miércoles, 27 de agosto de 2014

Mi héroe...


Siempre me he preguntado ¿por qué la Biblia dice que debemos ser como niños si queremos entrar al reino de los cielos? (Mt. 18:3). Tengo dos hijos pequeños y veo que son niños pero ya tienen conductas egoístas y otras que jamás hice esfuerzo alguno de que aprendieran o las enseñé. Es más, hay cosas que trato de enseñarles y debemos trabajar mucho para que las aprendan. Yo no enseñé a ser egoístas, pero a veces muestran esa actitud. En fin, muchas personas dicen que los niños y ebrios no mienten. No sé porqué lo dicen, pero yo conozco a niños (es más lo digo más por mí) que fueron muy, pero muy mentirosos y ebrios o "borrachos" que cuando están bajo el efecto del alcohol son súper mentirosos.

En mi generación hubieron dibujos animados que marcaron historia. Los Súper Campeones, Caballeros del Zoodiaco y Dragon Ball. Mi mamá siempre me dijo que debía creer en los signos del zoodiaco, así que creo que fue por eso que jamás me interesó esa serie. Aunque en mi salón de clase todos hablaban de esa serie, no me gustaba. 

Hace algunos días, buscando algunos videos sobre liderazgo en Youtube, me encontré con un video que Los Súper Campeones. Y recordé que en mi niñez hacía locuras por ver ese progarma. Me escapaba del colegio en los recreos porque justamente a esa hora era el canal 4 transmitía la serie. Oliver Atom era mi ídolo, ya quería jugar como él y hacer un "tiro con chanfle" y una "combinación dorada" con Tom Misaki para anotar en la portería de Benji Price o de Richard Tex Tex. Y cómo no ganarle a todos los retos de Steve Hyuga o los hermanos Koriotos... Y bueno, también quería decir a todos que el "Balón era mi amigo". ¿Loco no?

Otra serie animada que me apasionó fue Dragon Ball Z, desde cuando Gokú pelea con su hermano sayajín Raditz y muere. Gokú era mi ídolo. Cuando tenía catorce años vinieron a mi colegio unos evangélicos y dieron un seminario sobre dibujos animados diabólicos diciendo que esa serie era diabólica. Me molesté mucho. Sali del auditorio furioso. Yo no quería creerlo, sabía que sí, era espiritista, pero como yo no me interesaba en las cosas de Dios (no era adventista en ese tiempo. Lo fui a los 18 años) me daba igual. Hice más locuras por ver esa serie animada que daba a los 10 de la mañana de lunes a viernes por el canal 4. En el barrio donde vivía no había energía eléctrica por lo que tenía que ir a la casa de mi mejor amigo a pie unas veinte cuadras. Lo mismo sucedía para ver la serie Drago Ball. Tenía que mentir a mis padres y decirles que tenía tareas, que debía ir a la Biblioteca, y así un sin fin de mentiras hasta que fui descubierto. Y como se imaginarán, pague las consecuencias. Sin propina, barrer la casa, el patio, bañar a los perros, etc., pero eso pasaba, lo que fue más terrible era que ahora sí, no podía ver la serie. No vi el final de la pelea con Freezer. Me dio una pena cuando Gokú sacrificó su vida en vano para derrotar a Cell. Bueno, jamás vi la serie de corrido. 

Oliver Atom y Gokú jamás existieron, no existen ni existirán (aunque les confieso que en viaje misionero a una comunidad de Pucallpa me encontré con un niño de nombre Gokú Vegueta), sabía que eran personajes ficticios pero los consideraba como mis ídolos por muchos años.

Sin embargo, desde que nací yo siempre fui fans de mi padre, Julio Cordero, creo que todos los niños en algún momento. Para mí, mi padre era el más fuerte del mundo, el más inteligente y el mejor de los mejores en todo. Todo lo que mi padre hacía era lo mejor. Cuando un niño de más edad me molestaba, yo le decía: "le voy a decir a mi papá...". Confiaba en el cuidado de mi padre, no había porqué tener miedo si mi padre estaba a mi lado. Cuántas veces fui a la cama de mis padres en las noches de lluvias fuertes y truenos y me dormía entre ellos seguro de que nada malo sucedería. Cuando él jugaba fútbol, era el mejor goleador del mundo. Pero con el pasar de los años comprendería que mi padre era un hombre normal, que me amaba, me protegía, pero habían cosas que él jamás podría hacer aunque quisiera hacerlas. Mi padre, era un héroe limitado, un hombre imperfecto, simple, un hombre nada menos y nada más.

Sabía que todos los ídolos y héroes eran nada, Gokú y Oliver Atom era falsos, siempre lo fueron y yo lo sabía, pero me gustaba ver la serie. Mi padre, mi gran ídolo, con todos sus ganas y amor era un simple mortal, bueno pero imperfecto. Fue así que ingresé a beber aguas hinduístas a creer en la reencarnación y si acaso era falso, creía y soñaba con una sociedad común, una sociedad de igualdad. Admiré la obra de el Ernesto "Che" Guevara entre otros. Leí de todo. Sumergido en esas aguas, le agarré pánico a la Biblia. Mi madre siempre me enseñó de la Biblia, no fuimos religiosos ni practicantes, pero siempre supe de un Dios que nos ama y nos llama. Rechazaba a Dios a toda costa, sabiendo que todo lo que leía y buscaba en las religioses dhármicas era simplemente un escape tonto de la vida imperfecta. Le tenía un terror a la Biblia hasta que un día la leí contra todo pronóstico. Ese día descubrí a un héroe, descubrí a Jesús...

¿Por qué la Biblia dice que debemos ser como niños si queremos entrar al reino de los cielos? Creo que es porque los niños confían en sus padres a ciegas. Sus padres son sus héroes. Sienten seguridad y tranquilidad cuando hay peligro si sus padres están a su lado. Jesús, Dios quiere que yo sea como niño, desea que yo confíe, en Él como un niño lo hace con su padre. Esa es la fe. La confianza en Dios como un niño lo hace en su padre.

Mi padre, mi héroe, mi todo es Cristo. Gracias le doy todos los días por que siempre me buscó y porque permitió que yo le acepte. Quiero confiar todos los día en Cristo, tomarme de sus brazos y no soltarme jamás, jamás... jamás.

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

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