza, esa que me hace feliz... las pocas veces que fui... que algo pueda decirme que me haga cambiar de opinión... estoy mal". Su cada palabra fue tan elocuente y contundente que pensé por unos segundos que temía que había llegado al lugar y con la persona equivocada. Yo no sabía qué responderle. Es posible que muchos ya tendrían palabras por cientos para sermonear y aconsejar al joven. Yo no.

Me acerqué y le puse mi mano sobre su hombro. Le dije: "Amigo, creo que en menor o mayor grado, todos hemos sentido eso alguna vez o algunas veces. Yo mismo, a pesar de ser pastor, he sentido incomprensión entre los demás. He sentido que no "cuadro". Es cierto, te mentiría si te digo que he pensado quitarme la vida. No. Pero he pensado en ir a un lugar desconocido y no sé... vivir allí sin que nadie me haga sentir un extranjero en mi propio país o un extraterrestre en mi propio mundo. Pero ¿ya olvidaste lo que dice la Biblia? "Pero ustedes no son de este mundo. Sino que yo los he escogido de entre el mundo. Por eso el mundo los aborrece" (Jn. 19b). Si fuéramos del mundo el mundo nos amaría, pero no lo somos." Así que pronto... muy pronto iremos a casa. A un lugar donde todo este vacío e incomprensión sean simplemente pasado. Todas las cosas serán nuevas. Perdóname si yo contribuí para que te sientas mal. Sé ahora que no lo mejor. Gracias porque ahora tendré cuidado al pedir las cosas...

Después de conversar un buen tiempo finalmente el joven desistió de su pensar. Nos abrazamos y después de orar se fue. Hace dos sábados nos encontramos. Terminé de predicar en su iglesia y a la salida del templo me abrazó y me dijo con un libro en sus manos: "Pastor, ha leído usted Inferno de Dan Brown. Le dije que no, que había planeado leerlo pero que aún no he tenido la oportunidad. El joven me dijo. Léelo y encontrará a una mujer llamada Sienna Brooks que se "parece" mucho a mi. Mejor dicho, se parecía. Porque yo soy nuevo en Cristo y no pienso igual. Amo la vida para Cristo, amo vivir por Cristo...".

Hoy terminé de leer ese libro. Interesante. Lleno de imaginación pura y grandes datos históricos sobre arte y literatura. Pero nada mejor y más interesante que la Biblia, la Palabra de Dios.

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví



  

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