lunes, 20 de abril de 2015

¿Qué de bueno puedo conseguir lejos de Dios?


Hace algunos años, cuando era estudiante de teología y realizaba práctica en una iglesia en Lima, conocí a una niña de unos 13 años de edad. Ella era muy talentosa. Dios la había dotado de dones maravillosos. La niña cantaba, predicaba, enseñaba, pertenecía al club de conquistadores y era una de las más hábiles del grupo. Cada sociedad de jóvenes repetía todos los versículos de la devoción matutina de memoria. Era realmente una niña admirable.
Hace unos días alguien me escribió para saludarme por el el chat de ésta red social. Hola hermano Heyssen a los años - me escribió - Hola. Solo respondí mientras intentaba recordar quién era. Sucede que mis contactos de Facebook son muchos desconocidos. No la recordé y después de ver su perfil finalmente fue posible reconocerla. Sin embargo se notaba que ya no estaba en la iglesia. Había fotos de ella en la discoteca, en fiestas. Las publicaciones en su muro eran muy lejanas a la de una joven cristiana. No lo era. Una foto en su muro la mostraba con un grupo de amigas bebiendo cerveza en botella. Dónde estaba aquella niña de sonrisa amplia y mirada sincera?
Cuando al fin recordé quién era. Le respondí preguntándole por su familia. Ella me contó lo siguiente:
"Hace cinco años abandoné la casa por un joven a quién amé mucho. Cuando abandoné la casa también me alejé de la iglesia. Conocí lo que jamás había imaginado. Hubo un tiempo que la vida iglesia se convirtió en un lugar "de aburrido". Nada era atractivo. Mis amigos de colegio (adventista) que no eran adventistas me contaban lo lindo que aún no conocía en el " mundo". Algunas veces me las arreglé para salir con ellos bajo pretextos de estudios y trabajos. Esos lugares eran tan emocionantes. Todo era permitido. Nadie te juzgaba por nada. Comencé a tomar licor a fumar. En casa nadir sabía nada. Mis padres pensaban que yo seguía siendo joven linda de siempre.
Me enamoré de un chico. Él no era cristiano. Yo sabía que no era correcto enamorar con un joven así, pero me gustaba y lo amaba. Yo tenía 17 años y él 19. Nuestra relación era normal dentro de los límites del "mundo". Ante los ojos de la iglesia no. Yo había escuchado seminarios de noviazgo en la iglesia. Muchas veces me aconsejaron. Nada de ello tenía valor en ese tiempo. Hasta que un día me descubrieron.
Mi papá fue a mi cuarto a orar porque yo hace meses no salía a los cultos familiares. Tampoco tenía ganas de hacerlo. Mi biblia y mi lección de Escuela Sabática estaban empolvados de domingos a viernes. Mi familia oraba y oraba, yo tenía cólera y hasta llegaba a burlarme. Todo en la iglesia era aburrido... Fuera de ella, en cambio, todo era divertido, emocionante y chevre!
El pastor me llamó y visitó dos veces. Me habló de muchas cosas pero en mi mente pensaba que el pastor habla porque jamás ha vivido como yo. Era feliz, no veía que era tan feo la vida sin Dios. Ingresé a la universidad nacional de San Marcos, mis padres me pidieron que no lo haga, ellos querían que yo estudie en la UPeU. No acepté pues me parecía que ya estaban queriendo controlar mi vida. Llegué en ese tiempo a odiar al pastor pues él insistía en que mis padres debían enviarme a la UPeU y que yo como hija solo debía obedecer.
En mi primer año de universidad en la San Marcos quedé embarazada. El joven me trató peor que a un animal. Me dijo que él no lo reconocería y que si yo lo quería tener bien, y si no, era mejor para mí. Lloré mucho. Como no tenía cara para ir a casa con ese problema, decidí escapar se casa e ir a vivir al cuarto de aquél chico. Él me dijo que si yo abortaba podíamos vivir mejor y juntos.
Mis padres y hermanos de iglesia no lo podían creer. El primer día viviendo junto al chico que amaba fue triste. Vino borracho y me golpeó. Y allí comenzó mi triste vida hasta hoy. Casi todos los días me golpeaba. Me engañó con cuantas mujeres pudo. No me dejaba salir a ningún lugar. Ni con él ni con nadie. No estudié más. En el cuarto me quedaba todo el día y la noche. Mi vida era un calvario.
Tres años viví así hasta que un día me escapé para ir con otro chico que dijo que me amaba y me aceptaba con todo mi pasado. Como no tenía a dónde ir me fui con él ya que me ofrecía amor, seguridad y libertad. Le creí y de eso solo vi dos semanas. Él era peor que el anterior. Él me hacía trabajar en su tía y el dinero se lo quedaba para ahorrarlo supuestamente. Me golpeaba y humillaba todos los días...
Me cansé de esa vida y después de un año fui a vivir con unas amigas. Hoy vivo "libre" hace un año. Tengo 22 años con una niña de un año y no tengo profesión, trabajo fijo y sin un perro que me ladre.
Cada vez que me levanto me acuerdo de mis padres y los cultos familiares. Cada viernes a la puesta del sol me pongo a llorar por la triste vida lejos de Dios. Tengo vergüenza de volver a mi casa. Sé que nada será igual. Sé que Dios me ama y me perdona pero yo no puedo perdonarme. He hecho cosas muy feas. He hecho cosas terribles que jamás podría perdonar.
Cada vez que miro a mi hijita puedo entender que lo único bueno que tengo habiendo vivido lejos de Dios es ella. Yo imaginé casarme de blanco con un joven cristiano y eso jamás podrá ser.
Amigo Heyssen, ora por mí. Ora para que yo pueda regresar de donde nunca debí salir. No tengo fuerzas, tengo miedo, tengo vergüenza.
Chau".
Lejos de Dios nada bueno conseguirás. Nadie puede ser feliz nadando en aguas turbias después de haber nadado en aguas cristalinas.
Hay tantos jóvenes que piensan que el mundo es lindo. No lo es.

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

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