martes, 22 de octubre de 2013

El Regreso...


Enrique, el protagonista de la película El Regreso, describiendo su condición alejado de la iglesia, viviendo una vida sin límites menciona con tristeza: "nadie puede ser feliz nadando en el charco, después de haber nadado en aguas limpias".  Nada más cerca a la realidad. Acabo de visitar Gustavo, un ex adventista, alejado de la iglesia hace siete años.  Mirada triste, rostro desencajado, cabello crecido y barba que reclama a leguas la intervención de una navaja.

Tus hermanos y amigos de la iglesia te aprecian Gustavo - le hablo mientras le aprieto las manos después de que Ricardo me lo presenta- me han pedido que podamos visitar a uno de los fundadores de la iglesia en el distrito. Él permanece sorprendido con mi visita. Sorprendido pero a la vez incómodo a más. Es entendible su situación, tal parece que mi acompañante no le llegó a comunicar de nuestra visita (después me dijo: "pastor, es que si le avisaba no nos iba a esperar"). Con un desgano notable y una sonrisa chueca nos invitó a pasar a la sala de su departamento. Un departamento pequeño, un imponente LCD y unos muebles negros con una serie de objetos lejanos a la sala. Nos sentamos frente a frente. Para romper el hielo como es usual le felicito por su buen gusto por el arte indicándole la pared que tenía colgado cuadros y lienzos de pintura contemporánea (que a decir verdad no los llego a entender por más intento que hago, es que para mí son solo inexplicables al ojo común).

Ah, sí, me gusta coleccionar trabajos de mi hermano mayor, él era pintor- me dice mientras apunta un cuadro en uno de los estantes de manera- su nombre era Joaquín y murió hace siete años. Fue el día más triste de mi vida y ningún "hermanito y amigo" de la iglesia donde supuestamete fui uno de los fundadores, vino a verme y a preguntar qué es lo que había pasado. Fue un sábado, un sábado glorioso, un día de reposo que la pasé solo con mis padres y algunos vecinos. Fue un día triste no solamente porque mi hermano mayor murió sino porque ese día me di cuenta que mis "hermanitos" de iglesia estaban muertos pues no vinieron ni siquiera a ver porqué no fui a la iglesia ese día.

Pero sí estuvieron en la junta donde me disciplinaron porque me habían visto tomando cerveza después de un partido de fútbol un mes después de la muerte de mi hermano. Por ello me sorprende que usted, que no me conoce, diga: "tus hermanos y amigos te aprecian". No lo creo, lo creí alguna vez. Pensé que era así cuando era el director de jóvenes de la iglesia, cuando estaba bien y no necesitaba ayuda.

Típico. Jamás te visitaron para animarte y saludarte y solo te visitan para decirte que serás disciplinado. Antes de estudiar teología, estudié enfermería y aprendí sobre el famoso "PAE" palabra o abreviatura muy usado por todo enfermero o enfermera, significa: "PROCESO DE ATENCIÓN DE ENFERMERÍA", consta de cinco pasos: Valoración, Diagnóstico, Planificación, Aplicación y Evaluación. Este proceso se puede desarrollar en dos lugares, en la atención comunitario (énfasis preventivo) y la atención clínica (énfasis curativo o tratamiento); la primera, COMUNITARIO, es en la casa del paciente, lo visitas, ves cómo está en su alimentación, servicios higiénicos, etc..., la segunda, CLÍNICA, es en el hospital, el paciente viene enfermo y tienes que ver sus heridas, etc... Ambos atenciones de enfermería, pero uno es preventivo y el otro es de curación. 

En la iglesia muchas veces obviamos la atención comunitaria, esa que se hace en la casa, la visitación del hermano cuando está bien, cuando no está enfermo... pero sí hacemos casi siempre la vista clínica, cuando está mal, cuando el hermano está enfermo, cuando ya no va a la iglesia,cuando le vamos a comunicar que será disciplinado. Triste pero real.

Sin embargo, a pesar de que ellos, mis "hermanitos y mis amiguitos" adventistas me abandonaron y sufrí mucho. Puedo ver  hoy después de siete años que no hay nada bueno lejos de la casa de Dios, lejos de los brazos de amor de Dios.  Quise alejarme de Dios para rebelarme contra su iglesia, que sienta que por su culpa yo me alejé de Dios y solo coseché dolor. Vivo infeliz lejos de Dios, lejos de la casa de Dios... soy infeliz, y ahora entiendo que es necesario volver a la iglesia para enseñar a los hermanos que hay gente que necesita de ellos en momentos difíciles, así como yo los necesité- me dijo mientras lágrimas gruesas y veloces se deslizaban sobre sus demacradas mejillas.

Gustavo da fe de que "nadie puede ser feliz nadando en el charco, después de haber nadado en aguas limpias". Me siento feliz por la decisión de Gustavo, y triste a la vez porque en más de una oportunidad fui indolente y duro ante el dolor de un hermano. No actué con prontitud y no prioricé la atención comunitario...

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

martes, 8 de octubre de 2013

Un pastor jaujino



"Te voy a prestar un caset que te va a ayudar mucho. A mí me ayudó mucho y sé que hará lo mismo contigo". Fueron las palabras de Simón, uno de mis primeros amigos adventistas. Simón me los prestó seguro de que si yo escuchaba al menos un sermón, mi vida sería tocada por el poder de Dios. Lo miré extrañado por tanta confianza y fe en ese caset nada pomposo ni extraordinario. Medio incrédulo, llegué a mi casa y escuché por primera vez a un predicador con voz melancólica, triste y como queriendo llorar. El sermón trataba sobre el pecado de David con Betsabé. Fue después de escuchar el sermón que entendí porqué Simón le tenía mucha fe al caset. Realmente el sermón fue poderoso.

Confieso que fue uno de los sermones que llegué a memorizar porque la escuché una y otra vez. Es más, confieso que fue uno de los sermones que más prediqué cuando fui colportor en Tocache y Tacna (en mis primeros años de estudiante de teología). Y fue ese sermón que innumerables veces  me llevó a recapacitar en mi vida y a tomar un rumbo correcto (en mis tiempos de estudiante de teología) pues jamás pude olvidar una de las frases que aquél predicador dijo: "No te puedes imaginar qué cosas maravillosas y bonitas puedes hacer con Dios, pero así también no puedes no te imaginas qué terribles cosas puedes hacer cuando estás sin Dios" (amigo Eduardo, la frase no es mía, pertenece a un gran predicador...).

Mi amigo Simón me preguntó después de una semana, "¿qué tal? ¿escuchaste al pastor Bullón?". Lo miré extrañado y le dije: "¿pastor qué...?". Emocionado me miró a los ojos diciendo: "Pastor Alejandro Bullón, ese es el nombre del predicador del caset que te presté". En mi tierra natal, Jauja, el apellido Bullón es muy conocido, fue por ello que me sorprendió que aquél predicador se apellidara así. Y al confirmar que efectivamente se el predicador de caset se apellidaba así, le conté que el sermón me gustó y que me gustaría escuchar otros sermones más.

Fue así como un joven jaujino fue tocado por el poder de Dios a través de un caset del Pr. Alejandro Bullón (tiempo después supe que el Pr. Bullón también era de Jauja, la primera capital en la historia del Perú). Me volví un fiel seguidor de sus sermones, sus artículos y libros. El segundo libro adventista (después de El Conflicto de los Siglos) que leí fue Fuerzas para vencer. Uno de los libros más impactantes que leí. Era como si el Pr. Bullón escribiera ese libro sabiendo mi vida, como si me conociera... hablaba de mi vida, de mis luchas, temores y ... Simplemente era un libro que necesitaba un joven recién bautizado queriendo ser fiel a Dios en medio de un mundo de dificultades.

Fue en la casa del Pr. Isidoro Valencia (actualmente pastor jubilado) donde terminé de leer aquél libro. Sentí el llamado de Dios claramente. Confirmé el llamado de Dios para ser un misionero, un pastor. Lloré de emoción al saber que había un Dios de amor que me amaba como nadie más podía hacerlo, ni mi madre. Ese día, un 26 de diciembre del 2003 descubrí que amar a Jesús era todo.

Mi amigo Simón no estuvo equivocado cuando me dijo que los mensaje del Pr. Bullón me ayudarían. Lo hicieron, pero fue Dios a través de él, a través de los mensajes del hoy por hoy, el evangelista peruano más grandes de todos los tiempos (y es de Jauja...una pequeña ciudad detenida en el tiempo, católica, tradicionalista, supersticiosa, bohemia a más...). Yo mismo muchas veces regalé DVDs o CDs del pastor Alejandro Bullón con mucha fe, con oración, con la confianza en que Dios usará los mensajes del predicador para llamar a los que aún no lo aman.

Cuando llegué a la universidad adventista de mi país, muchos de mis compañeros hablaban del pastor Bullón como un ídolo (no me sentí solo), como un ideal a alcanzar. Todos queríamos ser como el pastor Bullón, evangelistas. Era interesante que en cada exposición, presentación de algún tema, aunque no sea relacionado al evangelismo la mayoría de mis compañeros no hablaban, sino predicaban... como el Pr. Bullón... como queriendo hacer llamados (era interesante, y eso que no les cuento cómo fue el curso de homilética... les contaré en otra oportunidad). 

Tiempo después, en julio del 2004 el Pr. Bullón predicaría en la Plaza de Toros de Acho en Lima. Era la primera vez que lo escucharía en vivo y en directo. Lamentablemente lo vería desde las graderías... a lo lejos. No me importaba, lo importante era que lo vería y escucharía. Cuando cantábamos mientras el orador entraría en escena, miré hacia el palco oficial y principal de la plaza, que estaba  como a 50 metros de mí, lo vi por primera vez. Era el Pr. Alejandro Bullón. Mi corazón se estremeció, era el predicador que Dios usó en varias oportunidades para darme lecciones.

Después de algunos años lo volvería a ver otra vez en la Universidad Peruana Unión, vino para el sepelio de su madre. Lo vi de cerquita. Solo lo saludé... pero no me animé a tomarme una foto con él ni a pedirle unas palabras... porque sabía que no era el momento adecuado. Me sentí triste por no haberme tomado una foto con mi "ídolo" (deben entender por favor... pido me entiendan. Es como si yo fuera jugador juvenil de fútbol y él fuera el Messi del evangelismo, algo así).

Actualmente soy un joven pastor. Trabajé en Tocache, Pucallpa, Iquitos y ahora en Lima. Hasta ahora no he tenido la oportunidad de saludar al Pr. Bullón, darle la mano y abrazarlo... y tal vez agradecerle por sus mensajes. No sé si algún día tenga el privilegio de hacerlo. Algo sí sé, es que si no es en esta tierra, al menos tengo la esperanza de hacerlo en el cielo. Donde de seguro podré hacerlo sin ningún impedimento...

Es posible que tú y el Pr. Bullón sean amigos, es probable que tú hayas conversado, comido y jugado con el Pr. Bullón y que para ti no signifique mucho lo que he escrito hoy. Es posible que creas que he escrito una tontería y que no crees que es correcto ensalzar ni admirar tanto a un humano. Es posible. Hace dos años fui a un Concilio de Publicaciones en el Brasil y conocí a un pastor argentino que contó que en algún momento conoció al Pr. Bullón. Dijo: "Yo toqué tuve la Biblia del Pr. Bullón cerca de diez minutos... él estaba orando en el camerino y cuando salió le entregué su Biblia y me dijo: "Gracias hijo". Sentí que un hombre de Dios me habló...". No me avergüenza contar y escribir lo que hoy lees. Sin duda el Pr. Bullón es un hombre de Dios. Sus mensajes son hasta hoy como bálsamo que Dios usa para hablarme al corazón.

Dios bendiga el ministerio del Pr. Alejandro Bullón, mi paisano.

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví
 
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